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27 de noviembre de 2015

Origen y evolución del ser humano. I parte (Filosofía)

  0. INTRODUCCIÓN

Dibujo de Charles Darwin Este tema trata sobre los fundamentos de nuestra naturaleza humana. Desde el siglo XVIII se ha convertido el origen del ser humano en un asunto muy discutido, pero es en los siglos XIX y XX cuando se obtiene  más información debido al avance de ciencias como la paleontología y la bioquímica. En un principio el debate giraba en torno a la oposición entre la teoría creacionista, expuesta en la Biblia, y las diferentes versiones de las teorías evolucionistas. Actualmente la postura que más se  acepta es la que explica el origen del ser humano como un proceso evolutivo en el que se tienen en cuenta cómo interactúan los determinantes biológicos y  los culturales, porque somos naturaleza y cultura; es más, nuestra naturaleza es nuestra cultura; esto quiere decir que lo natural en nosotros no tiene tanto peso como las influencias culturales a las que estamos sometidos. Salvando los condicionamientos biológicos básicos, somos lo que nuestra sociedad o cultura construye de nosotros.  Este tema atiende a cuál es nuestro origen, a las diversas teorías que contemplan al ser humano como producto de un proceso evolutivo y a las  adquisiciones que la especie humana fue logrando hasta conformar al ser de hoy. Tema amplio, pues, y espero que sea sencilla su exposición para que sea asimilado con facilidad.


1. TEORÍAS SOBRE LA EVOLUCIÓN

 Actualmente ya se acepta de manera generalizada que las especies se han ido desarrollando a partir de una forma de vida inicial, mediante un proceso evolutivo. Sin embargo, esta teoría no ha sido siempre aceptada. A lo largo de nuestra historia han existido otras, con gran número de adeptos, que han explicado nuestro origen y nuestra evolución de una forma diferente.





1.1. CREACIONISMO

Esta teoría estuvo vigente durante mucho tiempo. Y todavía en algunos círculos o, incluso, comunidades, se sigue manteniendo, pese a todas las pruebas empíricas que hay en su contra. La teoría parte de la idea de que todas las especies han surgido por intervención divina. Dos obras de la literatura antigua nos remiten a esta visión creacionista. La primera es La Teogonía de Hesíodo, en la que se nombra que los dioses, partiendo de una realidad primera caótica, establecen un orden entre los distintos seres, y en  el que el ser humano ocupa el lugar más importante.

 La segunda obra fue el libro del Génesis, en la que se afirma que Dios, además de crear el mundo de la nada, ha distinguido entre varias especies, y ha colocado al ser humano por encima de todas ellas, a su servicio y bajo su mando. Al creacionismo se le ha opuesto el materialismo, que sostiene que toda la realidad es de carácter material, la materia es su fundamento y es la causa de todas las transformaciones que se dan. El concepto de materia incluye a todas las posibles formas y propiedades de la materia, como la materia orgánica que se  refiere a los seres vivos, y a las sustancias que tienen carbono; y materia inorgánica que se refiere a los cuerpos desprovistos de vida, como los minerales y a los no compuestos de carbono.

 1.2. INALTERABLES (FIXISMO)

 En el s. IV a C. Aristóteles estableció una clasificación de los seres vivos en especies. Las concebía como inalterables y afirmaba que no procedían unas de otras: los hijos son iguales a sus padres, y existen otros seres inferiores, como los gusanos o  insectos, que surgen a partir del barro o de la materia orgánica en descomposición  (por generación espontánea). Esta teoría se mantuvo hasta el s. XVIII, en el que Cuvier formuló la teoría del "catastrofismo", la cual pretendía explicar la existencia de fósiles de animales extinguidos a partir de catástrofes que provocaron su desaparición. A Cuvier, por lo visto, no se le ocurrió que pudieran ser antecesores de los animales actuales.


 1.3. LA EVOLUCIÓN

Ya por esta época, siglo XIX, comenzó a desconfiarse de las teorías del creacionismo y del fixismo. El desarrollo de la Geología, las dificultades que Carl von Linneo (1707-1778, naturalista sueco) encontró para clasificar las especies y a la necesidad de dar una explicación coherente a la gran cantidad de fósiles que había, abrieron otras perspectivas para concebir una teoría de la evolución. Se sucedieron varias, desde la imperfecta de Lamarck, pero valiosa en su aportaciones, hasta la vigente teoría sintética y cada una de ellas se acerca un poco más al misterio de nuestro origen y evolución.

