Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Nuestras amigas las falacias. (Artículo)

26 de mayo de 2015

Nuestras amigas las falacias. (Artículo)



Falacia ad hominem


Hay dos falacias muy populares que se dejan ver por todos lados continuamente. Cada día acuden tanto a las reuniones sociales como a las de trabajo. Sin ir más lejos, estos días de campaña electoral los políticos no han podido vivir sin ellas y, como no se resistían a dar sus discursos sin que les echaran una mano, frecuentemente pedían su auxilio.

Como siempre, es conveniente primero clarificar los términos porque en este maremágnum de palabras a veces no tenemos claro su significado. En primer lugar,  hay que destacar que falacia no es, en rigor, lo mismo que una mentira, pese a que nuestros señores políticos, sus comentaristas asociados y otros más así lo crean. Una falacia es un razonamiento erróneo, a veces,  incluso,  sin mala intención.  Cuando la falacia tiene una intención aviesa ya es un sofisma.
Falacia y mentira son palabras femeninas.  Menos mal que también lo son la verdad,  la honestidad y la sinceridad; y  muchos otros sustantivos abstractos. Sino, qué mosqueo con el lenguaje; más del que ya tengo. 

Hay varios tipos de falacias y la solemos usar con mucha frecuencia cuando intentamos defender nuestras razones. Algunas son tan sofisticadas que, como nos cojan en el momento en el que el cerebro se puso a holgazanear, nos llevan al huerto sin miramiento ninguno.

Es imposible analizarlas todas,  aunque son muy interesantes y digno de hacerse porque nos puede ayudar a clarificar nuestro pensamiento. A mí por lo menos me ayuda. Quizá poco a poco las vaya exponiendo. Así caigo en la cuenta de los errores que no debo cometer.

Hoy voy a comentar la falacia ad hominen y la ad populum. Suelen ir muy unidas y se suelen ayudar mutuamente,  cuando las cosas en el pensar se están complicando. 

 La falacia ad hominem es muy conocida.  ¿Quién no ha echado mano de ella cuando tenemos delante a un interlocutor empecinado que no se deja convencer por nuestros fantásticos  argumentos? Y encima el obstinado nos ha dejado sin ideas nuevas y él sigue como Don Erre que Erre, igualito que Paco Martínez Soria, aunque sin su gracia, que yo debo ser algo rarita porque se la veía bastante. Esta señora, más bien señorona, ha abundado mucho estos días.  Y ésta era –sí, ésta, ésta, la muy…- la que  me dejaba echaba polvo cuando,  en mi juventud,  me daba el aire de expresar opiniones contrarias a los demás. Siempre había alguien exasperado que se armaba de ella y me la arrojaba.  Bueno,  en este caso,  su amiguita Ad populum venía a ayudarla. Debo confesar, ahora que desnudo mi alma y estamos en confianza, que tampoco yo estoy libre de pecado; debí de haberla usado muchas veces. Pero como en estos momentos  estoy aspirando a la santidad en mi cielo particular, pretendo rehuirla. Bien, ¿y en qué consiste?

Les voy a poner varios ejemplos, extraídas de la reciente campaña electoral y seguro que la reconoceremos enseguida. En algunas oraciones sólo está la primera; en otras las dos.

"“No podemos permitir que nos gobierne un avispero de partidos a los que solo les une el odio a España y las ganas de echarnos del Gobierno y del Ayuntamiento”. Esta perla la dijo Enrique Maya ( UPN – Pamplona).

"Algunos quieren que me  fusilen al amanecer". Ésta otra es de Esperanza Aguirre (PP- Madrid)

"Deberíamos reflexionar que Madrid quiera una alcaldesa que quiera romper el sistema"· Esperanza Aguirre a las 18:55 en directo del día 26 de mayo. Ahora mismito mientras escribo: "Manuela Carmena quiere utilizar  la alcaldía de Madrid como trampolín para romper el sistema democrático y occidental" . ¡!

"La estabilidad no va  a venir de pactos de perdedores amargados o resentidos!”. Y esta  oración maravillosa es de Rita Barberá (PP-Valencia).

Y casi del otro lado, para que no se me vea tendenciosa, escribió en su perfil de Facebook este educado caballero, que no sé si se merece el don, Jesús Díaz, jefe de área de la Diputación de Huelva y  ex secretario local del PSOE de Moguer:  "Soraya, con su carita de zorra, no es más que una mala perra casposa, sucia y ratera", refiriéndose a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría. Menos mal que el individuo en cuestión ya dejó la militancia en el partido. Pienso que independientemente de las opiniones que tengamos de esta señora, o de su ideología o de su política, no deberían mezclarse éstas con otros adjetivos que tienden más a valorarla en ámbitos más privados de su vida. Y que no es cuestión de que siempre se insulte a la mujer que se dedican a la vida pública actual con las mismas acepciones de cuando eran mujeres “públicas” recurriendo a los despreciables adjetivos de zorra o perra. Y, sobre todo, si viene de alguien que ocupa un cargo político.

