Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Sumisión, de Michell Houllebecq. (Crítica)

20 de agosto de 2015

Sumisión, de Michell Houllebecq. (Crítica)



Uy, he picado a lo tonto. Me creí lo de que era un libro polémico y me abalancé sobre él (tiró con fuerza “la vieja del visillo” que cohabita en mí). Lo mismo me pasó con otras novelas anteriores de este autor. No sé si Las partículas elementales o Plataforma. Devoré las dos pero ahora los  únicos recuerdos que conservo es que las compré en papel (mientras que el de ahora es en ebook) y que no llegaron a entrar en la lista negra de mis obras espantosas (tengo la vaga sensación de que me gustaron). De esto extraigo dos conclusiones: no debieron de haberme parecido muy controvertidas y tengo muy mala memoria. Menos mal que ahora estoy aplicando una terapia para remediar esto último.


Michel Houllebecq, nacido en 1958 en la isla francesa de Reunión (situada al este de Madagascar), transcurrió su infancia bajo el cuidado de su abuela, pues sus padres no se ocupaban demasiado de él. Estudió Ingeniería agrónoma e incluso trabajó como informático. En la actualidad su ocupación es la de escritor, ensayista, novelista, poeta y polemista (esta última es la que más frutos le da). Saltó a la fama con la novela Ampliación del campo de batalla; a esta le siguieron Las partículas elementales, Lanzarote, Plataforma, La posibilidad de una isla, El mapa y el territorio (Premio Goncourt) y la presente Sumisión. Da la sensación de que tanto el público como la crítica se han acostumbrado a que las publicaciones de sus novelas estén revestidas de discusiones y a que a Houllebecq le rodee el escándalo. Pero no precisamente por su aguda lucidez.

Y mientras escribo esto, no sabría decir si me ha parecido un libro imprescindible o si me ha sugerido algo. El ritmo de la novela lo noté en ocasiones subyugante, sobre todo al principio, en algunos momentos decae y en muchos otros percibo absoluta simpleza en su desarrollo, cuando recurre al truco facilón de la conversación, a modo de exposición,  para desarrollar su trama (yo puedo utilizarlo porque no tengo los honores y exigencias de su fama). No obstante, no noté en su escritura formal demasiados ingredientes chirriantes, quizá algunos elementos de puntuación con los que no estoy de acuerdo, pero eso es cuestión de estilo o del traductor. La novela se desliza con corrección si no nos detenemos demasiado en contrargumentar el proyecto político que, durante el transcurso de la historia,  va interesando cada vez más al protagonista,  ni si tampoco objetamos demasiado a las opiniones que vierten tanto él como sus  interlocutores. Es decir, puede ir bien, si adoptamos la actitud mental de que es una simple novela casi de ciencia-ficción y prescindimos de las reflexiones del  narrador cuyas opiniones sobre la mujer,  la familia, la religión,  el ateísmo y la cultura occidental son muy particulares y discutibles.

Está redactada en primera persona por un profesor de universidad que, paralelamente al interés que muestra por el escritor francés naturalista Joris-Karl Huysmans (1848-1907), por el desarrollo de  la obra de este  y por sus crisis religiosas y personales,  va viviendo el ascenso al poder de Mohammed Ben Abbes,  líder del partido Fraternidad Musulmana, quien, apoyado por la izquierda francesa, en decadencia junto con la derecha, asume el gobierno en Francia en 2022. De este modo logran que no obtenga el  poder el Frente Nacional de Marine Le Pen. Es una novela de política-ficción, pues. Y no sé si profunda (de ahí su polémica) o artificial en su argumento político y social (de ahí sus ganas de polemizar). O a mí me faltó entendimiento para verle la enjundia controversial. Como novela casi buena, pero para llegar a esa consideración, insisto, tengo que pasar por alto las opiniones que formulan sus personajes y creerme la fantasía política que propone para dentro de siete años.

El protagonista, Francois, apático y desengañado (¿de qué?), y sobre todo solitario,  sin una mujer hogareña y sumisa (dispuesta a proporcionarle sexo a demanda), mientras observa los acontecimientos políticos que producirán un viraje en el gobierno del país comienza a interesarse paulatinamente por El Islam. Puede que para llenar su soledad, calmar su desorientación religiosa y, especialmente, porque se siente muy atraído por la poligamia musulmana. Antes ve como la Universidad, de la que es profesor, es controlada por los islamistas ya que estos consideran que la educación es una de sus competencias principales, en la que se ha de invertir. En ese caso, esta institución recibirá grandes subvenciones de los millonarios árabes. Es jubilado prematuramente, con una buena pensión, aunque más tarde, en la última parte de la novela,  será requerido para colaborar con el nuevo sistema que está gestándose. Para ello deberá convertirse al Islam.

