Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Por tierras de El Hierro: diario de viajes (para ti y para mí)

11 de agosto de 2015

Por tierras de El Hierro: diario de viajes (para ti y para mí)


03/08/2015

Fuimos a la isla a bordo de un catamarán en una tarde super calurosa; nada extraño, pues en agosto son muchos los días en que no hay de otra clase de tarde por los muelles de  mis Islas Canarias; así que tuvimos que aguantar el solajero dentro del coche hasta terminar de embarcar.  El mar estaba apacible, aun así, ni mi organismo, ni el de mi hijo se salvaron de la biodramina. No sé si incorporaba somnífero porque nada más sentarme en la butaca comencé a soñar (no precisamente con angelitos). Y nada relevante sucedió en el barco; que es una majadería viajar en este transporte y poco más.


 Entramos de noche en la casita rural con un nudo en el estómago. Y es que mientras esperábamos en el muelle a que viniera el catamarán, se me ocurrió en ese instante, a cuatro horas antes de la llegada,  comprobar si había recepción durante las 24 horas y me topé en TripAdvisor con unas  críticas nefastas que aludían a las cucarachas, pelos sospechosos y otras cosillas más. 


Claro, nosotros habíamos reservado en Booking y se ve que los de esta web deben rezumar generosidad infinita, porque no había tales opiniones.  ¿Cómo se lo tomarían ustedes? Pues ya no había vuelta atrás; habíamos pagado la mitad de la estancia por transferencia. Y tonta de mí, que algo masoquista debo ser y de lerdo aprendizaje,  voy y se lo comunico a mi  Adolescente (sí, sí, en mayúscula, porque él se la merece), quien, como gran optimista,  suele ver los vasos  rebosantes de aire, nada más que de aire. Me tocó, entonces, gozarme sus angustias durante un ratito. Menos mal que cuando vio la casa se tranquilizó; aunque sostenía que había gato encerrado porque a simple vista no se apreciaba  tan mal. No obstante, hicimos un  rastreo minucioso en busca de las señoritas cucarachitas y a ninguna se la vio paseándose por el pasillo o el baño. Sí  nos ha extrañado que nadie haya venido a recibirnos; la recepción fue por teléfono y una voz masculina nos indicó cuál era la casita y donde estaban las llaves. Qué raro.

Ahora es de noche y el lugar  promete. 








4/08/2015

Hoy saqué dos fotos que me gustaron especialmente; una del muelle de la Restinga y otra del faro de Orchilla. Me encantan los barcos, y los rojos más que ningún otro y, si además,  están desvencijados, mejor. Las primeras fotos de arriba son de las vistas que se observa desde el apartamento rural. Por cierto, el episodio de las cucarachitas se reanudó al despertar. Mi Adolescente heredó algunos de mis genes maniáticos y sus obsesiones las cultiva durante horas hasta exasperar a su auditorio.





La excursión de hoy fue por todo el sur de la isla. Nos hospedamos en Frontera, en Tigaday, y desde ahí fuimos hasta la Restinga. La distancia no es larga; aun así, llegamos acalorados, sedientos y con muchas ganas de comer. Allí, en un bar que se llama El Refugio, nos dimos el festín cuyo testimonio les presento aquí, en exclusiva para ustedes.








Después a hacer turismo, por supuesto: turistear, aunque la RAE no conozca este verbo (algún día se lo aprenderá). Y esto se realiza si se confirma con sus fotos correspondientes. Bueno, detengo la ironía un minuto, en realidad creo que si se toman  fotos se disfruta más, porque la mirada se agudiza un poco: vas buscando adrede la belleza. Es como el esfuerzo de hacer una reseña después de leer un libro; es una lata,  pero se te queda la historia grabada.

Antes de llegar a donde queríamos, Marta, la señorita del GPS, cuyo voz profunda y acariciadora nos guía en nuestras rutas, esta vez no tenía ninguna intención de ponernos las cosas fáciles y nos condujo por varias pistas de tierra; como veíamos que el camino se hacía interminable y las piedras más picudas, desafiamos su autoridad y la mandamos a hacer puñetas: ¡Que se vaya a tejer puños y no nos ande liando! Tiene sus días, durante los cuales, lo mismo te conduce por caminos como barranqueras como te lleva por vías en las que circulas en sentido contrario. Y hoy estaba fina. Por fin, libres de su autoridad, desanduvimos el camino y llegamos, tras dar varias vueltas,  a la Restinga.  Un viaje, si no te pierdes un ratito, no es un buen viaje.






