Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: "Tetra reseñas": Milena Agus, Josefina Aldecoa, Dolores Medio

7 de octubre de 2015

"Tetra reseñas": Milena Agus, Josefina Aldecoa, Dolores Medio

No sé si esta expresión existe,  si no, se inventa, o se entrecomilla o se pone en cursiva; imagino que sí. El título se debe a que en esta ocasión trataré  cuatro libros leídos en estas últimas semanas. Uno de Milena Agus, dos de Josefina Aldecoa y el último de Dolores Medio. Espero no dilatarme mucho en estas reseñas, porque son varias obras, de extensiones breves o medias y con tramas sencillas, incluso repetidas. Por ello intentaré que se me quede el análisis en el más acá y no se me alargue el verbo casi hasta el infinito. Unas me gustaron más que otras, pero de ninguna pienso que sea una gran novela, quizá es que se me adelgazó su importancia por la reseca que traía conmigo debido al anterior libro que me leí, Todo esto para qué, de Lionel Shriver.

Podría decirse que son novelitas, y no solo por el número de páginas; aunque la extensión sea un criterio para definirlas así, muchas veces en esta consideración está implicado el contenido, en función de la huella que nos dejen; por ejemplo, La metamorfosis o Pedro Páramo para mí son algo más que novelitas, puesto que lo que transmiten va más allá de sus mínimas dimensiones.
  
Una es Mal de Piedras, de Milena Agus; la segunda Hermanas, de Josefina Aldecoa. También de esta leí, en tercer lugar, Historia de una maestra y la cuarta, Diario de una maestra, de Dolores Medio. Como se ve por la repetición de los títulos, podría creerse que me pilló con ganas este asunto de las maestras; no es así, es que quise comparar. Si bien la primera, de Milena Agus, me pareció  encantadora (y utilizo este adjetivo adrede), de la segunda me resultó  incomprensible que el editor no la rechazara o no le recomendara a la autora que la reescribiera de arriba abajo. Y las otras, sobre las maestras, aceptables; no son grandes libros (sin embargo, por el tema pudieran serlo), pero pueden leerse bien.

Milena Agus nació en Génova en 1955 (según algunas fuentes) y en 1959 (según otras),  y vive en Cagliari (ahí se desarrolla su novela). Ha sido profesora de Historia y ha combinado esta labor con la literatura. Por el libro que nos ocupa le han concedido varios premios (el premio Strega, el premio Campiello y el premio Narrativa di Stresa). Aquí la biografía se detiene, o yo no pude encontrar más, o Google se quedó a la espera de que envejezca y escriba La Gran Novela. De Josefina Aldecoa (1926-2011) sí hay más información. Estuvo casada con el escritor Ignacio Aldecoa y de él adopta su apellido tras su muerte. Estudió Pedagogía y retomó, después de un abandono de diez años, las actividades literarias en los años ochenta. A finales de los cincuenta había fundado en Madrid el Colegio Estilo, en la que se proporcionaba una enseñanza cuyo peso principal residía en las Humanidades (la literatura, las letras y  el arte). Escribió cuentos, novelas y algún ensayo. En 2003 obtuvo el Premio Castilla y León de las Letras. Y de la tercera escritora, Dolores Medio (1911-1996), su biografía nos informa que estudió Bellas Artes y después Magisterio. En 1945 gana el premio Concha Espina de novela corta con Nina. De Asturias, provincia de nacimiento, se traslada a Madrid para colaborar en el semanario Domingo; mientras, estudia  Periodismo. En 1952 obtiene el Premio Nadal por Nosotros, los Rivero, y en 1963 el Premio Sésamo de cuentos por Andrés. Fue autora de obras representativas del realismo social que, debido a la censura franquista, hubieron de ser publicadas en los últimos años de su vida. En 1980 creó la Fundación Dolores Medio, entre cuyas labores se encuentra patrocinar el Premio Asturias de novela. Por sus méritos literarios ha recibido distintos reconocimientos.