    
A) TEORÍA DE ADAPTACIÓN AL MEDIO (LAMARCK):


 

En su Filosofía Zoológica (1.809) Jean-Baptiste Lamarck (1744- 1829) hizo una exposición de la teoría de la evolución, en la que se afirmaba que la naturaleza era continua y, en ella, las plantas y los animales, después de haber surgidos de la materia inanimada por generación espontánea, formaron dos líneas evolutivas en las que los seres se iban produciendo y desarrollando hacia una tendencia de perfeccionamiento. 

 En esta evolución, los grandes cambios producidos en el medio ambiente obligaban a los seres vivos a su adaptación, y ocasionaban, por ello, numerosas diversificaciones. La evolución se produciría debido a las necesidades que tienen las especies de adaptarse al medio ambiente, que les llevan al desarrollo de los órganos adecuados (se desarrollan los que más se utilizan), a la atrofia de los inadecuados (los no utilizados)  o la creación de otros nuevos: ley de uso y desuso de los órganos (la función crea al órgano). De esta forma, los caracteres originales van siendo sustituidos lentamente en cada especie por una serie de caracteres adquiridos. Los caracteres, modificados así en vida del individuo, serían heredados por su descendencia, lo cual constituiría la base de la evolución. 

El ejemplo clásico es el de la evolución del cuello de las jirafas: al tener la necesidad de alcanzar las hojas más altas de los árboles, el cuello se iría haciendo progresivamente más largo debido a este uso. Pero ahí se equivocó, el uso y desuso producido en una sola generación no explica los grandes cambios que se dan en las generaciones siguientes. Según Lamarck, un pequeño cambio en una generación se iría acusando cada vez más en las generaciones venideras, y así se logra una mayor adaptación al medio, puesto que una vez adquiridos los nuevos caracteres, se transmitirían hereditariamente por la reproducción sexual a los descendientes (bueno, aunque nos dejó valiosas aportaciones, ya se sabe que en esto estaba errado). 

Además de esta tesis, "La función crea al órgano", él habló del principio de perfeccionamiento, basado en una concepción teleológica de la naturaleza: desde los animales más imperfectos la evolución ha ido produciendo las especies jerárquicamente superiores o más perfectas; como si la evolución estuviera encaminada hacia un fin.

En la actualidad ningún científico acepta las teorías de Lamarck. Todos coinciden con él en que un individuo puede producir un desarrollo espectacular de algunos de sus miembros; pero, no admiten que ese desarrollo pueda transmitirse a la siguiente generación. No obstante, sus teorías tuvieron una gran importancia porque sirvieron para mentalizar a los científicos de la época del problema de la evolución y continuar sus estudios. 

 B) TEORÍA DE LA SELECCIÓN NATURAL (DARWIN):

   



Una carta de Alfred Russel Wallace, en la cual revelaba su propio descubrimiento de la selección natural, impulsó a Darwin a publicar su trabajo en evolución. Por lo tanto, a veces se comparte el crédito con Wallace por la teoría de la evolución (a veces llamada también teoría de Darwin-Wallace). En 1.859 Charles Darwin (1809-1882) publicó "El origen de las especies por medio de la selección natural". En esta obra asume la Teoría evolucionista y aporta las pruebas recogidas en sus viajes. Señala cuatro principios fundamentales para explicar la evolución de unas especies a otras:

- Variaciones: es imposible encontrar dos individuos exactamente iguales, incluso dentro de la misma especie.

- Aplicación de la doctrina de Malthus a los reinos vegetal y animal: Los seres tienden a multiplicarse en progresión geométrica, dándose el caso de que algunos países no podrían mantener el abastecimiento de todos, por lo que la reproducción  tendría que limitarse por medios naturales. Esto significa, que no pueden darse  más individuos, o tendrán mucha dificultad,  que los que pueden existir en un espacio disponible.
- La lucha por la vida: es inevitable que un gran número de seres vivos mueran antes de que se reproduzcan. Si esto no ocurriera se daría una superpoblación.

