Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Sentimiento grupal y autoridad. (Artículo)

28 de abril de 2015

Sentimiento grupal y autoridad. (Artículo)


 
El grupo sin personalidad
 La semana pasada vi un documental que me llamó especialmente la atención porque no hacía sino corroborar ciertas aversiones que ya tenía. ¡Y qué lista te sientes cuando se confirman tus ideas previas, jeje! Quizá ya todos conozcan lo que se llamó la Tercera Ola y yo vaya a contar perogrulladas. Pero no importa.  Ayer estuve desde las cinco de la tarde hasta las diez sin levantarme del sitio (algo intensa que es la niña), investigando sobre el tema, y quiero escribir un poquito sobre ello.

    Y el interés me entró porque mientras veía el documental me acordé de una conversación que mantuve hace años con un profesor, militante activo de un partido de izquierdas, sobre religión.  Yo no podía entender que fuera a misa con frecuencia y que,  encima,  le gustara. Su explicación me dejó estupefacta (más bien espantada). Me contó que lo que le gustaba de las misas era el sentimiento de grupo y de comunión  que se establecía entre todos los asistentes.  En la misa, el hecho de que todos recitaran, se sentaran y se levantaran al unísono le producía seguridad y satisfacción porque los rituales que todos los fieles seguían le infundían emoción. Allí se sentía muy acompañado porque era parte integrante de un grupo y,  en ese momento, éste tenía más fuerza que ninguna  otra cosa. Evidentemente, luego establecimos un debate en el que intenté mostrarle mi visión de los grupos y los peligros que pueden entrañar; evidentemente también, no le convencí. Si es que luego me digo que para que me meto en berenjenales con nadie, si a nadie persuado; en vez de quedarme tranquilita con mi rollo y dejar a los demás con el suyo. De todos modos estoy trabajando en ello y voy progresando adecuadamente.

      Como dije antes, el recuerdo hacia  él me vino mientras veía el documental sobre la Tercera Ola. Como seguramente sabrán   éste fue un experimento que se desarrolló en una clase de historia, en América, durante los años 60. Un profesor muy carismático y activo en sus enseñanzas, Ron Jones, ante la pregunta de un alumno de que cómo había sido posible que, durante la Segunda Guerra Mundial,  los ciudadanos alemanes hubieran sido cómplices del holocausto judío ideó una situación de aprendizaje –sí, esa cosa que nos ha metido nuestra Santa Consejería ya estos espabilados americanos las practicaban en los sesenta y con resultados fantásticos- para enseñarles a sus alumnos como, con estrategias correctas, se podía inducir a la obediencia perversa del grupo y como se podía llegar a aceptar el totalitarismo con una entrega total. El experimento duró solo cinco días y es lo que me extraña, que en tan poco tiempo, estos alumnos demostraran una aplicación tal que no sé si nuestros alumnos canarios lo lograrían en cinco meses. Vamos a creer en esta duración. 

      El primer día ya el aula estaba diferente, los pupitres bien alineados, sin cuadros en las paredes y el profesor muy serio. Comenzó elogiando las maravillas de la disciplina; los obligó a sentarse de una determinada manera y eran corregidos severamente si fallaban; les exigió  que se dirigieran a él llamándolo “señor”; que se pusieran de pie y dieran un paso al lado para hablarle; que practicaran la entrada y salida eficiente y rápida de la clase (ya me gustaría a mí en las mías). Los alumnos respondieron de fábula a este cambio.  

      El segundo día inventó consignas (más o menos, perdonando la traducción: “Fuerza a través de la disciplina”; “Fuerza a través de la comunidad” o “Fuerza a través de la acción”); contó  historias para reforzar la unión del grupo e ideó un saludo propio para que todos los miembros se reconocieran entre sí. Parece ser que esto ya estaba trascendiendo  y alumnos nuevos se sumaron a la clase (menos mal que en nuestras aulas esto es imposible, sino moriríamos de éxito). También parece ser que el rendimiento de los alumnos aumentó y los más apáticos se convirtieron en diligentes alumnos. No obstante, y lo siento por el tufillo que despide la información siguiente, una alumna se quejó de esta rígida disciplina y fue expulsada a la biblioteca; el mismo día colocó carteles alertando de la Tercera Ola pero otros estudiantes los quitaban. 