Este lugar, la Restinga, es un pequeño pueblo de pescadores que pertenece al municipio del Pinar. Su población oscila sobre los 550 habitantes censados, aunque imagino que habrá épocas en las que acoja a más habitantes, ya que se ha convertido en una zona importante para practicar el buceo debido a sus aguas. Durante las erupciones volcánicas de 2011 el pueblo fue evacuado repetidas veces. Posee un muelle sencillo,  con una decoración muy peculiar a lo largo del muro que lo bordea. Unas pequeñas calas a la salida del muelle, con una zona de descanso bastante apetecible, completan el paisaje.





Después de allí fuimos hasta el faro de Orchilla. Del mismo modo que desde Frontera hasta la Restinga pasamos por un bosque de lauirisilva y pinares; de este último lugar hasta el faro atravesamos otro, o el mismo. Todavía no le tengo el punto cogido a los sitos y capaz  que los repita sin enterarme. Esta zona tuvo su importancia durante mucho tiempo. Desde el siglo II se aceptó que el Meridiano 0 pasaba por Orchilla, la parte más meridional del Hierro. Estos mapas fueron diseñados por la escuela alejandrina y por Claudio Ptolomeo y hasta el descubrimiento de América se mantuvieron vigentes. A partir de ahí el interés por considerar a Orchilla como el punto de partida de la cartografía entró en decadencia aunque, en el siglo XVIII, la Academia francesa de las Ciencias intentó todavía su defensa; finalmente, triunfó  la Society of London con su apuesta por el Meridiano de Greenwich (estos ingleses... lo mismo se apropian de un peñón que nos quitan un meridiano), y desde entonces es la referencia principal para los husos horarios.  Sin embargo, aunque Orchilla perdiera el Meridiano se consideraba un punto estratégico para la navegación y se aprobó la construcción de un faro. Tras muchos retrasos se empezó a levantar en 1924, se acabó en 1930 y fue encendida su luz por primera vez en 1933. En la actualidad está en desuso, y no se sabe con certeza para qué podrá destinarse. El paisaje  alrededor del faro es precioso,  de lava marrón y, más adelante, camino hacia Frontera, de lava negra. La carretera es muy estrecha y sinuosa. Aquí dejo estas fotos, que espero les gusten tanto como a mí. Y hasta mañana.







II 






05/08/2015

Lo más destacable de este día ha sido la visita al árbol del Garoé además de una pequeña ruta que hicimos al borde del mar.

Respecto al árbol del Garoé es preciso destacar que para los antiguos pobladores de la isla, los bimbaches, era como un árbol sagrado, por la capacidad que tenía para recoger agua y calmar la sed de sus habitantes. Por desgracia, un temporal lo derribó hacia 1610. En la actualidad lo sustituye, supongo que en la misma ubicación, un laurel. Al paisaje que lo rodea le veo cierta magia, ¿ustedes no?, y el árbol en cuestión, creo que tiene su belleza. La leyenda que lo envuelve no se las narro, lo siento, porque estoy cansadita de que en ellas siempre aparezca una joven metiendo la pata y perjudicando a su pueblo. Búsquenla, si les place, aunque no se la crean mucho. Es como Eva (la de Adán) o Pandora (la de su cajita): siempre mujeres imprudentes,  ¿quién habrá inventado estas leyendas? 






Después, la comida. Fuimos a uno de los bares más famosos de la isla, por un plato en concreto que preparan. Pero no nos entusiasmó demasiado. No digo el nombre del bar, porque aunque a nosotros, a lo que se sale del pescado le exigimos bastante, reconozco que a otros le puede agradar y tampoco se trata de darle un fama confusa al lugar. El café nos lo bebimos en Valverde y fue decepcionante. No obstante, la  camarera, simpatiquísima ella, me pidió un listado de buenos cafés y, muy aplicada, los apuntó en un papelito mientras yo, generosamente, se los dictaba. Al final le dije que el café estaba muy bueno por el cariño con el que nos lo había preparado (a mí a veces me da por ser muy pelota). No quedamos para ponernos el “me gusta” en el Facebook por vergüenza. Y de camino al restaurante nos tropezamos con estos paisajes:





Por la tarde, un lindo paseo. Primero nos acercamos al hotel más pequeño del mundo (está en el Guiness y todo) y ya me puse a soñar en vista de lo abandonado que se veía: “Si este lugar fuera mío, en este enclave que da al mar, tendría unas pocas habitaciones  bien acondicionadas, de lujo, y las cobraría a precio de lujo, por supuesto, en justa equivalencia. En la terraza serviría sus jarritas de vino o cervezas, sus raciones de lapas, pescadito. Qué bien viviría”. Por el sendero que hicimos a continuación seguí soñando, igualita a  la lechera del cuento iba creando mi imperio hotelero de lapas y vino herreño. Y me duró un rato, porque la ida fue de 2,5 km y a la vuelta, como  a nadie le dio tiempo de reducirlo, pues igual. El camino es el sendero de la Punta  a la Maceta y da para un poquito de invento. Es este: 







06/08/2015

Hoy caminamos entre lagartos y nos topamos de frente con el lagarto gigante del Hierro. Se desplazaba indolente entre las rocas que le habían colocado para que disfrutara de su entorno simulado y, como no había hembra a su alrededor, no se molestaba gran cosa en rivalizar con los otros acompañantes de su terrario. Esta hazaña nuestra sucedió en el Lagartario del Ecomuseo de Guinea. Según nos dijo la guía, muy concienzuda en sus explicaciones (al final la elogié y me dio la mano: ella, satisfecha de que alguien reconociera su trabajo; yo, encantada de hacerla feliz con tan pequeño gesto), el lagarto corre el peligro de ser extinguido, por lo que se está llevando a cabo un plan de recuperación. En este lugar se crían y luego se intenta incorporarlos a su hábitat natural. Sus aspectos son curiosos; semejan pequeños cocodrilos (yo no he visto ninguno en vivo, sino los de películas que devoraban a los malos o a los extras que les sobraban). Como lagartos son grandes, en nada se parecen a los pequeñitos que vemos que cruzan los caminos cuando luce el sol. Pueden llegar a medir sesenta cm. de largo y 400 gramos de peso. El animalito parece que, de vez en cuando, servía de alimentos a los antiguos pobladores, los bimbaches, y se creía desaparecido hasta que hace unas décadas, en los años setenta,  un pastor encontró unos ejemplares. 


Después de esta visita fuimos a ver El poblado de Guinea. Este se conserva casi igual a como era originalmente, incluido los útiles que se usaba en cada época. Consiste en unas cabañas o pequeñas casas  en las que vivían los antiguos campesinos de El Hierro. Nos insistió la guía, la que dije que era muy instructiva, en que no eran las viviendas de los antiguos aborígenes, los cuales vivían en cuevas, sino de los habitantes del Hierro después de la conquista española. Se ve la evolución de estas casas, desde la más precaria, del siglo XV o XVI hasta la última, cuyo habitante la abandonó en la última década de los cincuenta,  siglo XX, ayer mismo. Las paredes están hechas de piedra y no usaban nada para sellarlas excepto bosta de vaca con cenizas. 










Después la señorita Marta, la del GPS, casi me provoca un infarto. A esta mujer no hay modo de entenderla. Ella se empeñó, por su cuenta, en acortarnos el camino hacia el guachinche que íbamos a comer y nos metió por un callejón empinadísimo. Cogí unos nervios tan grandes que, junto a mi Adolescente, liberé a mi marido, en un gran arranque de generosidad, de nuestros lastres, para que él,  con mucho valor, alcanzara la cima de la calle.  Yo a veces soy así, de alma tan noble que  permito que los demás se luzcan en su arrojo.

El almuerzo estuvo bien: compartimos mesa, risas, y un mejillón que me dieron de otro plato, con los demás clientes. Bueno, solo había tres largos tablones y cuatro grupitos incluyendo a nosotros. Al final parecíamos uno solo y quedamos, por nuestra parte simbólicamente, para bebernos unos mojitos y cantar en el Karaoke del pueblo. Es lo que tiene ir de turista: te entra un amor universal tan grande que no te importa cantar a dúo canciones de Nino Bravo con desconocidos. El aprecio súbito hacia la  humanidad entera te lleva a perder el sentido del ridículo.