Una vez aceptado los principios anteriores podemos entender mejor el planteamiento de Darwin. La evolución biológica se explicaría, entonces, mediante un proceso de selección natural. El crecimiento de las poblaciones obliga a los individuos a una lucha por la supervivencia en la que subsisten los más aptos (los que presentan variaciones más favorables para subsistir adecuadamente en el  medio); por apto no debería entenderse siempre al más fuerte o listo, sino al mejor dotado genéticamente o al que presenta las variaciones más favorables para sobrevivir. Según Darwin la selección natural es un proceso ciego, puesto que las variaciones son espontáneas y producidas al azar y no a través de la acción de los padres que transmiten a sus hijos lo adquirido a lo largo de su vida (como afirmaba Lamarck). La selección natural actúa, de esta manera,  eliminando las variaciones perjudiciales (los individuos con ellas morirían) y conservando las variaciones beneficiosas. 

Las teorías de Darwin suponían un avance frente a las de Lamarck, pero presentaban puntos oscuros respecto a la transmisión de las características adaptativas de la especie; puesto  que no distinguió entre mutaciones y modificaciones. Tampoco pudo conocer el mecanismo de la transmisión de caracteres ya que Mendel descubrió las leyes de la transmisión años después. No conoció, por tanto, el mecanismo científico  de la selección, pero se acercó bastante. 

 C) APORTACIONES DE LA GENÉTICA. MUTACIONISMO

 a) Gregor Johann Mendel (1822-1884, monje agustino y naturalista, nacido  en Austria descubrió, a través de sus investigaciones con  variedades del guisante, las leyes de la herencia genética) en 1.866, casi simultáneamente a la aparición del libro de Darwin sobre la evolución, publicó “Experimentos sobre hibridación de plantas”, lo que se conoció más tarde como las Leyes de Mendel. Como muchas veces ocurre, sus resultados fueron ignorados por completo, y hubo de esperar treinta años para que fueran valorados. Según estas leyes, cada individuo recibía de sus padres una serie de caracteres hereditarios por medio de las células sexuales. Estos caracteres permanecían estables en el individuo, quien, a su vez, lo transmitía a su descendencia.

b) Hugo de Vries (1848-1935, botánico neerlandés y uno de los primeros genetistas que redescubrió las leyes de Mendel) en 1.901 distinguió entre modificaciones, las cuales eran debidas a factores ambientales y no se podían transmitir de padres a hijos (con lo que se descartaba la teoría de Lamarck) y mutaciones, que eran modificaciones más profundas no debidas al ambiente y que se transmitían por herencia de unas generaciones a otras. Introduce también el concepto de mutación súbita hereditaria (cambios cromosómicos). Puesto que los caracteres adquiridos mediante una mutación permanecían estables, tal y como suponía las leyes de Mendel, para De Vries solamente las mutaciones podrían dar lugar a la evolución. De este modo, desecha la teoría de la selección natural propuesta por Darwin como auténtico motor del cambio evolutivo.

c) Mutacionismo: Está basado en las investigaciones de Mendel y De Vries y es defendido por Thomas Hunt Morgan (1866—1945,  genetista estadounidense, galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina) y Lucien Cuénot (1866-1951,  biólogo francés, que demostró que las leyes de Mendel eran aplicables a los animales y plantas). El mutacionismo  afirma que ciertas influencias, obrando sobre las células germinales, provocaron los grandes cambios que originaron la variedad de especies. La causa de las mutaciones se encuentra en los cromosomas y la alteración cromosómica es el motor de la evolución. 

 Los factores que producen esta alteración cromosómica pueden ser: radiaciones  telúricas, radiaciones cósmicas y agitación térmica. Cuando se redescubrieron las leyes de Mendel (recordemos que en un principio no se le prestó atención)   por científicos posteriores como Morgan o Cuénot se  reforzó la idea principal del mutacionismo, y se demostró cómo las alteraciones en los cromosomas se transmiten, se combinan y originan las novedades. Desde el momento en que  las mutaciones  se han inscrito en el patrimonio hereditario ya se transmiten en los cruces aunque se selecciona el tipo medio (ningún extremo). Al igual que los ultradarwinistas, los mutacionistas rechazan la herencia de los caracteres adquiridos.

