Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: El señor Escéptico (Relato/Reflexión)

21 de mayo de 2015

El señor Escéptico (Relato/Reflexión)

Percepciones erróneas

Entré en tratos con don Escéptico hace bastante tiempo.  Fue después de conocer a don Ingenuo. Me alejé de éste porque cuando hablaba con él me sorprendía cómo podía creer de manera tan acrítica en todo lo que le decían los demás y repetirlo como si fueran ideas propias. Lo mismo me adivinaba el carácter, ¡incluso el futuro inmediato!, que yo debía tener por haber nacido en febrero, como me decía que me encomendara a Dios si tenía problemas o si estaba enferma porque él todo lo podía;  o me recomendaba que me tomara unos orgánulos de homeopatía que me curarían pronto y apenas me harían daño; o me pedía resignación si fracasaba en algo porque "como eso no estaba para mí, no estaba en mi destino, no tenía de qué preocuparme "; o me daba la vara todas las Navidades para que comprara lotería,  no sea que se enriquecieran los demás -sólo los demás de mi trabajo; todos los demás de los otros trabajos no importaba.
 
A mí don Ingenuo no me caía mal, hasta era agradable, pero no me convencía demasiado y por eso preferí iniciar una amistad con don Escéptico, a ver qué me contaba. De éste, quizá por su nombre, se podría pensar que era un señor gris, desliñado, flaco y mal encarado. Pero yo nunca lo vi así. Todo lo contrario, aunque era un prevenido intelectual, tenía la lágrima fácil y la risa floja; iba bien vestido y le gustaban las buenas maneras, como a la mayoría de la gente cuando no está enfadada. Y no le gustaba nada el refrán “Piensa mal y acertarás” como tampoco “Más vale malo conocido  que bueno por conocer”. 

Un día lo vi apesadumbrado. Había gente que no entendía su manera de ver las cosas, que incluso hasta lo criticaba porque veía su actitud mental muy negativa; que si era muy racional, muy cortarrollo, un descreído de todo, un amargado,... Estaba tan meditabundo que le aconsejé que hiciera lo de siempre; qué buscara qué era el escepticismo para que clarificara su postura y, si realmente se identificaba con ella, pues bien; y si no, también; lo importante es que lo tuviera claro y lo asumiera. Así conseguí que se fuera tranquilo y estuve sin verlo unos días. Cuando ya temía que hubiera sido engullido por los libros o por las páginas web, me lo encontré paseando por la plaza. Logré conducirlo hasta dentro de una cafetería y esto fue lo que me dijo:

—En primer lugar, hemos de tener claro que el escepticismo se puede usar de varias maneras: como corriente filosófica de la Antigüedad o como teoría que ha ido evolucionando a través de la historia de la mano de filósofos que le han añadido sus propias peculiaridades. Incluso, en la actualidad, puede referirse a una actitud vital o del conocimiento ante fenómenos que son puestos en duda. 

-De acuerdo, el  término no es tan fácil de despachar entonces –le comenté ante su introducción para alentarlo a que continuara.

-Sí, no es tan sencillo.  Primero, la palabra procede del griego " Skeptikoi" que significa investigación, duda o indagación. Segundo, como corriente filosófica, se inicia con Pirrón de Elis (360 a 270 a. C) y  la teoría plantea  que en relación al conocimiento no podemos aceptar nada con seguridad, por lo que no se debe establecer ninguna cosa como verdad firme. De ahí que piense que la mejor actitud sería  la suspensión del juicio, lo que se llama “epojé”.  Los seguidores de Pirrón no creían en verdades dogmáticas y pensaban que todo era subjetivo. Nada era bueno o malo; verdadero o falso. Como ya te dije, el escepticismo evoluciona a lo largo de historia, va teniendo sus defensores y cada uno le añade su matiz. Yo te lo he simplificado mucho para no aburrirte, porque es muy largo. Y si quieres informarte bien, hay un montón de webs que te informarán tan detallado como busques.

-Ajá, así está bien. Tampoco me des la clase de filosofía completa. Sólo quiero saber si tú también crees eso, qué todo es subjetivo y qué es imposible alcanzar el conocimiento.

