Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: ¡Qué bello es vivir! (Relato)

18 de junio de 2015

¡Qué bello es vivir! (Relato)









Desde que tenía WhatsApp y Facebook.  Cómo había cambiado su vida, por lo menos internamente desde que estaba conectada a las redes sociales.

cartel“Qué bello es vivir”, se repitió por segunda vez a lo largo del día, mientras recordaba la película de Frank Capra, que tanto le había gustado hacía años, y apretando el móvil contra su pecho, antes de apagar la luz de la mesilla de noche y dejarlo colocado al lado de su vaso de agua.

Había sido su cumpleaños, y se le acumulaban  tantos que ni en su casa le daban ya importancia. Su marido por la mañana no la felicitó, salió corriendo porque se le hacía tarde y le dio un rápido beso distraído en la mejilla. Y sus hijos, a lo suyo, ni se dieron cuenta. Pero es que ella tampoco había reparado en la fecha qué era. Se había despertado como todos los amaneceres, muerta de sueño, con el pensamiento de qué pronto  acababa la noche; había abierto la ventana del balcón y la tímida luz del sol, que comenzaba a iluminar la jornada, intentaba colarse entre  los visillos para aclarar la  habitación. 

Se encontró a los hijos tropezándose en la cocina mientras terminaban de prepararse el desayuno. Los saludó brevemente; estaba demasiado dormida para efusiones, y ellos tampoco la incitaron a más; procuró espabilarse un poco e intentó ayudar a su hijo menor con el sándwich que debía llevar al instituto. Después, comenzó a recoger los restos y a cerrar todos los tarros abiertos que habían dispersado por la mesa.  

Se fueron, por fin, casi sin despedirse, y vio que habían dejado la encimera imposible y el tetrabrik de la leche por fuera;  comenzó, entonces, a exprimirse unas naranjas para el zumo, 

En ese momento sonó el primer WhatsApp del día: “Hola, guapa, feliz cumpleaños y que sigas tan bella como ahora…”. Un montón de besos, globos, regalos,  flores,… Sonrió tenuemente. Diez minutos más tarde: “Felicidades, que tengas muy bonito día, y que los años sigan sin pasar por ti”. Otro montón de besos, globos, regalos,  flores,… Sonrió con más franqueza. Cuando se calentaba la leche, entró otro: “ Qué cumplas muchos más… Y que los lleves igual de maravillosos”.  Más besos, globos, regalos,  flores,… Sonrió encantada.  

La sonrisa se ampliaba cada vez más a medida que pitaban los mensajes. Sentía ya plena dicha. Fue a mirarse al espejo,  consciente de los años cumplidos. Se vio arrugas, no sabía si nuevas, pero allí estaban: en las comisuras de los labios y los ojos, incluso sin reírse; en las mejillas, en vez de sus antiguos hoyuelos,  tenía leves cortes diagonales si forzaba la sonrisa; en la frente cuatro rayitas horizontales la marcaban y el entrecejo estaba cruzado por pequeñas líneas. Pero todas sus queridas amigas del WhatsApp, compañeras de la oficina,  no debían verlas como ella las contemplaba ahora, porque todas  le decían lo  fantástica que estaba y, además, lo mejor de todo, se habían acordado de felicitarla.

 Y llegaban más mensajes, a cuentagotas, pero entraban. Cuánto se alegraba de estar incluida en los grupos que habían formado en la oficina, entre las madres de los compañeros de clase de su hijo, entre las del gimnasio y entre los amigos de toda la vida. Formaban auténticas piñas y notaba mucho cariño entre todos. Compartían videos ocurrentes, bromas, mensajes solidarios, avisos sociales o políticos que funcionaban como una cadena que debían circular, y, hasta recomendaciones de salud, algunas muy valiosas. Siempre en tonos muy amistosos. Mucho afecto se percibía que había.

