Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Así empieza lo malo, de Javier Marías. (Crítica)

26 de junio de 2015

Así empieza lo malo, de Javier Marías. (Crítica)



Reseña de Así empieza lo malo, de Javier Marías
Antes de entrar de lleno a destripar el libro (con cariño, je, je) ubico al autor, aunque es de sobras conocido, porque es uno de los grandes de nuestra literatura actual. Simplificando mucho, debemos saber que nació en 1951, su padre fue el filósofo y académico Julián Marías y su madre, Dolores Franco, una escritora (la desconozco). Asimismo fue sobrino y primo, respectivamente,  de  los cineastas Jesús y Ricardo Franco. El primero, director, de los raros,  de más de doscientas  películas y el segundo de la Buena Estrella. Pasó su niñez en EEUU y, cuando se le volvieron a abrir las puertas a su padre en España, regresó  y estudió en la Complutense Filología inglesa, luego debe conocer el uso de las comas mucho más que yo. Desde  1970, año de publicación de su primera novela, no ha cesado de escribir artículos, relatos, ensayos, traducciones, libro infantil y, por supuesto, novelas. Es académico  y ocupa el sillón de la R. Ha recibido más de 20 veinte premios, alguno de ellos rechazó; su obra ha sido traducida a más de 40 idiomas y publicada en otros tantos países. ¿Y cómo oso yo, vulgar mortal, atreverme a criticar su novela? ¿Qué la ignorancia es atrevida? Puede ser.

    Temo que me estoy creando una imagen de tremenda desabrida. Apenas he escrito comentarios entusiastas de los libros que he nombrado en el blog. Y para no romper mi trayectoria, lamentablemente, de éste tampoco. Pero maticemos. Había partes que me agradaban,  me zambullían en su lectura y, eso es lo bueno de leer, me olvidaba hasta de dónde me encontraba; pero, oh, hasta  que de pronto me daba cuenta de que llevaba rato pensando en una nueva historia para mi blog, o se me estaba ocurriendo frases o argumentos que completaban la idea que me venía  obsesionando desde la mañana, y tenía que volver atrás, con esforzada voluntad. Cuando el autor se centraba en la narración todo perfecto; cuando le daba por divagar o por hacer sus  parlamentos psicológicos –o sociológicos- , o se enfrascaba en sus digresiones más o menos próximas a lo que estaba contando, ya yo me había perdido. A esto ayudaba especialmente la construcción de sus párrafos, larguísimos, y su puntuación, sobreabundante en comas. Pero la puntuación merece una atención aparte. Yo aprendí que aquéllas se usaban para enumerar,  para incisos, para aclarar el sentido de algunas frases  y para algunos usos más que marca la RAE (aunque no soy filóloga y cometo errores); sin embargo,  este hombre las usaba, o eso parecía,  como le salía de sus mismísimos … También puede ser que sepa más de su utilización que yo, todo puede ser o, será que como es famoso, e innumerables premios le avalan, se adjudica licencias para comatizar a su antojo –no creo que exista este verbo, pero yo me lo doy porque yo lo valgo, y sin cremita de L´oreal.   Y me pregunto, ¿qué más le costaba poner un mísero puntito para una sentirse más a gusto con lo que estaba leyendo?  Las frases largas, si pone empeño, en bien del lector, se pueden acortar.  A no ser que sea deliberadamente farragoso para parecer más culto, más poético, más literario, más profundo, más alejado de las masas vulgares que no entienden esta exquisita literatura.

Antes dije, o quise decir,  que sus análisis anímicos o sociales eran muy prolijos. Había veces que me maravillaba por su gran penetración psicológica,  en la que pensaba que era un maestro insuperable en el reflejo de las intenciones o motivaciones, pasadas, presentes y futuras de los personajes; otras, en las que me admiraba  cómo le podía sacar tanto la punta al  lápiz, analizando evidencias sin que lo parecieran; y unas últimas, en las que lo vi como un majadero, a veces incluso corto de miras, cuando sentenciaba  generalidades  psicológicas, que no  deberían inducirse  por erróneas y precipitadas, en sus larguísimos párrafos.

Este es el argumento de la novela: en 1980, un joven, Juan de Vere, entra a trabajar a la casa de un director de cine, Eduardo Muriel, para ordenarle, clasificarle o traducirle textos. Se menciona el año varias veces porque se hace referencia a la Transición española y a que el divorcio todavía  no se había aprobado (por lo que los matrimonios estaban condenados a  convivir juntos pese a las desavenencias que pudieran producirse). En este caso así era. El director lleva años casado con una mujer, Beatriz Noguera, que califica como opulenta, hermosa, y nunca mejor dicho este adjetivo por el modo en el que describe a la señora.  Ahí, en el piso de ellos, se va sorprendiendo del trato al que somete el director a su mujer. La insulta frecuentemente tachándola  de pesada o de gorda, sin embargo, el joven de Vere dice para sus adentros que sólo está apetitosa, para comérsela. A él se le despierta la curiosidad sobre este extraño matrimonio, sobre ella en especial,   desde que la ve  una noche, con ligerísima ropa,  tocando en la puerta del marido. Éste la repudia y se nombra que ya llevaba muchos años rechazándola. ¿Y por qué? Esto es lo que quiere investigar Juan de Vere, secreto que, por supuesto, se desvela en las últimas 70 páginas  (el libro tiene 528) de esta novela tan espesa en las que, por fin, se convierte en una auténtica novela.