- No, yo no  soy tan radical. Lo mío es una versión modernizada del escepticismo, más como actitud vital que como seguidor de alguna teoría filosófica. Ni creo que todo sea subjetivo ni  dudo de los conocimientos que ya han sido demostrados o hay evidencia de que existen. Las percepciones sobre la realidad, los intereses de cada cual o las creencias sí creo que son subjetivas pero la existencia de la realidad en sí, con todo lo que la conforma,  es objetiva e independiente del ser humano, por mucho que aquélla sea siempre captada por un persona que es la que piensa en ella y contribuye mentalmente a crearla, por lo que siempre mantiene una relación subjetiva con lo que hay fuera de sí mismo. De la misma manera que sostengo  que se da  una realidad independiente de quien la piense –aunque no tenga absoluta seguridad de ello, pues sólo capto lo que percibo y no sé hasta qué punto es tan exacto a lo que hay fuera de mi mente-. También  hay cosas que son pensadas y no existen aunque deseemos que lo sean –de eso sí estoy más seguro-. Mis deseos no convierten en existentes realidades imposibles.  Un lío, vaya.

-Desde luego que sí. La relación entre pensamiento y realidad parece farragosa  y ése no era el tema que había que buscar –le objeté.

- Cierto, pero una cosa me lleva  a la otra. Aunque yo no quería enredarme en eso.  Lo que sí tengo claro ahora es que no soy un escéptico radical.   Ser un escéptico en todos los ámbitos es imposible; hay certezas y conocimientos ya probados  que dudar de ellos sólo retrasaría el avance y supondría estar girando sobre los mismos temas continuamente. Lo que no se puede hacer es negar las certezas objetivas que ya han sido obtenidas. 

Así me explicó el señor Escéptico como profesaba esta actitud de manera vital ante hechos, intereses, modas, pensamientos, tendencias que muchos aceptaban sin más. Él prefería mantener en suspenso muchas credulidades que muchos otros aceptaban sin mayor cuestionamiento. Don Escéptico, entre otras cosas, ponía en duda la existencia de Dios y sus milagros; las apariciones paranormales, el espiritismo o la brujería;  la homeopatía, la astrología, los ovnis y las predicciones  de Nostradamus; desconfiaba de los avisos del fin del mundo; de la gente ingenua que metía a toda una población en el mismo saco mediante una generalización precipitada del tipo "ah, tú debes ser aragonesa, porque todos lo de Aragón son..." . 

- Por qué dudas de todo lo que acabas de nombrar? -le pregunté interesada, aunque temía que se extendiera demasiado y perdiera yo el hilo.

-Bueno, cada asunto que he nombrado requiere un análisis particular y se debe hacer poco a poco. Por ahora sólo te diré, como introducción, que ninguno de estos temas parece que haya podido ser demostrado de ninguna manera. No hay en la realidad referentes que sea representado por estos conceptos. El caso de Dios es el más complejo porque se mezclan discursos y realidades abstractas con físicas. Se oscila continuamente entre una realidad inmaterial, espiritual, y otra material cuando así interesa. Quien busca demostrar su existencia parte de hipótesis, presupuestos no demostrados, que inmediatamente convierte en axiomas indiscutibles que establece a  priori; es decir, se pasa de presupuestos hipotéticos como"debe de existir un ser omnipotente que haya creado a un ser humano indefenso y mortal necesitado de alguien superior que le guíe" o "estamos aquí para algo y no es posible que desaparezcamos como otra especie más" a esta otra conclusión: "Dios existe". Y si no lo ves, ni lo vas a ver nunca, no importa; es alguien inmaterial, espiritual, sin presencia física porque está en todos.   Y como lo inexistente es imposible de demostrar si, encima, le adjudicamos una existencia abstracta, pues ya está: cómo no va a existir Dios. Pero claro, su trascendencia o su importancia sí será material porque afectará al vivir de la gente. De este modo pasa el ser humano a objetivar sus deseos subjetivos: aspiro a que exista alguien superior a mí que me guíe y me proteja, pues existe. Claro que sí. Y sin mayor cuestionamiento de porqué este Dios sabe tan poco de geografía humana, que tiene tan abandonados a quienes más creen en Él: los pobres de Asia, África, Sudamérica,... Luego, ¿crees tú que si yo me voy a enfermar me va a ayudar si tiene al Mundo manga por hombro? Que atienda cosas más graves.