¿En qué consiste entonces la falacia ad hominem? Pues en eso; en vez de oponer argumentos o ideas insultamos, desacreditamos o ponemos en duda a la persona que está hablando. La falacia adquiere la forma directa si vamos a saco  contra el otro;  porque, como es imbécil, de poca credibilidad o  de derechas  (o de izquierdas) no se entera un carajo de nada. Como parece que dijo Elbert Hubbard (un filósofo y artista americano del que yo no tenía ni idea): "Si no puedes responder al argumento del adversario, no está todo perdido: puedes insultarle".  Y se viste de manera indirecta, más sibilina, cuando no descalificas directamente al otro, sino todas las circunstancias que rodean a lo que está afirmando; puede que hasta en plan comprensivo, intentado empatizar con él y todo. En este caso se supone que hay hechos o intenciones no demasiado claros  que inclinan al individuo a pensar de esa manera; por eso es por lo que no puede discurrir  con objetividad. Un ejemplo sería si decimos "claro,  comprendo que pienses así,  como es tu mejor amiga la que... "; " Pobre, dices eso, porque como estás tan afectado por lo que te pasó...". También es indirecta cuando en vez de argumentar lo afirmado por alguien, como le presuponemos ya mala fe, contratacamos con "Tú no puedes pensar de otro modo,  si tu padre es el jefe.  Para que voy a razonar contigo si siempre lo verás distinto". Confieso mi culpabilidad: me he dejado llevar por este tipo de falacia y, como dije antes, desde que soy más sabia, y me he enterado de que existe, prometo mi más sincera enmienda.

¿Y cuándo aseveramos: "No puede ser que esta película sea tan horrible si la han visto millones de personas?; o, "Esta ensaladilla es imposible que esté tan mala, porque ya la han comido un montón de clientes y nadie ha protestado"; esta otra, "¿Cómo puedes afirmar que Dios no existe, cuando la mayor parte de las personas creen en él? ; además,  en algo hay que creer". "Si tú crees que esta técnica milenaria es falsa es como si insultaras a toda la humanidad o los llamaras idiotas en su cara".  "Esto es así, porque lo marca la tradición";  "Toda España me está pidiendo...". Uff, cuántos ejemplos de falacias ad populum. Agotadores. En este caso, ha quedado claro que recurrimos a los demás para dar fuerza a nuestros argumentos, porque nuestras razones son débiles. Se apoya en “todos lo hacen”, “a todos les parece bien, o mal”. Ni siquiera parece importar si esas fuentes, ese todo, están bien informados. También es ad populum cuando se juega con las emociones del auditorio. "Si gana este  partido las elecciones, España se empobrecerá, nos iremos a la bancarrota y muchos niños se quedarán sin techo". Acabamos ya en la apoteosis del ad populum,  con nuestro auditorio sobrecogido, imaginándose el panorama más desolador posible y todos los niños tirados por los suelos.

Las dos mezcladas pueden  ser peligrosas porque contaminan el discurso de veneno. Desgraciadamente, hay gente, a quien la pasión le nubla tanto el entendimiento que pasan directamente de odiar o rebatir unas ideas a despreciar  y rechazar al emisor de esas ideas y se emocionan tanto que se llenan de adjetivos y sustantivos grandilocuentes. El problema es que ninguna tendencia política parece libre de estos vicios. Puede que vaya más con la persona,  quiero pensar. Es verdad que la ideología  marca  la trayectoria vital del individuo y, si tiene mucha influencia, imponérsela a los demás; pero, sí rechazamos a las personas -públicamente- al final estamos cayendo en las actitudes dictatoriales y anti tolerantes que, todos, de boca para fuera, despreciamos. En esto sí coincido con lo que expresó Fernando Savater -y lo cito no para presumir, sino para no adjudicarme autorías- que si bien las opiniones  de las personas no son todas válidas ni respetables y nuestro deber sería rebatir las más disparatadas sí deben, en cambio, considerarse válidas las personas; por lo menos lo son  en principio. Esto lo matizo yo, porque hay quien ni es respetable ni en principio y menos en su final; por suerte son menos.  El problema también es cuando la gente en sus insultos y desprecios hacia las personas que mantienen ideas  contrarias se   alían por grupos: "Estos que comparten mis ideas, son los buenos; TODOS buenos"; aquéllos contrarios a mi modo de pensar, al paredón". De esto, a salir de noche a fusilar al contrario sólo falta el clima propicio.

Falacia ad populum

©Ángeles Impíos



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2 comentarios:

  1. Ángeles, soy Jabu. Has tocado lo esencial del debate político, lo que, por sí solo, hace de tu escrito algo muy útil.

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  2. Gracias, Jabu, realmente, más que propiciar un debate político deseaba destacar esas dos falacias tan habituales en nuestra realidad cotidiana. Pero me satisface que le hayas visto ese punto político. Un abrazo.

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