Mal de Piedras es un libro sencillo,  me agradó su escritura y pasé un buen rato durante el breve tiempo que tardé en leerlo. Tiene muy pocas páginas, 114;  lo publicó en 2008 la editorial Siruela y fue traducido del italiano por Celia Filipetto. Como dije,  la historia es sencilla,  narrada en un estilo  ¿naif?, con tintes de realismo mágico. Parece escrito a la manera espontánea del lenguaje oral, pero sin incorrecciones, claro, como si careciera de técnica premeditada. Trata de  la imaginación y de cómo esta puede transmutarse en locura, a modo de  válvula de escape, y debido a los impedimentos  que la creatividad encuentra a su alrededor para  expresarse libremente.  Trata también de la búsqueda del amor,  y de cómo, cuando no se halla o no se ve satisfecho el ansia de obtenerlo a través de las vías reales, normales, se puede resolver por otros caminos. Si la leyeran me entenderían. Es muy recomendable si se observa como una deliciosa obra,  sin grandes complicaciones, y sin que se afronte con la idea de que su lectura será un gran revulsivo para el lector. El argumento se centra en el relato que realiza una nieta sobre la vida de su abuela,  su matrimonio con un viudo (evacuado, que llegó al pueblo  con  unas pocas pertenencias rescatadas tras unos bombardeos y fue acogido por la familia de ella: se recompensarán luego estos favores),  su pasión por un teniente,  su relación con la madre de la abuela, el resto de familiares o, incluso, brevemente, con  las vecinas.  Es una historia que trata de familias,  de locura,  de silencios, con el fondo detrás de la Segunda Guerra Mundial y de la posguerra. El desarrollo no sigue una línea cronológica exacta pero no conduce al despiste. Como dije más arriba,  escrita en un lenguaje simple  y en una atmósfera casi mágica.  



El segundo libro, Hermanas,  de Josefina Aldecoa es una pésima novela; y  así, tajante, lo afirmo. Tiene 232 págs. y la publicó  Alfaguara en el 2008, cuando la autora contaba 82 años, y me resultan inexplicables  dos hechos: primero, que una editorial la haya editado dada su  escasa calidad y, segundo, que una señora tan mayor conserve el tino y el esfuerzo suficientes para escribirla; esto me induce a dudas, pues parece el fruto de alguien inexperto en la construcción de novelas. El argumento es ñoño, los escenarios poco logrados y la descripción de los personajes pésima.  Me da pena la cantidad de buenas narraciones que se han quedado muertas de asco en los ordenadores o escritorios de autores desconocidos y que otras sean publicadas sin reunir ningún  mérito. En este caso, la historia gira en torno a dos hermanas, cuyos padres mueren (la madre más tarde) y una de ellas, la más joven,  decide casarse con su primo, quien le lleva once o doce  años. Esta es frívola,  inconstante,  caprichosa;  será mala madre, mala esposa, y todo lo mala que se nos ocurra, dentro del terreno del egoísmo y la frivolidad (no es mala en el sentido de perversa, sádica o psicópata); la otra, por el contrario,  es una perita en dulce,  menos guapa, pero trabajadora (será médica e irá de misionera), responsable,  sensata, generosa… ¿En qué mundo hay personas así, tan de una sola pieza, con tan pocos recovecos? En mi planeta Tierra no. La mayoría de las personas formamos  tanto un nudo de egoísmo y envidias, como de altruismo y honestidad; tanto somos perezosos o dejados, como laboriosos y responsables.  Estas hermanas no: una buena, otra mala.  Y ambas giran en torno al primo, la menor como esposa y la mayor como amor frustrado. El hombre también es de una sola pieza: honesto, responsable, etc.  Concluyendo, la historia es ramplona y los personajes inconsistentes.