Acabamos de “turistear” sobre las seis de la tarde, después de la visita obligada al mirador de la Peña, obra de Cesar Manrique. Aquí la vista es espectacular, el lugar precioso y el café de espanto. No obstante, dicen que la comida es buena. En otra ocasión iremos. 



07/08/2015

Uff, creo que me engañaron. Pensé que este viaje iba a ser tranquilo; de hecho, cuando informaba de que me iba a El Hierro, hubo quienes me dijeron que eran demasiados días, que nos íbamos a aburrir y que esta isla en tres mañanas se despachaba. Pues, ay, como echo de menos un poco de aburrimiento. Para colmo, hoy ha habido más ajetreo que en las anteriores jornadas. A ver si resumo, no sea que ustedes me abandonen  por el sopor al que les induzca.

Después de dormir muy poco anoche nos despertamos como esforzados viajeros con ganas de seguir cultivándonos en las costumbres del lugar. Y ya vengo sospechando que a las casas de vacaciones, antes de que vengan los turistas, los dueños derraman por todas las estancias toneles llenos de aire caliente; o las conectan  por microtubos, invisibles y subterráneos, a calderas de agua hirviendo, que mantienen ocultas al cliente, para que este arda en calorcito y tenga más la sensación de que está de veraneo.

Con sueño, primero fuimos al Museo etnográfico de la Casa de las Quinteras. La mujer de la recepción nos dijo que un becario de guía estaba ofreciendo una charla y, si queríamos, podíamos  unirnos. Ni de coña. Me hice la loca y my family creo que también, aunque cada uno por su cuenta sin decirnos nada.  En este museo había una herrería antigua, un telar con muestras de cómo se confeccionaba la lana y vitrinas con enseres diversos: vasijas, cuencos, cucharas,… Pude oírle al becario  que los antiguos campesinos lo hacían todo en común: desde la construcción de las casas hasta la comida y claro, así se veía unos platos gigantes llamadas gavetas, de las que parecen que se alimentaban a la vez, en amor y compañía. 







Al mediodía fuimos al Parque Cultural de El Julan, uno de los yacimientos arqueológicos más importante de Canarias. En él se conservan grabados, de letras y números,  realizados por los  aborígenes de El Hierro, los bimbaches, en coladas lávicas. Se descubrieron a fines del siglo XIX y se encuentran en buen estado debido, precisamente, a lo inaccesible del sitio, lo escarpado del terreno y al aislamiento de la isla. Una de las técnicas utilizadas consistía en golpear la piedra con un basalto afilado que iba dejando surcos en ella; otra el puntillado, que como se adivina, consiste en efectuar puntos sobre la piedra sin formar surcos. ¡Cuántas cosas aprende una por esos mundos de Dios! Aunque este más parecía que estaba dejado de su mano.  





El Julan


Después, rumbo a la comida, que entre cultura y cultura el hambre se agranda. No obstante, primero nos tuvimos que enfrentar a  un saltamontes  que se nos había colado en el interior del coche. Según mi Adolescente era un saltamontes asesino y, aunque mi marido intentó capturarlo, con gran heroísmo, no pudo en un principio.  Así que el jovenzuelo de la casa, en este caso del coche, fue por todo el camino sentadito en la esquina más alejada del asiento trasero, muy quieto para no ser atacado por el mortífero saltamontes. Este pobre bichito nos acompañó hasta que llegamos al restaurante. Allí salimos todos juntos, el asesino incluido: no  quiso asarse dentro del auto y, de este modo, mi Adolescente respiró aliviado (durante un rato) y nosotros también (durante el mismo rato).

La comida, abundante, aunque tardona. Entramos al bar a las tres y media y salimos dos horas más tarde. Entre plato y plato hicimos la digestión varias veces. Mejor, porque nada más acabar el moroso almuerzo pudimos darnos un baño en el muelle de la Restinga. Cambiar la ropa por el bañador fue toda una odisea para esta señora que les está escribiendo. No obstante, me la salto junto con el súbito malhumor que me entró. Luego, como soy de ánimo volátil, me recuperé mientras nos  bañábamos en el pequeño muelle.