      El tercer día, vamos avanzando, se implantó un carnet de ingreso, rituales de iniciación y cundió la alerta sobre la necesidad de vigilar a los demás para que respetaran las normas. Pronto comenzaron las delaciones, algunos juicios públicos con la consiguiente expulsión a la biblioteca y cambio de actitudes (lo más aislados se integraron bien y los más activos andaban  confusos). 

     Al cuarto día el profesor  encontró todavía más alumnos en su clase, callados y expectantes a su discurso y les habló del sentimiento de orgullo  nacional y de crear la mejor nación del mundo: ¿les suena?. Los alumnos estaban entusiasmados, dispuestos a emprender las acciones necesarias  y anunciaron que el movimiento se estaba extendiendo a otros institutos. A estas alturas ya hasta algunos alumnos se habían constituido, voluntariamente, en  guardaespaldas del profesor. 

      El día cinco sería el gran día. Se celebraría una asamblea en la que se iba a proclamar al líder que traería el nuevo orden social y político. Al profesor –cuya situación de aprendizaje ya se le había escapado de las manos: aprendamos, pues, lo que nos interese- le  esperaban ansiosos los alumnos. Había como 200 y los saludó con las consignas estipuladas  y encendió un televisor en el que  debía aparecer la imagen del nuevo líder. Tras esperar un rato, y como sólo se veía la imagen en blanco, se produjo en incómodo silencio. Los alumnos esperaban pero no aparecía nadie  en la pantalla. Finalmente, se proyectó en el vídeo imágenes de Hitler y del genocidio judío. El profesor Jones, antes había tomado la palabra y les había dicho que no existía ningún líder y que habían demostrado que no eran mejores que los nazis alemanes. Tras esto, algunos alumnos se echaron a llorar y otros se fueron desilusionados. Por cierto, el profesor fue expulsado de ese Centro algunos años más tarde y abandonó la docencia. Ya le vale.  Parece que se dedicó luego a trabajar con discapacitados. 

     Bien, no se puede comparar una misa con las masas que abrazaban el nazismo con tanto fanatismo. Mi aversión a la religión no me conduce a esos  extremos  ciegos, por lo menos con este ejemplo. Es solamente una comparación para  introducir los peligros que entrañan la pertenencia  a grupos cuando estos anulan nuestro sentido crítico. Lo más grave es que esto no se produce solo en las circunstancias que se relatan en este experimento. Se puede ver en la vida cotidiana; se puede ver en grupos de amigos; en asociaciones de vecinos; en los grupos  del tiro a la petanca o del juego al boliche; en los claustros de profesores en los que todos nos callamos y acatamos las "tontás" transmitidas  por  los equipos directivos por miedo a ser el rarito o el incordio que siempre está protestando.

      Sobre esto seguiré exponiendo más ideas en los próximos artículos.  De cómo la disensión produce estrés y lo cómodo que es seguir al grupo y la disciplina irracional sin cuestionarte  nada más.  Porque la disciplina en sí –en cuanto ejercicio de respeto a los deberes y derechos en una sociedad democrática o en el ejercicio de la voluntad- no me parece mala, sí es perversa la que no tiene sentido o la que nos  conduce a un solo pensamiento.




Este artículo (o reflexión) se complementa con este:

Poder del grupo








2 comentarios:

  1. Si lo he entendido bien te has referido a un documental que viste??? Yo les he puesto a los alumnos la película "la ola" que trata este tema. Comparto lo que dices.

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  2. Sí, se me despertó la curiosidad sobre ese tema a partir de un documental que vi la semana pasada. Se basaba en una obra de teatro que recientemente habían estrenado. Muchas gracias por comentar.

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