El asunto es que dudaba de si la novela había sido publicada porque la editorial  se había amparado en la fama ya ganada de la autora, o si estaba atravesando un momento de carestía literaria (y eso que fue Alfaguara: para fiarse de las editoriales reconocidas; o, será por eso mismo, que como famosas les mueve otra cosa muy diferente a la calidad en sí), quise ratificar su valía como escritora remontándome a  épocas anteriores,  de cuando era más joven (esta señora comenzó a escribir novelas pasados sus cincuenta), y me leí también, a continuación,  Historia de una maestra. Fue publicada por Punto de lectura, consta de 224 páginas y parece que hasta se recomienda en los institutos. Forma parte de una trilogía, y la primera se inicia a finales de los años veinte y termina casi con el estallido de la guerra civil. Trata de los desvelos de una maestra, Gabriela, apoyada luego por su marido Ezequiel, también  maestro, por inculcar un poco de educación a una España rural e ignorante (también realiza su labor en Guinea ecuatorial). Es interesante la parte del relato en la que se cuenta la gestación de los movimientos revolucionarios en el ambiente minero, las dificultades de la vida rural y el ejercicio de la profesión de maestro, en situaciones de penuria, y en medio de la ignorancia de la gente de los pueblos. Era la época de las escuelas unitarias, en las que se mezclaban  niños  de todas las edades, se separaban por sexos y la paupérrima casa del maestro estaba encima o al lado de la escuela. Me resultó de bastante interés observar el paso por los modelos de educación que se intentaron aplicar durante La República, siempre dependientes de quien estuviera gobernando (problema que todavía no se ha  resuelto en la actualidad). Es mejor que la que nombré antes, no obstante,  hubo algo que no me convenció, quizá cierta pátina de asepsia que me distanciaba. Pese a lo que narraba, vi un poco plano el desarrollo y la ambientación de la historia.  Como si a la autora le faltara emoción, originalidad, provocación, energía o enfoque propio. 


El cuarto libro, Diario de una maestra, es el que tengo más fresco en la memoria porque lo acabé ayer mismo. Fue publicado por Castalia y consta de 390 páginas. La acción comienza a desarrollarse en el año 1935, cuando Irene Gal asiste a una charla ofrecida por Máximo Sanz, recién acabada ella sus estudios de Magisterio. Entre ambos se inicia una confusa relación amorosa; y digo confusa, porque no me quedó claro qué sentía él por la joven ni qué suponía en su vida,  teniendo en cuenta que Máximo Sanz  era veinte años mayor (en esa época, qué recorrido habría llevado un hombre de cuarenta años, atractivo, universitario,  que no estaba  casado y que no era un don Juan: no me explico). Bien, el retrato de esa relación es endeble. Puede parecer que esto no tenga importancia dentro de la trama principal, que es la descripción de su labor como maestra en tiempos de la guerra civil; pero si la tiene porque ese amor actúa de hilo conductor para el desarrollo de la historia. Al igual que en la de Josefina Aldecoa se refleja la vida rural y los conflictos entre los dos bandos en liza así como la labor pedagógica de ambas (un tanto idealizadas); en la de Aldecoa en León y en la de Dolores Medio en Asturias. Es curioso que de esta escritora conste en su información que era exponente del realismo social, pues esta obra carece un poco de él; creo que la ventaja que le dio ser testigo de primera mano de la labor docente en tiempos de guerra se diluye y que pudo haber obtenido más rendimiento de la observación de ese período de nuestra historia. Quizá en otras novelas suyas sí se perciba esa realidad de modo más crudo, o más realista, cómo intuyo que debió de haber sido. Esto no significa que la autora debiera ensañarse con la desgracia; sino que el papel que le adjudica a la joven protagonista de 19 años, que va a una aldea hostil a ejercer su magisterio, y la relación salvadora que emprende con algunos de allí, me pareció idealizada.