Hay una serie de personajes secundarios, unos reales, otros, ni idea, a los que Marías describe exhaustivamente. Así, por ejemplo, aparece el académico Francisco Rico del que me transmitió la impresión de que era un pedante, salido e insoportable (algún día analizaré por qué los hombres, algunos hombres que se creen inteligentes o intelectuales,  no se avergüenzan de mostrarse tan pretenciosos y creen que eso les suma encanto de cara a las mujeres, como si a nosotras nos hubiera arrojado Dios al mundo para escuchar arreboladas sus  conferencias  y, en agradecimiento, tengamos que concederles el polvo de nuestra vida, no la de ellos, porque están tan elevados que esa muda oyente sólo es una muesca más en su historial de polvos). Yo también… a ver si acorto las frases que no tengo el talento del señor Marías ni nunca lo tendré. Y se supone que lo estaba retratando con afecto, pues creo que son amigos. Hay otro secundario,   pero central en la obra, un médico pediatra- supongo que será ficticio-, que refleja lo peor de la gente oportunista, chantajista, aprovechada, que actuó con una doble moral en el franquismo y postfranquismo más inmediato.  Alguien que parecía que salvaba pero utilizaba en su provecho a los demás, sobre todo a las mujeres. Debido a su escasa honradez, y a rumores que le habían llegado a Eduardo Muriel  sobre ese ser despreciable,  le pide al joven de Vere que lo investigue. Lo que descubre confirma  la indignidad de este señor. Y esto fue un aspecto de la novela que me chocó mucho. A su mujer no solo no le perdona una mentira –que no está bien, pero no es de las más terribles que se puedan cometer- y la condena a ella y a sí mismo, lo que es peor, a una convivencia desgraciada durante  más de ocho años. Sin embargo, a este hombre, pediatra, le disculpa todo sus desmanes anteriores porque le ha salvado la vida a su mujer en su intentona de suicidio. Esta  actitud no pude comprenderla, bien por incapacidad propia,  o bien porque el autor, tan dilatado en otras explicaciones innecesarias,  ésta, por el contrario, la sobrevoló superficialmente.  La excusa, que me parece inmoral y perversa, es que  al médico  le perdona porque el daño no se lo causó a él; en cambio, ella sí. Es decir, si mi marido o mi hijo fueran violadores en serie, ¿yo no se lo tendría en cuenta porque a mí no me han hecho nada?  Me parece una visión muy miope del bien y del mal. Pese a todo, este protagonista, director de cine, es el  mejor caracterizado de toda la obra y el que parece que goza de más simpatía por parte del narrador. Se le describe  como un hombre intachable, cumplidor de sus compromisos y de una honestidad que ya no se lleva. No me cuadra, o es intencionado por el autor esa fractura en la moral de ese hombre a quien percibí de  una rigidez interesada, o se le fue el personaje de las manos, que tampoco Javier Marías es el dios de la cuadratura novelística. No obstante,  en una entrevista leí que el autor no quería inclinarse por ningún personaje  y  quería retratar su ambigüedad moral desde fuera. A mí me pareció que sí enfocaba  al director Muriel  con muy buena luz.  Respecto a la mujer, Beatriz Noguera, me costó comprender esa entrega amorosa, año tras año, repudio tras repudio, insulto tras insulto. No sólo los años desgastan cualquier entrega, es que  además a ésta se le añade el desprecio constante.  Ella seguía enamorada de él, del recuerdo de un marido antaño cariñoso. Era una mujer atractiva, con contactos, amigos, cierta cultura, hasta escarceos sexuales se procuraba, sin mayor problema, o sin que el escritor se detuviera a analizarlos, combinados aquéllos con el amor imposible y sin rendición hacia el esposo. ¿Existen señoras  así o es la imagen idealizada que algunos  hombres nos quieren  adjudicar? Como dije antes, ¿venimos al mundo a amarlos, cuestre lo que cuestre o hay alguien más ahí? Diría entonces que ni los personajes ni esa presunta ambigüedad moral me parecieron que se lograran del todo. Se le notó demasiado al narrador por quien tiraba.

Este libro fue nombrado novela del año 2014 por Babelia y, aunque no he leído la crítica de este suplemento, para no dejarme influir,  supongo que los señores de Babelia no habrán dicho sino alabanzas. Si se las merece o no formaría parte de un análisis de la metacrítica del libro y de cualquier metacrítica: intereses creados, famas consolidadas, favores recíprocos, etc.  

2 comentarios:

  1. Feliz Navidad,

    Acabo de publicar un libro y me gustaría que contemplaras la posibilidad de criticarlo/leerlo/promocionarlo.

    Disculpa que comente aquí no he encontrado tu contacto

    El libro es este y estará descarga gratuita durante 4 dias más: https://www.amazon.es/dp/B01N6ANKB1

    Si lo lees acabado ese plazo mandame un mail y te lo envio.

    Saludos

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    Respuestas
    1. Feliz Navidad, Cristo. Supongo que eres mi antiguo compañero de filosofía. Encantada de saber de ti y de que hayas escrito una novela. Yo estoy en ello también, por lo que compartimos intereses, aunque alterno con relatos y fotografía, por lo que va lento este proyecto "novelero".
      Te cuento: Mi blog es para dar a conocer mis propios relatos y ahora mis fotos que me importan muchísimo (no sé si las has visto o leído algún relato mío). Si intercalo alguna crítica es para rellenar, y ahora me interesa más la obra completa (o varios libros) de escritoras. Espero que te vaya bien con tu libro y felicidades por haberlo escrito. Un abrazo.

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