- Ya, ya veo que el tema de Dios te toca fuerte. Si quieres, profundizas más en él  otro día.   

- Sí, sí, lo siento; es un tema que me afecta y que no puedo mantenerme al margen. Si las creencias religiosas permanecieran en el ámbito privado o si no tuvieran ninguna repercusión social me quedaba con la boca callada. 

De mi  amigo Escéptico también aprendí  que uno no debía quedarse sólo en la duda como si ésta fuera una poltrona de la que no se pudiera levantar nunca, como una actitud vital pesimista y negacionista. Él sabía que  no era un amargado, se consideraba sólo un  prudente. Si algunas personas sólo le echaban una sola ojeada a  determinados temas, él intentaba echarle dos, como mínimo. 

- Pero eso no significa que me considere más inteligente que nadie; en los test de inteligencia el pensamiento crítico no aparece como pregunta. Sencillamente, quiero pensar por mi cuenta. No quiero que las noticias me las interpreten, ya eso sé hacerlo.  Tampoco pienso que los ingenuos sean cortos de inteligencia; sencillamente, no le prestan atención suficiente a estos temas. Son más crédulos y, en muchos casos  necesitan serlo, para no perder seguridades.  El cerebro, por inercia, tiende a ser confiado. Quizá necesite su energía para otros asuntos. Yo lo gasto en esto, en cambio.  

-Y que sepas querido amigo, que yo rechazo la duda paralizante y, al igual que Descartes, sólo la concibo metodológica; como  punto de partida para ver que se resiste a ella- continuó argumentando mi señor Escéptico- .  Aunque no llegue a las  mismas conclusiones cartesianas y no porque éstas sean o no  erróneas sino porque estamos en otros tiempos, con otros intereses y enfoques distintos. Puede que conciba que  el paso siguiente a la duda sea la investigación o la búsqueda y contrastación de la información. Y en este aspecto debemos  sentirnos muy afortunados porque nunca en otro tiempo lo hemos tenido tan fácil el acceso a tantas fuentes de información  a sólo un  golpe de dedo. Por lo que  mientras mantengo mi  duda,  investigo, para ver si hay algo de cierto en las creencias, movimientos ideológicos, opiniones o, incluso,   tendencias alimentarias o de salud que sigue la gente.

-  Claro, esa actitud de duda que tienes ante muchos temas es lo que hace que algunas personas te tachen de frío o excesivamente racional –aventuré, volviendo otra vez al punto de partida. 

- Ya, ya lo sé. Pero que le exija a las doctrinas u opiniones  un  criterio racional  o pruebas materiales no significa que yo sea  insensible o calculador. Sé distinguir entre  la poesía y  la ciencia y adaptar mi actitud, sin proponérmelo, al saber correspondiente: ante un poema o una obra literaria me emociono; pero a otros  conocimientos que buscan ser aceptados por todos les exijo rigor científico. Yo sé que el enamoramiento  es fruto de la intervención, en nuestro cerebro, de hormonas, moléculas y  neurotransmisores pero esto no me impide estar noches sin dormir por los arrebatos de la pasión. Que sepa cómo  se producen las cosas no elimina mi  goce de ellas.

- Te voy entiendo. Saber cómo se cocina un pastel de chocolate no significa que no disfrute de él cuando me lo vaya a comer. 