 En realidad, Historia de una maestra, la novela de Aldecoa, fue una relectura; hace años ya la había leído y creo que me gustó. Pero me fío más de mi opinión actual. Sé que no soy muy elitista en mis gustos y puedo echarle el diente a cualquier cosa; he leído libros buenos y también mucha porquería; igualmente sé que seguiré  leyendo  malas obras, pero, aunque me las trague, pienso que podría distinguir  lo bueno de lo regular; o, como mínimo, lo que es excelente de lo que es mejorable, y dentro de unos ciertos criterios literarios. En estos casos he sido tolerante; sin embargo, si fuera editora, de todas estas novelas que he nombrado, publicaría la primera sin duda, la segunda la rechazaría, y de las dos últimas habría que mejorar aspectos; a Aldecoa le aconsejaría, si se pudiera puesto que ya murió (y desde la osadía de alguien desconocido que no ha publicado nada pero ha leído un poco) que humanizara Historia de una maestra un poco más, que la convierta en algo más real, con más vida, que enriquezca sus personajes, que les otorgue una psicología más compleja, debido al tipo de relato realista que es, y porque se centra bastante en ellos, sobre todo en la mujer. A Dolores Medio le diría (en la vida real tampoco puedo, en principio porque no está viva) que no eche tanta azúcar sobre su protagonista (de tan idealizada no me la creía a veces), que defina o construya mejor al personaje masculino del que la protagonista está tan enamorada y que haga más real las relaciones entre ambos. Paso por alto en ambas deslices lingüísticos (no me parecen graves, lo único que los correctores de las editoriales debieran realizar bien su función) y, en concreto,  de Dolores Medio he de disculparle la repetición constante  del nombre y apellido de la protagonista, que produce tanta pesadez.

Aquí le pongo el punto final a estas mini reseñas y, después de esta  audacia en mi selección de los publicables, me despido hasta la próxima, deseándoles fructíferas lecturas. 




"Tetra reseñas" -
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©AngelesImpíos

6 comentarios:

  1. Bueno, Ángeles, antes que nada, darte las gracias por estas reseñas, pues viene siempre bien, antes de lanzarse a una librería, tener la opinión de alguien de fiar en el asunto; pero sobre todo por tu argumentación sencilla y explícita a la vez y, como siempre, razonada. El hecho de comparar todas estas obras implica un trabajo previo y posterior a la lectura de las mismas, lo que añade valor a las reseñas. Un abrazo.

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    1. Sí Balbi, para hacer la reseñas primero hay que leerse los libros y en ocasiones hasta los releos por si se me ha olvidado algún detalle. Es un trabajo a veces cansino, pero espera que sirva. Muchas gracias

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  2. Buenas reseñas!!! Hace años leí "Historia de una maestra" y me has refrescado la memoria! !! Sigue dándonos tus opiniones porque para mí son referentes muy importantes!!!

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    1. Me alegro de que sean referentes. Siempre es bueno tener, si nos fiamos de la opinión de esa persona. Un abrazo.

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  3. Muy interesantes tus análisis, amiga, muy agudos y con un sutil toque de humor, muy tuyo. Últimamente me sucede, y espero no se me malinterprete, que siento un gran cansancio con el tema de la guerra civil y sus derivados, que están omnipresentes en la narrativa española. Quizás se deba a que me he formado como lector en otra tradición, en pugna con otros fantasmas y "demonios". De los tres que has reseñado el que me llama la atención es el primero: reivindicar la imaginación de esos personajes que nos habitan y no paran de buscar el amor verdadero, y de inventar e interpretar la vivido.

    En cuanto a lo que dices de novelas mediocres que a veces obtienen el premio gordo de ser publicadas, coincido punto por punto en tu reflexión.

    Un abrazo y que este diálogo con nuestras lecturas nos enriquezca en nuestras propias búsquedas

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    1. Es cierto, Marcelo, la guerra civil está muy presente en nuestra literatura. Como se dice ya, que casi es un tópico,habrá quien quiera eliminar sus demonios escribiendo sobre ella. Coincido contigo en el en que el de MIlena Agus es el más atractivo. Un abrazo.

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