Hacía un mes, por ejemplo, su hijo se cayó en el patio del instituto, durante la clase de Educación Física y, desde que se enteraron las madres, cómo se habían volcado interesadas por la evolución del accidente  del chico. Eran fabulosas y por ello nunca se cansaba de recibir sus mensajes. La conmovía que hubiera por el mundo tantas buenas personas  que procuraban el bienestar de los demás. Ella lo ignoraba antes de estar en las redes sociales. Asimismo, el día que aprobó el examen de promoción interna que tan loca la traía, todos los contactos  de sus grupos no pararon durante horas de felicitarla.

Gracias a las  compañeras de  trabajo, amigas más bien, también estaba en Facebook. Se lo habían recomendado porque la mayoría estaba suscrita y no contaban sino cosas buenas. Había recuperado amigos de los años escolares o familiares con los que había perdido el trato por esas cosas de la vida que alejan, sin uno proponérselo. Ella  ya llevaba más de un año y, ¡cuánta satisfacción hallada! Y eso que se había iniciado con mucha prevención porque jamás se sabía con qué gente podías toparte  por esos mundos anónimos, pero, qué equivocada estaba.

Hasta ahora sólo había encontrado  afecto y compañía.  Es verdad que alguna nueva amistad, iniciada  a través de contactos más lejanos, solía compartir cuestiones políticas que a ella no le interesaban tanto, pero las frases -más filosóficas y profundas- que algún buen amigo tenía la bondad de colgar temprano, le alegraban el  día o la invitaban  a meditar.  También las poesías con fotos entrañables o los enlaces interesantes a músicas o a noticias que otros compartían, le llenaban las mañanas, y las tardes,  en las que tenía un rato libre.

Ahora hasta ella colgaba con frecuencia fotos de sí misma o de su marido y de sus hijos en los que se les veía a todos cómo  disfrutaban de bellos fines de semana, excursiones o comidas familiares. Le gustaba mucho esas fotografías porque reflejaban instantes preciosos y así quería mostrárselos a todos sus conocidos más apreciados. Sentía gran deleite si algunas de esas fotos habían recibido más de cien “me gusta” y algunos agradables comentarios. Especialmente se sentía cautivada en el momento en el que, nada más abrir el Facebook, la misma página la estimulaba a comentar cómo se hallaba con la sencilla pregunta “¿Qué estás pensando? Era una bonita invitación a expresar los sentimientos más sinceros y profundos que se le ocurrían al principio de cada jornada.

Con estas reflexiones, se conectó a mediodía al Facebook, ya en el trabajo. Aprovechó que había adelantado bastante en los expedientes que debía enviar a la firma del jefe para enlazar con la página. Hacía un año, en su anterior cumpleaños, todavía no tenía tantos  contactos como ahora y muchos de sus amigos no tuvieron la oportunidad de felicitarla. Con sorpresa, y emoción, vio que la situación  había dado un giro radical: ¡30 enhorabuenas! Y sólo eran las doce y media.  Qué mensajes más bonitos estaba recibiendo.

Había uno especial, de una querida amiga de estudios, ambas habían cursado la EGB juntas, y aunque llevaban muchos años sin saber nada la una de la otra, se habían reencontrado a través del Facebook  y, si bien todavía no habían pillado la oportunidad para verse personalmente por los tantísimos compromisos que las liaban a ambas,  siempre estaba muy pendiente de lo que ella publicaba y no cesaba de mostrarle su afecto constante. La consideraba una gran amiga recuperada. Ahora le  había enviado una linda poesía, enmarcada en una preciosa foto en la que aparecían  globos de todos los colores y  un gran ramo de flores, que acababa de la siguiente manera: “Amigas como tú hay pocas en esta vida y ninguna me había encontrado. En esta vida que yo habito, aspiro a tener la  fortuna de estar  siempre a tu lado velándote en cada nuevo cumpleaños”. Con lágrimas en los ojos, embargada de gran emoción, pensaba, por primera vez en el día, “Qué bello es vivir”. Y apagó el ordenador.






Epílogo: ¿Consiguen la redes sociales que una pátina de buenismo  (y un poquito de imbecilidad) vele la realidad? 