Al mutacionismo se le añade la hipótesis de la preadaptación, defendida por si Lucien Cuénot, la cual puede ser considerada como un aspecto particular de la selección natural. Permite comprender cómo un animal puede escapar de un medio o de unas condiciones de vida y conquistar un nuevo modo de vida.

 D) TEORÍA SINTÉTICA DE LA EVOLUCIÓN




Esta teoría, propuesta hacia 1.930, se apoya en las observaciones de zoólogos, botánicos, paleontólogos, genéticos y matemáticos. Es una síntesis entre las teorías neodarwinistas y mutacionistas  y, en general, se puede decir que explica la evolución como una combinación de pequeñas variaciones, mutaciones, recombinación de genes, aislamiento geográfico y selección natural que, según las condiciones, será equilibradora, diversificante o direccional.

Para George Gaylord Simpson (1902–1984, biólogo teórico estadounidense y uno de los paleontólogos más influyentes del siglo XX), representante de la teoría, la adaptación es el factor orientativo de la evolución: la selección natural actúa sobre la estructura genética de las poblaciones provocando adaptaciones de los organismos al medio ambiente. Esta adaptación se produce a través de modificaciones morfológicas, fisiológicas y comportamentales. 

 Se establece, pues, una interrelación entre la constitución genética, que regula los mecanismos del desarrollo, y la selección natural, que sirve de guía. Es como si las mutaciones ofrecieran las posibilidades y la selección determinara el camino. Viene a ser así: las mutaciones originan los caracteres que producen las variaciones de las especies; estas mutaciones se producen al azar y se ven muy favorecidas por radiaciones o por algunos agentes químicos; luego, por efecto de migraciones, cambios climáticos o fenómenos biológicos  se producirían aislamientos entre grupos de una misma especie, los cuales siguiendo caminos particulares la diversificarían (proceso de especiación). Todos los procesos naturales que se dan en la Tierra, mediante la selección natural (elimina  a los individuos cuya capacidad congénita no hace que se desarrolle con la necesaria eficacia un carácter adquirido  y favorece a los más capacitados para desarrollar al máximo las facultades congénitas en una determinada dirección) dirigen el curso de la evolución,  regulan la variabilidad genética de las poblaciones y producen la mejor adaptación de todos los seres vivos.


 2. BIOGÉNESIS. EL ORIGEN DE LA VIDA 

2.1. ANTECEDENTES HISTÓRICOS  
             
La concepción evolucionista que en principio se aplicó a la aparición de las especies sobre la tierra se aplica hoy universalmente y se busca un origen evolutivo del universo y de la vida.  Aunque la exacta complejidad bioquímica y celular de los seres vivos no ha sido conocida hasta hace unos años, se sabía desde siempre que la    materia inerte era escasamente compleja respecto a los animales y las plantas. Esto llevó a preguntarse por el origen de la vida.  La poca base científica existente entonces dio lugar a teorías más filosóficas que otra cosa, entre las que se encontraba la teoría de la generación espontánea, la cual afirmaba que los seres vivos surgían de la materia orgánica en descomposición. Aristóteles, que era el principal defensor de esta teoría, aceptaba que, en general,  los seres vivos se originaban de otros seres semejantes, pero que igualmente podían originarse de la materia inerte. 

Toda la Edad Media, incluso épocas posteriores al  Renacimiento,  retuvo la influencia de Aristóteles, con lo que esta creencia fue mantenida, hasta  con fabulaciones, durante bastante tiempo. El primer autor que se enfrentó a ella fue Francesco Redi (1626-1697), quien recurrió al método científico para comprobarla. Redi preparó varios frascos en los que introdujo durante varios días unos trozos de carne y dejó algunos de ellos abiertos y otros cerrados herméticamente. Al cabo de unos días pudo observar que en la carne colocada en los frascos abiertos habían aparecido gusanos (tal y como proponía la generación espontánea) mientras que en los que estaban cerrados no había ninguna forma de vida. 

