Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Todo esto para qué, de Lionel Shriver. (Crítica)

11 de septiembre de 2015

Todo esto para qué, de Lionel Shriver. (Crítica)




Bendita Lionel Shriver, ¿dónde se podría encontrar abono para nuestra inteligencia si se prescindiera por comodidad de autores, autoras, como ella? No me extraña que la consideren la escritora más perversa de EEUU. Aunque ya sabemos cuán simples son las etiquetas. La llaman así debido a que es capaz de contar aquello que muchos de nosotros hemos pensado o vivido, pero no mencionamos para evitar ser tachados de mezquinos o por no afear la realidad. Como nos hemos acostumbrado al barniz edulcorado que la cubre, cuando surge una escritora de su envergadura, decimos que es perversa. Olvidamos, por tanto, que la vida, en su lado más negro, es horrible por real y por humana. Aquí no le aplico la connotación de lo que nos ennoblece sino lo que nos convierte, precisamente, en seres humanos: el conjunto de cualidades y defectos que nos conforma, pues en todos ellos reside nuestra humanidad. Lionel Shriver posee la gran facultad de dar a conocer y crear literatura sobre aquella, ofreciendo varias caras de un mismo problema.

Margaret Ann Shriver nació el 18 de mayo de 1957 en Carolina del Norte (Estados Unidos). Su familia era muy religiosa y su padre, predicador prebisteriano, la obligaba a ir a misa hasta que a los doce años se negó en redondo. A los quince se cambió el nombre por el masculino de Lionel; según ella, y hablando de sí misma, porque posee una sensibilidad andrógina. Confieso que no sé qué es eso. Para mí la sensibilidad es personal, cada uno la cultiva en diversos grados y la enfoca de un modo particular: lo que a unos les conmueve a otros le deja fríos, y viceversa. Pero bueno, si ella se reinterpreta de ese modo, fabuloso. En la Universidad de Columbia se graduó en Bellas Artes y vivió en ciudades como Nairobi, Bangkok y Belfast. Está casada con el batería de jazz Jeff Williams, quien ha trabajado con músicos de la talla de Joe Lovano o Stan Getz (aprovecho para amenizar esta lectura con un tema en el que participa este último junto a Joao Gilberto, aunque no pegue para esta reseña y ni siquiera colabore Williams en él). 

Actualmente viven en Londres, desde hace unos veinte años, sin embargo, ella afirma que no la considerarían inglesa. Entre sus obras principales se encuentra Tenemos que hablar de Kevin, por la que ganó el Premio Orange de ficción en 2005 y trata sobre cómo las actitudes de una madre puede influir en la decisión de su hijo de asesinar a siete compañeros de clase; esta no la he leído, sí, en cambio, El mundo después del cumpleaños, de la que me sorprendió como trató la infidelidad desde una doble perspectiva (por un lado, la protagonista se entrega a ella, y en capítulos alternos, la misma se niega, rechazando la ocasión que iniciaría la relación infiel: dos visiones interesantes del tema). Su última novela publicada en España, Big Brother, trata la obesidad mórbida y el modo en que esta afecta a las relaciones familiares. Como vemos, la autora no escribe de manera gratuita; va mucho más allá del simple entretenimiento o de trasmitir belleza con el lenguaje. Estos no son sus únicos objetivos. La novela que nos ocupa la publicó Anagrama en 2012, consta de 560 páginas y su traductor fue Daniel Najmías (labor importante la de los traductores: nos ha reescrito la novela y lo que leemos en español es a través de su saber hacer).