18 comentarios:

  1. Javier Rodríguez Salarichs29/6/15 20:22

    Puede que en el relato muchos lleguen a identificarse, otros lograrán ver entre una narración agradable la presencia de una crítica a un modo de vida que opta por la perfección frente a los otros. Me agradó leerlo mucho, estoy de acuerdo contigo en mucho de los puntos aunque igualmente pienso que la necesidad de un bastón sentimental en ciertos casos ayuda a seguir adelante. Espero que sigas escribiendo relatos como estos, que permitan reflexionar y sean capaces de vez en cuando de sacarnos una sonrisa sincera.

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  2. Es verdad que la gente busca sus maneras de seguir adelante. Cada uno vive como puede y supongo que muchos se darán cuenta de que es solo una vía más (y no siempre la mejor). Muchas gracias por el comentario.

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  3. Irene Hernández Rodríguez29/6/15 20:23

    Me ha gustado mucho, realmente lo disfrute. Con tantos amigos en tantas vías sociales solo se puede tener una vida plena en la que la vida la veas bella.

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    1. Ahora que "vivo" más en las redes, soy hasta más comprensiva. La vida puede ser más bella con tanta puesta de sol, gaviotas al viento y frases profundas.

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  4. Balbina Martin Espinola29/6/15 20:25

    Hola, jaja, tú, como siempre, con ese humor tan especial...¡sigue así tan joven y ... divertida!

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  5. Muchas gracias por los comentarios. En un blog se necesitan.

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  6. Hola, Angeles,empiezo comentandote tu relato por el final. no creo que con un poco de buenismo y de imbecilidad vele la realidad. A eso, le añadiria el famoso postureo y eso que comentaste en otra ocasión ( el hombre esponja ).Llevo muy poco tiempo por el face, y yo de momento solo puedo contar parabienes. He conocido gente estupenda y tierras para mi desconocidas.Hablo de Canarias, tan lejos y tan cerca.comprendo a la gente que se agobia- esos,me gusta-.
    Sigo creyendo en la gente y por eso confio mucho ella. debe ser, que como la protagonista de tu relato, pecamos de ilusos.
    un abrazo

    Miguel Zoraquiain Mazo

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    1. Hola, Miguel, primero de todo, decirte que me encanta que me comentes; segundo, comprendo que hayas tenido buenas experiencias con Facebook y que te enriquezca. Sé que hay personas a las que le resulta una red interesante porque han conocido, como tú dices, lugares y gente que lo son. Este relato es de hace varios meses, y aunque en la actualidad entiendo que haya gente a la que le aporta cosas, reconozco que, en mi caso, mantengo una relación más conflictiva. Quizá mi personalidad o el que publique cosas propias contribuya a ello. Un abrazo, Miguel.

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  7. Me ha gustado Ángeles!!!
    No llevo mucho por estos mundos virtuales, pero reconozco que Facebook me ha enganchado.
    Creo que todo es bastante superficial y efímero, ves una publicación, pones un "me gusta" y a otra cosa mariposa, pero va dejando algo de poso, al menos en mí. He recuperado la pasión por la poesía, me he atrevido incluso a enseñar las bobadas que escribo, he "conocido" gente maravillosa (como tú) y también he "desconocido" a otros cuantos que confunden el hecho de ser extrovertida con algo más.
    Estas redes sociales roban tiempo, pero son plataformas donde uno puede expresarse libremente. Sin Facebook nunca hubiera leído tu relato.
    Conclusión:en su justa medida no velan la realidad.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Tienes razón, en su justa medida no tapan la realidad; incluso en el caso de que así sea, de que haya gente solitaria que llene su soledad de este modo, pues tampoco es mal método. Cada uno hace y gestiona su vida como puede. A veces, y es mi caso, si me deja una mala sensación, porque hay mucha gente que no es del todo sincera, que únicamente aprecia mi trabajo no por sus valores propios, sino porque yo he valorado el suyo. Pero es verdad que se conoce gente estupenda. Tú eres la muestra. Un abrazo, preciosa.