- Efectivamente. Y por último, para acabar, quiero hacer el último alegato a favor del  escepticismo. Ya sabemos que  es contrario al pensamiento mágico que nos lleva a abrazar ideas sin base ninguna. Y el ser humano tiende mucho a ese pensamiento  mágico. Y éste tiene tanto una vertiente buena como otra mala; buena, porque es la que nos permite, por ejemplo, conmovernos ante las desgracias de Bambi o de Dumbo y mala porque lleva a cubrir de  intenciones malvadas, cual satán de alma negra, al vecino que nos moja, por descuido, el balcón.  Y, por supuesto, no tiene nada que ver con el  inmovilismo o involución. Más bien es todo lo contrario.  Me refiero a la actitud escéptica. Pues, si no hubiera surgido un pensador, allá por el siglo VI antes de Cristo que desconfiara de que los mitos dieran respuesta a todo cuanto se preguntara el ser humano no hubiera surgido la ciencia, la filosofía, los distintos saberes. Si no existieran  escépticos que se cuestionen las ocurrencias que le van surgiendo oportunamente a cualquiera con algo de poder, seguiríamos a pies juntillas las visiones más peregrinas.

- ¿Conclusión, entonces? ¿Te sigues considerando un escéptico?

- Sí, por supuesto. Es sano, es útil, es clarificador, coloca a las cosas en su término medio, es una vacuna contra los fanatismos; pero siempre con los límites que te he nombrado.

©Ángeles Impíos





6 comentarios:

  1. Lo acabo de leer. Y lo volveré a leer de nuevo. Estoy de acuerdo,en casi todo lo que dice ese señor que nos prersentas. Muy bien argumentado todo el relato,Ángeles.
    Como ves,( ahora que tengo más tiempo )sigo dando vueltas por tu blog.
    Un abrazo
    Miguel Zoraquiain

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Miguel, encantada de que dediques tiempo al blog. ¿Te has jubilado, o qué? No sé si esto es un relato o una reflexión filosófica camuflada. Ya no las hago, estoy menos reivindicativa y más dedicada a la narrativa y a la fotografía.
      Un abrazo y a disfrutar del tiempo libre.

      Eliminar
    2. Sí, me jubilé en enero.Y no te puedes aginar lo que cunde, jejeje.
      Estoy en estos momento con un diccionario en la mano(J.Ferreter y Mora ), porque me ha chocado mucho tus definiciones del escepticismo",aquí pone " el que mira o examina cuidadosamente ",me parece muy acertada ¿ no te parece ?.
      A raiz de tu recomendación de Aristóteles, mejor que Platón. estoy empezando a leer una historia general de su obra. Ya te contaré.
      Bueno, no te canso más.
      un saludo

      Eliminar
    3. Qué suerte, yo deseando jubilarme también para tener tiempo libre, aunque eso tenga una contrapartida. El significado que encontraste es una variante. A mí me gusta esta de la RAE:
      1. m. Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo.
      2. m. Fil. Doctrina de ciertos filósofos antiguos y modernos que consiste en afirmar que la verdad no existe, o que, si existe, el hombre es incapaz de conocerla.
      Se adecúa más a la intención que yo tenía, porque esa definición que pones la conozco, pero la veo más confusa.
      Un abrazo, Miguel.

      Eliminar
    4. La contrapartida es importante( acabas muy quemado por el trabajo ), por eso he querido hacerlo con antelación.Nunca he dado consejos a nadie, pero sobre la jubilació, cuando antes puedas, hazlo.
      Por lo demás, es una pena que no publicas más reflexiones con / sin sentido...
      Bueno, Ángeles, ha sido un placer dialogar contigo.Yo, seguiré por aquí de okupa,jeje.
      Un saludo, y nos vemos por el Face.
      Miguel Zoraquiain

      Eliminar
    5. Te comprendo, porque yo estoy quemadísima. Si puedo, y me dejan, me jubilaré con sesenta, dentro de seis años. No veo la hora que llegue.
      La verdad es que abandoné las reflexiones. Sin embargo, tengo notas guardadas sobre varios temas, pero fui absorbida por la parte más creativa y, como tampoco tengo mucho tiempo, debo priorizar lo que más me gusta. Las reseñas también las estoy dejando (aunque sigo leyendo). Me imagino que me quedaré con los relatos y las fotos porque no soy para más por ahora.
      Buenas noches, Miguel. Nos seguimos por face.

      Eliminar