¿Y se acabó ya el día? Noooo, todavía nos quedaba un pequeño porcentaje de energía para gastar  en el centro vulcanológico que encontramos saliendo de La Restinga. Allí nos adjuntamos, como paquetes de última hora, a la visita que otra guía, muy amable y dispuesta, iba informando sobre los tubos volcánicos que se ocultaban por la zona. Acabó la visita con una muestra en unas pantallas interactivas de las erupciones que se produjeron en la isla en el 2011, las repercusiones que tuvo en la prensa, las evacuaciones de la población de la Restinga, la consiguiente desaparición de algunas especies y del descubrimiento de una nueva piedra, producto de esas erupciones, a la que bautizaron como restingolita. Finalmente, nos alegramos de que ya se hubiera recuperado toda la fauna marina y de que, incluso, hubieran  venido especies de otros lugares.  Antes de terminar la visita  nos dejaron a nuestro aire en la sala y todos nos lanzamos como posesos a toquetear y desplazar, sin ton ni son, cuanta imagen encontrábamos por las pantallas; hasta  oímos a algunas familias, cuyos miembros se cruzaban palabras ásperas, en el intento de obtener  el control de la foto perdida.






09/08/2015

Termino mi viaje con gran satisfacción.  Este sábado mis pies no han pisado ningún museo, parque, taller, ni nada de eso; aunque me ha encantado el día. No hemos obtenido el premio a los mejores turistas de la semana: nos saltamos la reserva de la biosfera y un centro geológico; no nos cogía de paso. Pero no importa, porque me he quedado con la sensación de día pleno. Ahora mismo venimos del Charco azul, una pequeña maravilla de la naturaleza que construye sus puentes en piedra o su mini garganta al borde del mar.  Este charco está debajo de Sabinosa,  en la zona del golfo, en el municipio de Frontera. Hay unas escaleras que te llevarán a una piscina natural y entre baño y baño puedes admirar este paisaje.
















 Al Charco fuimos después de comer unos buenos bacalaos encebollados acompañado de un estupendo vino blanco seco.  El restaurante fue una repetición, pues ya habíamos ido a él el miércoles. Esta vez cambiamos de comida y acertamos más. El otro día eran pechugas rellenas cuya fama es legendaria en la gastronomía de la isla pero nosotros no sabemos apreciarlas; nos recordaba a los Cordon Blue que preparamos en casa de vez en cuando. Hoy, en cambio, hemos de reconocer que el bacalao estaba riquísimo. Y el vino mejor. Ya, ya, no voy a abandonar este párrafo sin decir donde fuimos. El restaurante se llama Casa Goyo y vayan antes de que el señor se jubile, que le queda poco. Perdónenme, me volví loca sacando foto a todo, sin embargo de la comida me olvidé.  

A este bar aterrizamos casi empapados de lluvia, pero satisfechos de la caminata que habíamos hecho, el sendero circular de las Llanías, de 7,4 km. Comenzamos a las doce del mediodía y acabamos a las dos y veinte. Pero fíjense bien, no vayan a perderse como nosotros y ponerse a la mitad a dar vueltas en círculos como toletes. Si vienen a EL Hierro vayan por allí; el recorrido es muy variado en cuanto a paisajes y la ruta me pareció  preciosa pese que, en sus comienzos, mi Adolescente me la iba amenizando con todos los peligros mortales que me acechan en el bosque. Me aconsejaba que no fuera tan inconsciente y que tuviera cuidado de los troncos que pueden desprenderse de los árboles y caer sobre mi cabeza; que fuera precavida con los insectos que me podían entrar por la boca o los oídos; también mostraba inquietud por si acaso me cayera y me diera en la espalda o en la parte trasera del cuello; incluso, parecía ponerse nervioso si el padre se alejaba solo: caminar sin compañía por el bosque es un riesgo innecesario porque nadie puede auxiliarte. Es un pozo de preocupación este niño mío; aunque todavía dudo si lo es en serio o, sencillamente, me toma el pelo.  















Epílogo

Acabo este viaje con pena. Me han faltado días para conocer más esta pequeña y escarpada isla. Puede que aquí no existan grandes maravillas naturales o monumentos fastuosos que abundan por ahí: no es París; no es Venecia (lugares que he visitado); no hay una Sierra de Guara ni una playa de las Catedrales ni lagos glaciares o puentes romanos con sus ríos debajo. Tampoco encontrarías aquí esos pueblos de la Península, bellísimos, en los que el tiempo se detuvo hace siglos; todo lo contrario, la arquitectura es muy simple, casas de una o dos plantas, algunas pintadas de blanco, con una azotea. Pese a que no existan esas maravillas llamativas de otros lados este lugar tiene mucho  encanto y es ideal si quieres disfrutar de un viaje sosegado. 

