Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. (Crítica)

6 de julio de 2015

La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. (Crítica)


 

  Creo que es la primera vez que acabo un libro y vuelvo a releerlo inmediatamente. No sé si lo he hecho,  porque  de tan ligero,  pese a los temas que planteaba,  me pareció que se me escapaba; o si ha sido,  debido a que lo he terminado demasiado pronto y no quise sustituirlo por otro tan rápido,  no sea que olvide de inmediato lo leído.  Por suerte,  este blog me sirve de recordatorio y de reflexión. Una observación previa: como no he encontrado la imagen de la obra libre de derechos de autor he tenido que construir una a mi antojo.

 Le perdí el rastro literario a Rosa Montero a comienzos de la década de los noventa. Más bien creo que me quedé en 1889. Supongo que sería porque me dejó de interesar o porque ya habría creído  que era suficiente lo que había leído o porque se me amontonaron en la mesa de noche obras  de otros autores sin abrir. Qué sé yo. Bien, informo un poco sobre esta mujer por si hubiera alguien despistado leyéndome a mí (en eso sí estaría muy atinado), y no la tenga ubicada con exactitud. Acabo de averiguar –o reaveriguar- que nació en 1951, estudió periodismo y psicología (no acabó) y en un principio hizo sus pinitos como actriz de teatro. Desde 1976 escribe artículos para el País y comienza su carrera literaria. Ha tenido numerosos premios y compartió su vida con Pablo Lizcano, hasta su muerte en 2009 (¿se acuerdan de él? El que fue marido de Massiel y presentaba un programa de entrevistas para la televisión en tono intimista). Lo nombro porque aparece en este libro tan recomendable.

    La ridícula idea de no volver a verte es una obra en la que se mezclan vivencias propias de la autora (rememora recuerdos y expresa sus sentimientos ante la muerte de su marido a los tres años de su fallecimiento,  de manera paralela a la de Madame Curie por la muerte del suyo), con la biografía de la científica y reflexiones,  muy ligeras, que no superficiales, sobre otros temas. No es una novela; no es una estricta biografía de Marie Curie, aunque se retrata su vida;  tampoco es la autobiografía de la autora,  pero sí hay partes que lo son; tampoco es un libro de divulgación científica,  sin embargo hay páginas dedicadas a la Ciencia, de un modo muy accesible, incluso para el que no tiene conocimientos científicos. Tampoco diría que es un ensayo, me parece muy leve para ser considerado así. Quizá sea una mezcla, bien hecha, de todo.

   La manera de escribir me resultó cálida,  si es que este adjetivo se puede aplicar en este contexto y ligera, tal vez por la mezcla o dispersión de ideas (esto no significa desorden); directa,  cercana, sencilla y sensible (pero no sensiblera o abusando de la emoción facilona). Es un libro de agradable lectura, de  240 págs., disponible en ebook, publicado por Seix Barral en el 2013.

   Como nombré,  Rosa Montero  trata varios temas, no con demasiada profundidad,  pero sí me pareció con la suficiente inspiración para que cada cual siguiera luego pensando o investigando a su antojo. Quiero decir que su manera de escribir fue liviana, mezclando unos temas con otros, exponiendo algunas reflexiones, contando hechos de la vida de Marie Curie con otras partes dedicadas a ella misma. Habló -en sentido metafórico- sobre  la mujer en la ciencia y en la sociedad en general (los sacrificios que se le han exigido; las renuncias a sus propias ambiciones científicas,  literarias,  artísticas, debido a las presiones sociales; por eso muchas han tenido,  en otras épocas, y todavía en ésta,  que conformarse y vivir como propio el triunfo del varón que tenían a su lado: ambición vicaria.  Más no les permitía la sociedad: cuánto talento desperdiciado.). Describe la vida de Marie Curie; la actividad literaria en general; nombra la creatividad (la doble copia de un gen que tienen los más creativos) y menciona partes de la vida de ella misma, Rosa Montero, en relación a la muerte. Y aquí voy a hacer yo el ejercicio parecido al que hizo la autora respecto a Marie Curie: se me escapará, seguro que sí, lo que leí en su libro con reflexiones mías.