El argumento es el siguiente: a principios de enero de 2005, en Nueva York, un viernes por la noche, Shepardo Knacker está preparando las maletas, dispuesto a dejarlo todo para viajar a un lugar lejano. Confía en que su mujer lo acompañe. Mientras empaca sus cosas, recuerda a su padre, quien despreciaba el trabajo manual, al que Shep, en cambio, le tiene gran afición, lo que -gracias a su habilidad- le permitió montar una empresa que obtuvo buen rendimiento. Hace ocho años la vendió a un trabajador suyo, bastante inepto, de quien se convirtió en su asalariado, todo ello por un millón de dólares. También se deshizo de la casa y pasó a vivir de alquiler junto a su familia. Su fin era liberarse de las trabas que le impidieran alcanzar La Otra Vida; aguantar sin obstáculos hasta que pudiera abandonar América y partir a un sitio menos civilizado, donde la renta que adquirió le diera perfectamente para sobrevivir con modestia. Su mujer, Glynis, antigua creadora de joyas de plata y metal, pero ahora trabajando para una bombonería a tiempo parcial, es la que ha retrasado el momento de la partida por diversos motivos. Sin embargo, Shep ya ha tomado una decisión fulminante: se irá de cualquier manera, con o sin ella. Cuando llega Glinys, le enseña los tres billetes comprados para Pemba (paraíso ansiado). Entonces, la mujer le comunica que no pueden ir, esta vez por un grave motivo: le han diagnosticado cáncer, un mesotelioma, del que más tarde nos enteraremos que lo contrajo por estar en contacto con el amianto, elemento que se usó en la construcción hasta el 2000, década en la que fue prohibido en los países desarrollados (en EEUU antes). Paralela a esta historia se narra la de sus amigos Jackson y Carol, cuya hija, Flicka, está enferma de disautonomía familiar, trastorno genético heredado por la línea de los asquenazíes. Se detallan sus cuidados, sus impotencias, sus sacrificios; tanto la vida sexual y matrimonial de los padres como la manera de tomarse la enfermedad de la niña. De fondo, a lo largo de la novela, actúan más familiares, tanto los hijos de los Knacker como otros personajes, cada uno mostrando sus peculiaridades y su actitud ante el mal que aqueja a una hermana, a una hija o a un marido.

Por tanto, observa la enfermedad desde diversas perspectivas: de quien contrae un cáncer por su contacto con metales; de quien tiene DEA (enfermedad rara, degenerativa); de quien ya es mayor y se ve sometido a las penurias de la vejez; y de quien, estando sano, se fastidia el cuerpo al sucumbir a los reclamos de la cirugía estética. En paralelo, se observa con lupa la relaciones dentro del matrimonio (el rencor, la entrega, el perdón, el cuidado, la mentira, la sexualidad,…); entre hermanos (los celos, la envidia, el egoísmo); entre padres e hijos (el desapego, la culpabilidad, el miedo, la responsabilidad); entre amigos (los que huyen o lo que se quedan ante la adversidad; los que oponen mil excusas o los que están ahí, a pesar de la rivalidad que haya). No descuida la crítica al sistema de salud americano, a las aseguradoras, al copago sanitario, a los tributos que se pagan sin compensación recíproca por parte del Estado, al enriquecimiento de los médicos; incluso, no se le escapa una reflexión sobre mantener a la gente con respiración artificial. Todavía le alcanzan las páginas para pasar su mirada por las prácticas educativas, su blandura y las correcciones de exámenes eufemísticas (por ejemplo, no usar el rojo al revisar pruebas para no traumatizar a los alumnos: a mí alguna compañera me ha llegado a recomendar lo mismo). Por ello digo que trata la realidad descarnada, de la que nadie se atreve a hablar, como por ejemplo, del dinero que exigen los cuidados de la familia y su salud. A esta cuestión le dedica un análisis concienzudo, cronológico, en el que vemos, mes tras mes, como sus recursos son esquilmados. Así pues, incide en aquellos temas inadecuados en una conversación social pero que a muchos, en según qué circunstancias, les preocupan.