Tras repetir el experimento, variando algunos elementos, Redi llegó a la conclusión de que los gusanos  que se vieron  sobre la carne de los frascos destapados provenían de los huevos que las moscas habían depositado sobre la misma y no de que la carne en sí hubiera sido la causa. Sin embargo, la controversia siguió durante el siglo XVIII hasta que Louis Pasteur probó que la generación espontánea era inexacta. Pasteur limpió el aire de  organismos vivos, y, a través de diferentes experimentos, concluyó que la vida no puede proceder sino de otra vida preexistente: negó,  por tanto, la teoría de la generación espontánea.

 Una vez sentada la base de que la vida procede de sí misma, quedaba por aclarar cómo y cuándo se originó la primera vida sobre la tierra. Para tratar de esclarecer este punto ha habido dos circunstancias favorables: La formulación de la teoría de la evolución de Darwin y el desarrollo de la física, la química y la genética. 




2.2. OPARIN Y LOS COACERVADOS

En 1924 el bioquímico soviético A.I. Oparin publicó "El Origen de la Vida" en el que exponía una nueva teoría. Según Oparin las moléculas orgánicas habían podido evolucionar fuera de todo organismo, reunirse y formar sistemas cada vez más complejos sometidos a los principios de la evolución, particularmente el de la selección natural. Para Oparin las condiciones existentes cuando se formó la vida en la Tierra serían totalmente diferentes a las que existen en la actualidad. No existirían los gases que integran hoy la atmósfera sino otros como hidrógeno, metano, amoníaco y vapor de agua. 

 Esta mezcla gaseosa, debido a la acción de los rayos solares, daría lugar a un gran número de moléculas orgánicas, las cuales caerían a los océanos, acumulándose durante largos períodos de tiempo sin descomponerse y las moléculas se irían asociando entre sí formando agregados moleculares cada vez más complejos y con una estructura concreta. Estos grupos moleculares (COACERVADOS), se perfeccionaron hasta convertirse en verdaderas estructuras vivientes. Resumiendo, los organismos más sencillos nacidos de los agregados de coacervados darán lugar, por evolución durante millones de años, al mundo vegetal y animal de nuestro planeta.

La teoría de Oparin fue en gran parte probada por el científico Stanley L. Miller. Tuvo la idea de simular en un balón de vidrio la atmósfera primitiva con la mezcla de gases propuesta por Oparin y bombardearla con descargas eléctricas que simularían las radiaciones solares. Cuando al cabo de un tiempo examinó los productos resultantes de la reacción comprobó que se habían sintetizado compuestos orgánicos y, en particular, aminoácidos, a partir de los cuales se formarían las proteínas, componentes fundamentales de la materia viva. Es decir, consiguió formar compuestos orgánicos en condiciones prebiológicas.  La segunda parte de la teoría de Oparin se vería completada por las teorías evolutivas.    
       
3. ANTROPOGÉNESIS. PERSPECTIVA BIOLÓGICA DE LA EVOLUCIÓN DEL SER HUMANO





   

En la escala geológica, nuestra especie, Homo sapiens, es de origen muy reciente. La Tierra se formó hace unos 4650 millones de años y el origen de la vida debió ocurrir hace algo más de unos 3500 millones de años, fecha de la que se conservan fósiles de organismos parecidos a las bacterias de hoy día. 

Durante los primeros 2000 millones de años de la historia de la vida los únicos seres que existían eran las bacterias y organismos semejantes. Los primeros organismos eucariotas (cuyas células tienen núcleo) aparecen hace unos 1500 millones de años, pero son todavía seres microscópicos unicelulares. Los primeros organismos multicelulares surgen hace unos 1500 millones de años y eran organismos acuáticos. 

 Las plantas y los primeros vertebrados aparecen hace unos 500 millones de años. Hace entre 200 y 65 millones de años, los vertebrados más diversos, más numerosos y mayores de la tierra eran los dinosaurios. 

Los mamíferos, sin embargo, no llegaron a diversificarse y multiplicarse de manera importante hasta la extinción de los dinosaurios, hace unos 65 o 70 millones de años. Uno de los grupos de mamíferos que surge entonces es el de los primates, que incluyen a los monos y el hombre. Los primates más antiguos evolucionaron a finales del Cretáceo, hace unos 65 millones de años, a partir de los insectívoros. 