 De la vida pública,  incluida la educación, van desapareciendo las mujeres y las vestimentas de siempre.  Las pocas que se aprecian por las calles van cubiertas. Han vuelto al hogar (¿gozosas?: no se sabe, ni importa, porque  el autor no se digna en otorgarles ninguna categoría como ciudadanas o como personas con el mismo rango al de los hombres y no considera significativo reflexionar acerca de cómo la mujer adopta esas imposiciones: no son agentes sociales participantes de la vida pública, por lo visto) y, maravillosa estrategia,  se ha reducido el paro, el masculino, claro; el femenino no importa, ya que como aquellas no son individuas autónomas,  ciudadanas,  trabajadoras, inteligentes, no tienen necesidad de trabajar por iniciativa propia ni abastecerse por su cuenta: en fin,  Houllebecq es otro simplón más que no las percibe como personas independientes sino como comparsas del hombre. Las pocas  que aparecen en la escena ocupan un papel muy secundario (algunas profesoras cuyos caracteres son risibles o adquieren escasa importancia; una amante sexual,  no la vi como un gran amor,  quien sale a relucir unas cuantas veces antes de irse a Israel; varias escort y “las mujeres de… “

El glorioso autor en sus años mozos
Para acabar, me han llamado la atención los elementos, que a mi ver son simplistas, que le inducen a la conversión, como la poligamia y la sumisión de la mujer. Ambos garantizarían la estabilidad de la familia y el aumento de la población (¡Houllebecq no se ha enterado de que los demógrafos auguran unos 11.000 millones de personas para el 2100!; luego, el  problema que tendremos en ese sentido será la superpoblación y las consecuencias que ello entraña, no todo lo contrario). No reconozco, pues, los valores de interpretación o proyección política o social que pretende esta novela; no contempla factores discordantes que puedan venir de una gran parte del país o de Europa (las mujeres, insisto) o de las grandes empresas multinacionales que, seguro, obstaculizarían ese proyecto islámico, las cuales se ven favorecidas por el trabajo y consumo de las féminas y, si estos peligran,  a estas alturas de desarrollo capitalista, la sociedad occidental quebraría, y dudo que los grandes poderes económicos estén dispuesto a ello. Tampoco veo una predicción del futuro ni me parecieron interesantes o de gran penetración intelectual las conversaciones que mantienen con ilustres dirigentes de la Sorbona que han asumido el Islam y el poder, a su vez, y que explican las conveniencias de abrazar esta religión.  

En resumen,  como anécdota intelectual se puede quedar en adecuada; nada más. Hay más libros que días para leer y no vale la pena esforzarse demasiado en un ejemplar de esta catadura que, en realidad, poco aporta. Vamos, que no prendió en mi interior ninguna idea que yo deseara conservar por clarificadora acerca de nuestra realidad política; lo único que consiguió es que se me elevara, de tanto en tanto, la ceja izquierda.









  

7 comentarios:

  1. ¡Qué buenos, como siempre, tus análisis!: profundos y distanciados de lo subjetivo. Muchas gracias. No me gastaré el dinero en él, ni como mujer ni como lectora, si es que puedo separarlo. Lo de la ceja final fue la guinda...Sigue analizando, eres muy buena y útil para esta aprendiz de lectora, mi querida bloguera...

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    1. No, no te gastes el dinero en él. Realmente no vale la pena, con la cantidad de buenos libros que abundan. Espero ser útil. Muchas gracias, mi niña.

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  2. Buenísima reseña!!! Me basta para entender de qué va el libro y de que no me interesa leerlo!!! Gracias Ángeles.
    Candi.

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  3. Muchísimas gracias a ustedes, queridas mías.

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  4. Ángeles, te cuento que compré el libro en mayo (en papel), dado que me interesaba la temática, además de que la crítica era muy favorable (estaba entre los 10 libros más vendidos ese mes en El Corte Inglés) ¡Qué fiasco! Me decepcionó totalmente el simplismo con que aborda los problemas centrales relacionados con el islam en Europa,... Además, la trama me resultó bastante floja, con escenas que no venían a cuento y sin desarrollar a fondo las consecuencias de sus planteamientos que quedan en el aire. Leyendo tu escrito me doy cuenta de otros aspectos que no logré ver dado que deje el libro por la mitad,... porque como bien dices hay más libros que días. Lo de la ceja alzada es perfecto. Un saludo

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  5. Muchas gracias Marcelo por pasarte por aquí. Me alegra que coincidamos, y sí, es una pena que le hayan dado tanto publicidad a este libro. El autor, mientras, haciéndose de oro, con guardaespaldas incluido. Un saludo.

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