Dividiría la novela en dos partes, tan abruptas que hasta da la sensación de que están escritas por dos personas distintas, o por la misma con dos ánimos diferentes o dirigidas por una desigual presión (la primera con afanes menos comerciales). Esta iría desde el capítulo uno hasta el dieciséis y la segunda desde el diecisiete hasta el diecinueve. Mientras que la primera me arrebató, la otra me pareció un flojo cuentito de hadas, una manera de resolver el conflicto amable y felizmente, no sé si a instancias del editor para que no apedrearan a la escritora o, espuriamente, para aumentar las ventas. No sé. O puede que la mujer al final se reconciliara con la cara más generosa de la vida, después de vengarse de medio mundo y, ya tranquila, quisiera darse un gusto paradisiaco. De cualquier modo, me pareció inverosímil y no me encajaba dentro del despiadado ambiente que había descrito en los primeros dieciséis capítulos. No obstante, de esta aspereza hubo escenas que me sobraron por exageradas, como lo que le ocurrió a uno de los personajes principales, antes del capítulo diecisiete (cuando lo lean me entenderán); quizá porque soy partidaria de la contención para que la credibilidad y el equilibrio no se resientan. No obstante, ni caso se debe prestar a estas críticas -sin importancia-, pues la novela es buena, muy buena; recomendable para todo aquel que odie la gazmoñería y quiera otra relectura sobre el mundo que tenemos ahí delante.

El lenguaje que utiliza a veces es duro, directo e, incluso, alcanza lo descarnado. Pero es la cruda sinceridad que a mí me gustaría usar; me parece valiente su manera de enfocar el quehacer literario. Me satisface su disección minuciosa para sacar a la luz lo miserable de lo cotidiano y para resaltar lo absurdo que puede a llegar a ser el valor de la honestidad, representada en Shep Knacker, dentro de una sociedad deshonesta; porque, pese a que luego se obtenga un premio final, la llaga no cicatriza del todo, por lo menos en el lector. El lenguaje es ágil, describe intenciones, actos y, aunque la autora construya frases largas, se mantiene la concentración. Además, pese a que se entretiene analizando motivaciones o hechos de los personajes, con el uso predominante de los verbos, de ahí su agilidad, está todo bien hilado, con gran sentido. Adjetiva de forma contenida y la belleza de la expresión está al servicio del hecho que quiere narrar. El ritmo es adecuado y noto equilibrio en la redacción de las escenas, en el espacio que le dedica a cada personaje así como en la administración de los tiempos; excepto, como ya dije, en los tres últimos capítulos. 

Admiro la valentía que tiene para liberarse de la mojigatería femenina, a la cual nos condenan las formas sociales, por ser justo una mujer. Alabo su manera de escribir y, en virtud de mi apasionamiento irreflexivo, actual, en este instante más que a ningún otro escritor de los últimos meses. En literatura, en vez del lirismo (muchas veces me resulta impostado y cursi), prefiero más la épica de la vida cotidiana. A esta mujer en su escritura le sobra; a sus personajes, también. Es valiente, arriesgada y toca las narices: como debe ser si no te acobardas por las demandas de lo socialmente correcto. Saca a la luz la cicatería de la gente, que por fea no se menciona. Está ahí, forma parte de los comportamientos más vergonzosos; pero de ella se nutre nuestra humanidad. Lionel Shriver escribe, y se lo agradezco, sin espolvorear sacarina sobre sus frases o sobre sus personajes y sus tragedias; bueno, casi al final echa mano del azúcar moreno. Hasta ese momento no descuida los temas del día a día, examinándolos desde diversos ángulos (no los agota, pero contempla varios, y esto es muy de agradecer). 

Me llamó la atención la siguiente frase, por verdadera: “Shep no veía la utilidad de una civilización que respetaba la etiqueta de enviar tarjetas en diciembre, o de colocar el tenedor a la izquierda del plato, pero que lo dejaban solo mientras abrían en canal a su mujer”; o, peor todavía, tener que ir a trabajar mientras operaba a su esposa para poder pagar el seguro médico. 

Acabo con este último párrafo, escrito por la autora, pero que igualmente pudo haber salido de mi reflexión: “Solo existe el cuerpo. Nunca hubo otra cosa aparte del cuerpo. 'Estar bien' es la ilusión de no tener un cuerpo. Es una huida del cuerpo. Pero no hay escapatoria. En consecuencia, el estar bien es un aplazamiento“. Cierto, el cuerpo manda, nos da un descanso en la salud y podemos distraernos en cuantas actividades podamos; pero, cuando se rebela a través de la enfermedad, o cuando se imponen sus necesidades en la vejez, adquiere todo el poder y la existencia gira en torno a él. Lo demás deja de tener sentido: la vida interna, espiritual, artística, representativa. El cuerpo se vuelve imperioso. “Uno es un cuerpo y nada más que un cuerpo“, vuelve a remachar. Y estoy de acuerdo, todo lo demás son distracciones –cortas, largas o plenas, satisfactorias o vacías- en un mientras tanto. Y espero que se me entienda en el sentido de que no estoy defendiendo el culto al cuerpo; estoy afirmando que en la dicotomía cuerpo-alma, al final de todo solo permanece la materia –antes de desvanecerse por completo- y el alma es únicamente su entelequia (y no en su acepción aristotélica).