En cuantos a alojamientos, existen casas rurales muy recomendables. No diría que en la que nosotros nos hospedamos sea la más idónea, porque está de capa caída (aunque las cucarachas nunca enseñaron su jeta, estaba limpia y disponía de amplia terraza); sé de varias webs que ofrecen otros buenos alojamientos. Respecto a los restaurantes, acudimos a cuatro, modestos pero con una cocina muy aceptable,  que podría aconsejar; el primero, el Refugio en la Restinga; también en el mismo pueblo Casa Juan (ambos de pescado); y otro que mencioné antes, Casa Goyo. Por último, nombro uno que entraña más riesgos porque es muy pequeño, hay que compartir mesa, el cuarto de baño es muy peculiar y la comida, como es del día, depende de la creatividad del cocinero y las existencias de su despensa. Este es para ir con el ánimo contento y muy tolerante. Si vas así, no te defraudará: barato, comida estupenda (quizá se pase con el curry un poquitín), muchísima amabilidad y raciones generosísimas. Se llama Guachinche Frontera y aconsejo llamar antes.

Para trasladarse por la isla es necesario un coche propio. O te traes el tuyo  si vienes de otra isla o lo alquilas; no puedes confiar en el transporte público porque te mueres de asco. Hay aeropuerto y hay transporte marítimo.

En cuanto a los productos típicos, nos llevamos una caja de quesadillas y un queso herreño: muy sabrosos ambos.

Mañana ya nos vamos y mi diario se acaba aquí. Espero que sirva para que a alguien se le abra el apetito y desee venir por estas tierras herreñas.
  

11 comentarios:

  1. Muy interesante, no he estado nunca en esta isla canaria y leyendo tu diario me ha entrado el apetito. Escribir es siempre memoria de la vida, que es tan fugaz, un intento por congelar el instante para que permanezca. Me ha encantado el tono jocoso de tu escrito, y sí, es cierto, "turistear" es exponerse a toda clase de vivencias,... a veces incluso cómicas. Las imágenes están espectaculares. Un saludo

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    1. Gracias Marcelo, pues si no has estado allí, vale la pena. Es pequeña, pero bonita. Y deberías acuñarse ya el término "turistear": viajar en vacaciones exponiéndote a los contratiempos del turismo de masas. Un saludo.

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  2. Hola Ángeles! Por problemas técnicos no podía añadir comentarios! Pero ahora sí!! Este diario de viaje me encanta! Y las fotos son preciosas. Gracias por tus relatos y recomendaciones!

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    1. Gracias, preciosa Carol, El Hierro es tan bonito que solo puede generar un diario y unas fotos correspondientes. Un beso.

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  3. Soy Jabu. No conocía esa isla antes de que compartieras tu viaje. Si voy alguna vez no creo que vaya a conocerla mejor. Muchas gracias.

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    1. Seguro que hay lugares recónditos que tú descubrirías. Un abrazo.

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  4. Hola querida amiga! Soy Candi y tu relato del viaje me ha llevado de nuevo a esa isla que me enamora siempre. Muy bien detallado todo tu periplo (con ese tono de ironía que imprimes); preciosas las fotos. El Charco azul es una maravilla y bañarse en el mucho mejor. Ya seguiremos comentando en vivo y en directo. Besos.

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    1. Es verdad que el Charco azul es una preciosa. Casi se nos escapa. Fuimos el último días de casualidad, a horas tardías, pero valió la pena,aunque no pudimos bañarnos. Muchas gracias, linda. Un beso.

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  5. Muchas gracias por los comentarios. Un abrazo a cada uno.

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  6. Pues mira, Ángeles, me encanta como siempre tu descripción humorística y profunda a la vez,y fíjate que aún desde donde estoy has despertado mi morriña por esa tierra caliente donde el tiempo parece transcurrir más lentamente. He estado muchas veces en el Hierro, pero algún rinconcito, ignoto para mí, me has revelado. Muchas gracias.

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    1. Muchas gracias a ti, querida Alma-amater.

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