   Respecto a la muerte del ser querido me pareció que describía su ausencia con bastante claridad: imagínate que tienes a alguien a tu lado,  lleva mucho tiempo contigo,  han creado juntos rutinas y forma parte de ti.  Hasta que un día desaparece.  Te levantas por la mañana y sabes que no existe.  Y que nunca más va a existir, a ser, a estar, a acompañarte. ¿Cómo puede ser posible eso? Oyes un ruido en la casa y piensas que él o ella estará  haciendo algo cerca; pero,  espera, es imposible: ya no está.  Y nunca más va a estar: el vacío. El cerebro, que había construido la realidad con su presencia constante, tiene que aprender a reconstruirla,  a crear otra sin esa existencia física. Y para eso se necesita tiempo, para que el cerebro vaya captando nuevas percepciones,  acumulando otras imágenes,  almacenando en la memoria diferentes experiencias que se vayan superponiendo sobre las otras y las vayan desplazando (avisé, hay aportaciones mías). Así,  poco a poco,  y si nos queda tiempo de vida,  podremos olvidar (olvidar no, más bien no tener continuamente su presencia ahí)  a esa persona que tanto supuso para nosotros y que ya nunca,  nunca,  volveremos a ver más. "A ver si deja de hacer el tonto y regresa de una vez ", se dijo Rosa Montero,  después de la muerte de su marido. Y lo comprendo perfectamente.


 De la vida de Marie Curie podemos aprender,  o recordar, si alguna vez leímos algo sobre ella lo siguiente: Era polaca; su madre era la directora de una escuela para niñas y su padre profesor de física y química. Marie fue la más pequeña de cinco hijos. La madre enfermó de tuberculosis y murió cuando ella tenía once años.  Le gustaba la literatura y escribir, pero finalmente se decantó por la física y química. Cuando acabó el instituto,  como no había dinero para sus estudios, entró a trabajar como institutriz. Después de un primer fracaso amoroso se fue a París a iniciar la carrera de Física en la que se licenció siendo la primera de su promoción. Más tarde, lo hará en matemáticas (con gran sentimiento de culpa por descuidar a su padre. Esta culpabilidad es muy típica de las mujeres,  y en esto estoy muy de acuerdo con Rosa Montero. La llevamos muy encima, así nos lo han inculcado, de tal modo que nos cuesta seguir nuestros deseos o inclinaciones si se ve comprometido el juicio de ser considerada buena madre, buena esposa o buena hija).

En 1895, al año de conocerlo, se casa con Pierre Curie, también licenciado en Física. Y comienza su vida dedicada a la investigación,  en condiciones precarias,  pero que obtendrá grandes frutos: el descubrimiento del polonio y del radio (y sin abandonar los trabajos propios adjudicados a su condición femenina: atención del hogar,  embarazo de sus hijas, cuidado de éstas,... Tareas que no realizaba el marido, por mucho que compartiera con ella la investigación científica) y la adquisición del doctorado y del Premio Nobel, 1903, compartido entre ella y a su marido Pierre, quien tuvo la decencia de no atribuirse todos los méritos. En un principio, cuando lo propusieron a él para el Nobel, no mencionaron a Marie Curie, pero él se negó si no la incluían también (sin embargo, el dinero que recibieron equivalía al de una sola persona). Y en 1906 muere el hombre, atropellado por un coche de caballos. ¿Cómo lo asume ella?

En el libro de Rosa Montero, a  final, se inserta el diario que escribió narrando en unas cuantas páginas, para sí misma, sus sentimientos durante el año siguiente  a su muerte. Deberías leerlo (y todo la obra, porque vale la pena). Aquí, permíteme un digresión para decirte cuánto entiendo esa escritura, porque pocas cosas hay tan liberadoras -cuando una se encuentra empantanada o  se te desparraman por cualquier lado las palabras que no te dejan dormir-, que atraparlas y dirigirlas en una sola dirección: hay personas que no pensamos en imágenes  sino en lenguaje, exclusivamente; es como si pensáramos utilizando sólo los subtítulos y la  pantalla en negro, lo que es un gran fastidio, porque a veces se te apelotonan todas y no sabes cómo quitártelas de encima.