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  8. Entré en esto del Facebook para estar al día en temas políticos y poder comunicarme y debatir con facilidad con gentes con las que de un modo u otro sentía afinidad, pero con las que resultaba muy difícil reunirse por culpa de esta vida loca y superocupada que llevamos todos hoy en día, sobre todo en las grandes ciudades. Con el tiempo (pronto hará dos años) fui conociendo personas de lo más interesante, a veces gente de tierras lejanas a los que seguramente nunca llegaré a conocer personalmente, pero cuyas vivencias y puntos de vista han llegado a resultarme tanto o más enriquecedoras que los de mucha gente a la que trato a diario por pura obligación o compromiso.
    Aquí no hay ataduras. Si alguien no te interesa, lo dejas de seguir y punto, no hace falta ni borrarlo. Si te molesta, lo borras, y si insiste lo bloqueas y a otra cosa, mariposa.
    Que te come mucho tiempo... Solo el que tú quieras dedicarle.
    En cualquier caso, es cierto que a veces da la impresión de que le damos tanta importancia a nuestra vida "virtual" que nos perdemos por ello una gran parte de la realidad y del entorno más inmediato. No sé si eso es bueno o malo, pero debo admitir que hay días en que mis amigos virtuales se me antojan más reales y sinceros, y sus vivencias más interesantes que las de muchas personas que tengo a mi alrededor en la vida "real". Creo que los psicólogos ya le han dado un nombre a eso...
    Besos, amiga mía.
    Seguimos.

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    1. No sé qué decirte, pues reconozco que tienes toda la razón. Como muchas adicciones, el objeto de ellas no es malo en sí mismo, sino su uso. Su abuso y su sustitución por otras vivencias si podrían ser malas. Depende también del individuo, de su equilibrio, de su sensibilidad, de lo que busque y dé en Facebook. Hay gente que no se implica tanto y solo comparte las cosas de los demás (y está muy bien para intercambiar contenidos); hay gente que está para calmar su soledad (también me parece bien, porque creo que vivir ya es muy difícil y cada uno lo hace como puede) y buscan relaciones más personales; hay gente que publica cosas propias y como arriesga al mostrar su obra puede que su inseguridad le vuelva más vulnerable y mantenga una relación con Facebook más inestable. En mi caso seguro que volveré y espero que más equilibrada. Un abrazo, Manuel.

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  9. Ángeles bonito relato, y muy actual. Los que tenemos cerca a veces se nos van alejando, y los que ni siquiera conocemos personalmente, hacen que nuestra vida sea un poco mas agradable. Te diré que he conocido gente maravillosa en facebook, ya sabes que no soy de muchas palabras,y ni publico cosas desagradable. Me gusta la buena gente, y que pueda sacar siempre algo positivo, como por ejemplo tú. Un fuerte abrazo!!!

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    1. ¡Cuánto me alegro, Mary, de verte por aquí! Me alegro de que tu experiencia con Facebook sea positiva y que hayas encontrado buena gente, pues tú te lo mereces. Un fuerte abrazo.

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  10. Hola Ángeles. Muy buena reflexión sobre Facebook. He leído los comentarios que te han hecho y que tú has respondido y comparto totalmente con todos. Esta realidad virtual me la tomo con reservas, sin creérmelo mucho, pero reconozco que a veces se encuentran cosas interesantes (las menos) pero sé que llenan soledades, entretiene y si no nos engañamos a veces nos dan un chute de optimismo como bien relatas de tu personaje. Concluyendo y, aparte de lo que expresas, es impecable el cómo lo expresas!!!

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    1. Estoy de acuerdo contigo, querida Candi, y con todos los demás. Cada uno, desde su experiencia tiene su verdad y en esto no puede haber fundamentalismos. A unos le aporta y a otros les sobra y no siempre de manera tajante ni lo uno ni lo otro. Tú lo dices muy bien. Un abrazo.

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  11. Ana Linares Luis24/4/16 20:34

    Muy buen relato,una invitación a la reflexión sobre el papel que juegan las redes sociales en las vidas de cada uno de nosotros,estoy de acuerdo con lo que narras.Yo intento no creermelo mucho,pero bueno hay para todo!!!.Espero leerte más a menudo, prodigate más!! Un besazo.

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    1. Muchas gracias, preciosa, pero mejor que no me prodigue tanto para no bombardearte, que algunos son largos. Un abrazo.

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