Hace unos 50 millones de años aparecen prosimios parecidos a los lemures vivientes. Los monos propiamente dichos surgen hacia finales del Eoceno y principios del Oligoceno, hace unos 35-40 millones de años. Pronto se separan en dos grupos, los monos del Viejo Mundo (catarrinos) y los del Nuevo Mundo (platirrinos).

Los primeros antecedentes que podrían ser considerados humanos, debido a que ya construían instrumentos, los Australopithecus, aparecen hace unos 4 o 5 millones de años; en cambio, nuestra especie, Homo sapiens,  hace unos 300.000 años que surgió.

 El ser humano es, pues, un animal más, producto de la evolución biológica y apareció en un tiempo relativamente reciente. Como cualquier otra especie viviente, es el resultado de una larga serie de transformaciones, de un proceso evolutivo, y se ha podido establecer una idea de su genealogía con los datos que han aportado la anatomía comparada, la embriología y la paleontología. Somos primates muy semejantes, por nuestros caracteres anatómicos, a las especies vivas con que se forma la familia de los póngidos: gorila, orangután, chimpancé y gibón. Como ellos y otras especies extinguidas, procedemos de una línea ancestral común: la hominoidea, que en el curso de la evolución se fue dividiendo en ramas  distintas que emprendieron evoluciones particulares hasta llegar, por una de ellas, al ser humano actual, a nosotros.

Podemos reconstruir las etapas principales del proceso que, arrancando de alguna desconocida especie de primates  del Mioceno, llega hasta el ser humano actual. Prescindiendo de las primeras etapas, aún poco conocidas y atestiguadas  por restos fósiles escasos (Dryopithecus, Oreopithecus, Ramapithecus), hoy  se acepta generalmente que pueden señalarse cuatro grandes etapas en la historia del género humano.
 
a) La primera etapa la representan los australopitecinos, del Plioceno inferior y superior (aproximadamente de 5 a 1,5 millones de años a. C.). Estaban extendidos por África central y meridional. Forman un género zoológico con dos especies principales: los australopitecos  y los parántropos. Los primeros eran de pequeña talla, con una  estatura semejante a la de los actuales pigmeos, mientras que los segundos son mayores, de aspecto más macizo y dotados de poderosas mandíbulas. 

Todos los australopitecinos, a diferencia de los antropoides actuales, tenían marcha bípeda normal, aunque algo menos perfecta que la del ser humano actual. Su dentición tiende también claramente a la humana y es muy diferente de la de los actuales antropoides. Su capacidad craneal rondaba los 600 cc y no  era, por tanto, muy superior a la del actual chimpancé. Debía, sin embargo, ser más inteligente que él si  como piensan  muchos autores  desarrolló ya una cultura lítica, la llamada "cultura del guijarro”, que es la más primitiva conocida. (Algunos autores, no obstante,  atribuyen esta cultura lítica a un australopiteco avanzado, al que llamaron "homo habilis”) 

b) La segunda etapa la representan los pitecantrópidos, del pleistoceno medio (aproximadamente 600.000 a 260.000 años a. C). Pertenecen al mismo género zoológico que los ser humanos actuales (el género "homo"), del que forman una de las especies: “homo erectus”. Dentro de la especie se conocen distintas variedades, de las cuales las más importantes son el Hombre de Java descubierto en Java en 1892, y el Hombre de Pekín, descubierto cerca de Pekín en 1928.   
    
Las circunstancias que favorecieron el cambio del “homo habilis” al “homo erectus” son debido, por una parte, a cambios en el medio ambiente y, por otra, a una evolución gradual del modo de vida. Las modificaciones ambientales se produjeron por cambios del clima, que se hizo más frío, lo que llevó a buscar refugios y almacenar comida para la época en la caza disminuía, debido, precisamente a las bajas temperaturas. Los homínidos que resolvieron estas dificultades climáticas tuvieran ventajas evolutivas sobre los otros. 