Volviendo a Marie Curie, es interesante leer de primera mano cómo realizó su propio duelo. Y pasó el tiempo, claro, siempre pasa, si te queda vida para verlo pasar, y le quedaba todavía y le alcanzó para que la nombraran catedrática de la Sorbona en 1908; también para enamorarse de nuevo, en 1910, y convertirse en amante de un físico, Paul Langevin, casado y con cuatro hijos; asimismo pudo ver, desgraciadamente, cómo la muchedumbre,  siempre la masa ignorante, peligrosa, enfervorecida,  le arrojaba piedras contra la ventana de la casa (habitada por ella y por sus dos hijas de  catorce y de siete años). De esta relación se hacen ecos los periódicos y comienzan a dudar de su valía científica. Evidente, como siempre, la mala era ella. Nadie cuestionaba a Langevin, pese a que quién había cometido la infidelidad era él. En medio de este delirio, le llega el telegrama de la Academia sueca, avisándola de que le habían concedido el Nobel de Química (luego, ante este escándalo, pretendieron negárselo, hecho que finalmente no se produjo). Lo que sigue es igual de triste: depresión, huida por diversos sitios, un año sin ver a sus hijas hasta que, ya repuesta medianamente, regresa a la investigación, convertida ahora en una mujer mayor (supongo que sin ilusiones). ¿Y Paul Langevin? Se separa de su esposa, se reconcilia años después, se echa nuevas amantes. Como se dice, nada nuevo bajo el sol. Con el tiempo, Francia la perdonó y con el tiempo, qué curioso, su nieta se casó con un nieto de Langevin. Pero ella no lo vio; murió en 1934, devastada por las radiaciones.

   Rosa Montero hace su emotivo, y contenido duelo, en realidad parte de él, con la escritura de este libro. Su manera de digerir la muerte me conmueve y la vivo como mía, aunque, por suerte, casi todos mis seres  queridos están a mi lado todavía, pero eso no me resta comprensión. Y espero que me perdones, esforzado  lector, por no haberme limitado a una simple reseña: no puedo. Vidas como la de Marie Curie me llegan muy adentro y, dentro de la    curiosidad por mujeres históricas que he tenido, siempre estuvo ella, junto con algunas más que espero ir escribiendo.

6 comentarios:

  1. ¡Hola! He visto tu publicación en Google + y como es el libro que estoy leyendo, me he venido de cabeza a tu blog, pues tengo pensado hacer también una reseña.
    La tuya, sencillamente estupenda.
    Un beso

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    1. Muchas gracias, Chelo, me alegro de que Google + me haga visible. Esta reseña la hice a los pocos meses de comenzado mi blog y ha pasado sin pena ni gloria. La verdad es que el libro me agradó mucho. Un abrazo y espero verte más por aquí.

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  2. Qué bien haberme encontrado con tu reseña ahora que estoy leyendo el libro. Comparto tu opinión de que son reflexiones ligeras pero no superficiales. Además la autora hilvana muy bien sus vivencias con las de Marie Curie. Me refiero a que ha escrito un buen libro y tú lo has explicado muy bien, así que voy a seguir ahora con muchísimo más entusiasmo.

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    1. Cierto, mi niña, ha escrito un buen libro y seguro que te gustará. Espero que lo disfrutes como yo lo hice. Un beso grandísimo.

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  3. Leí este libro y experimenté muchas emociones. El paralelismo entre la autora y Marie Curie en cuanto a perder al compañero que está a tu lado me pareció entrañable. La combinación de muchos elementos (ciencia, sociedad, Historia) me resultó loable, pues lo hace muy bien, algo que a mí se me antoja harto difícil.
    El perfil que nos haces de Curie como mujer y cómo tuvo que lidiar con lo prejuicios machistas de la época me ha parecido sencillamente genial.
    Estupenda reseña, Ángeles, me han entrado ganas de volver a leer el libro.
    Un besote.

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    1. A mí también me gustó la combinación que hizo Rosa Montero entre ciencia, la vida de Marie Curie y sus propias vivencias personales. Me alegro de que te haya gustado esta reseña , o crítica, o comentario del libro. (Alguien me dijo que no eran reseñas porque eran muy largas). Me alegro de que te haya gustado esta crítica. Un beso grande, Kirke.

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