13 comentarios:

  1. Me gusta mucho ojear libros, esto es como si lo ojeara otra persona en voz alta. Me ha gustado, no creo que yo pudiera leer este libro entero, pero resulta interesante el analisis.
    Los dibujos de este blog me perecen muy buenos.

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    1. Los dibujos los hago yo y mi hijo (pero tengo que rogarle mucho). Valoro que me comentes pese a que dices que no crees que pudieras leerte el libro entero y que te resulte interesante. Muchas gracias.

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  2. Excelente trabajo. Muy bien argumentado. Estusiasta. Sentido del humor... y me quedo corta. No entiendo por qué otros se ganan la vida con esto y tú no. El final es magnífico. Los dibujos, tu dibujo, precioso. Siempre sorprendiendo. Felicidades.

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    1. Otro modo de ganarme la vida, haciendo reseñas...Creo que preferiría que me las hicieran a mí, aunque sufra luego. El libro me gustó mucho, quizá por eso hice una reseña tan entusiasta. Muchas gracias, mi guapa amiga..

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  3. Bueno, bueno, bueno!!! Como dice Any en el Facebook, dan ganas, en mi caso, de descargarlo, ahora mismo para comenzar a leerlo. Es un gran placer leerte, ya sean tus relatos, artículos de opinión o, como en este caso, las reseñas que haces, porque están escritas de esa manera tan tuya de expresarte (claridad expositiva, muy buena utilización del lenguaje, esas ganas de comunicar, etc.etc). Por cierto, ya te lo había dicho, los dibujos son preciosos!!! En fin Ángeles, que muchísimas gracias por haber llegado a este mundo virtual y deleitarnos, así como abrirnos los ojos sobre muchos temas que ahora mismo nos preocupan (por lo menos a mi). Mil besos!!!

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  4. La que ha escrito el anterior comentario es CANDI ( ta me explicarás como hago para poner mi perfil! !!)

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  5. Creo que ya lo hice intuitivamente! !!

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    1. Por fin,y por mi bien, pues así me comentas, veo que has aprendido a poner el perfil: Es fácil, como si no se quiere ponerlo y luego escribes el nombre al final. Agradezco mucho, no obstante, tus ganas y tu fidelidad a la hora de comentar. Me gusta gustarte y que valores mi trabajo. Muchas gracias, mi queridísima amiga.

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  6. Hola, ¿a quién después de leer tu reseña no le entran ganas de ir a comprar el libro o pedirlo prestado para leerlo???, yo soy una de esas (ya sabes!!!).Los dibujos fantásticos, en tu línea, me gustan mucho.

    Ani Linares

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    1. Yo lo tengo, si quieres te lo paso. Los dibujos, a ver si con la práctica, siguen mejorándose. Un fuerte abrazo.

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  7. Muchas gracias: tanto por los comentarios de mis fieles amigas y como los de los nuevos que se han acercado a decirme que opinan.

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  8. Pero bueno, ¿cómo se me había pasado ponerte un comentario?. Hubiera jurado que ya lo había hecho. Pues ea: excelente trabajo. Reseña muy analítica, muy trabajada, nada gratuita (parafraseándote). Lo dicho en facebook, ¿por qué otros se ganan la vida con esto y tú no? Qué bueno que al menos nosotros podemos leerte. Una vez más, ¡felicidades!
    P.D.:¿me lo prestas? jjj
    Besos.

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    1. Ay, Balbi, si ya los habías hecho. Doble esfuerzo que se agradece doblemente. Un abrazo.

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