En segundo lugar, la caza de animales, sobre todo de animales grandes, requería el uso de mejores armas y la organización de cacerías en grupos; esto último debe haber influido en el desarrollo de cierto lenguaje y de otras estrategias como cooperación en grupos, lo que conlleva una mayor inteligencia. 

 Así pues, los pitecantrópidos son muy superiores a los australopitecinos. La estructura general del esqueleto es ya muy semejante a la nuestra. También su cabeza y cara es indudablemente más humana que la de los australopitecinos. Su capacidad craneal ronda los 1.000 cc (un poco menos en el Pitecántropo, un poco más en el Sinántropo). Probablemente hay que atribuirles las primeras culturas líticas del Paleolítico inferior: la abbevilliense y la achelense, caracterizadas por el uso extensivo del hacha de mano. La maestría que alcanzaron en su talla e incluso cierto sentido estético que aparece en ellas hablan muy bien de la inteligencia de sus productores. Restos de pitecántropos han aparecido en todo el Antiguo Continente: se trataba, por lo tanto, de una especie sumamente extendida.  

 c) La tercera etapa está representada por el Homo neanderthalensis (Hombre de Neandertal), del pleistoceno superior (180.000 a 300,000 años a. C.). Pertenecen a la misma especie zoológica que nosotros ("homo sapiens")  de la que forman una subespecie: "homo sapiens neanderthalensis". Como los pitecantrópidos, estaban extendidos por todo el Antiguo Continente. 

 La estructura general del esqueleto del ser humano de Neandertal es idéntica a la nuestra. Eran  más bajos y fuertes que los modernos, con cejas salientes, frente huidiza y mandíbula relativamente desarrollada pero sin barbilla. El tamaño del cerebro es de unos 1450 cm3, igual o mayor que la nuestra. 

Parece haber sido el autor de la cultura lítica musteriense, caracterizada por el tallado de piezas pequeñas y funcionalmente especializadas (raederas, puntas, buriles, hachas bifaces, etcétera), y usaban el sílex como material. Vivían en una época glacial, habitaban generalmente en cuevas, lo que supone el dominio del fuego y la habilidad técnica precisa para la preparación de las pieles necesarias para el vestido. Practicaban la inhumación ritual de los muertos. 

d) La cuarta y última etapa está representada por "homo sapiens sapiens", que aparece en el paleolítico superior.  La transición del H. sapiens de Neandertal al H. sapiens sapiens ocurre en Europa, de manera un tanto repentina, durante la cuarta glaciación. Homo sapiens sapiens significa “hombre que piensa”, y es  la única que aún sobrevive de todo el género Homo y de los homínidos. Es una subespecie de origen africano, aparecida hace unos 45.000 o 100.000 años, que se ha extendido por toda la Tierra, cultiva la tierra, domestica animales y ha creado una cultura superior a las demás especies. 

 Estas son las etapas más importantes de la evolución humana.  Desde el punto de vista de la evolución morfológica, hay que destacar dos factores que han tenido una gran importancia en este proceso evolutivo. 

a) El aumento espectacular de la capacidad craneal, que pasa de 500 cm3 en los australopitecinos a 1.3500 cm3 en el ser humano actual. Este enorme aumento de cerebro ha constituido una condición indispensable para el desarrollo del pensamiento y del lenguaje.

b) La postura bípeda y vertical, única entre los mamíferos. Se encuentra ya entre los australopitecinos y trae consigo la liberación de las manos, que no son ya necesarias para la marcha, y sí en el empleo y fabricación de instrumentos. Aunque otras especies animales usan ocasionalmente objetos materiales (espinas, piedrecitas, bastones, etcétera) como instrumentos, en ninguna, aparte de la humana, se encuentra  la utilización sistemática  de los objetos para perfeccionar la actividad propia.  
  
 Desde  su aparición más remota, el ser humano es a la vez conocedor y transformador del mundo. La capacidad teórica y práctica, simbolizadas por el cerebro y la mano, han crecido en él paralelamente; y la unión de ambas para responder al desafío fue, quizá, el empujón decisivo que hizo que el ser humano tomara un camino absolutamente nuevo en la historia de la evolución.


Este tema continúa en

Naturaleza y cultura. II parte

BIBLIOGRAFÍA





   

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