Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Queda la noche, de Soledad Puértolas. (Crítica)

23 de diciembre de 2015

Queda la noche, de Soledad Puértolas. (Crítica)

Reseña Queda la noche
Hay reseñas que se escriben sin ganas y esta es una de ellas. La redacto para que me sirva de recordatorio, para  no olvidarme de que me leí este libro y  no se me vuelva a ocurrir cogerlo de nuevo. Cometí ese error hace semanas y, como he estado remoloneando, ahora tendré que revisarlo para refrescar mi memoria borrosa.

Primero comienzo con datos de su biografía, pues no entiendo aquellas reseñas que se saltan drásticamente esa información. Supongo que pensarán que está en Internet, pero si es por eso, todo está allí, hasta el libro completo para que cada uno se lo lea sin recurrir a reseñas previas. Y suelo echarla de menos, la biografía,  cuando leo alguna crítica. Para que no le ocurra lo mismo a mis lectores y yo pueda cumplir con algunos estándares de calidad, ahí va esta:

Soledad Puértolas Villanueva nació en Zaragoza en 1947. En 1961 se trasladó  a Madrid, donde comenzó a estudiar  Ciencias Políticas, sin embargo, no la concluyó. Luego se fue a Bilbao a estudiar Económicas y tampoco acabó la carrera. Algo inconstante debía de ser esta mujer en sus tiempos juveniles. Al final se licenció en Periodismo. Su marido obtuvo varias becas que los condujeron a vivir en Noruega, primero, y luego en EE.UU. En la Universidad de California realizó un máster (en nuestro país aún no había de eso o tenía otro nombre) en Lengua y Literatura Española y Portuguesa. Regresó a España en 1974 y ocupó el puesto de  asesora del Ministerio de Cultura (esto es entrar por la puerta grande). También fue la directora de la Editorial Destino.

Por la novela El bandido doblemente armado ganó el Premio Sésamo en 1979 y el Planeta, en 1989, con esta maravilla, a punto de olvidárseme, de Queda la noche. En 1993 con el ensayo La vida oculta le concedieron el  Premio Anagrama en esa modalidad; luego, obtuvo otros galardones como el Premio de las Letras Aragonesas en el año 2003, y desde el 2010 forma parte de la Real Academia Española de la Lengua. Entre sus obras, destacan, además de las nombradas, Días del Arenal, Si al atardecer llegara el mensajero o Historia de un abrigo. 

La novela objeto de esta reseña ganó el Premio Planeta, cuyo prestigio, desde hace unos años  —e ignoro si siempre— ha ido en picado, y en la actualidad padece de gran descrédito; incluso, algunos escritores como Delibes o Ernesto Sábato han dicho que se lo llegaron a ofrecer. Admiro esa sustanciosa dotación económica tan susceptible de anular la honestidad más aguerrida; sin embargo, que el premio esté cantado debiera, desde mi óptica, servir de mayor exigencia para que el autor postulante se esfuerce un poquito más. Vamos, actuar de refuerzo positivo, pero antes estos resultados y otros del mismo estilo, fáciles de  ser comprobados, tengo mis dudas (aunque no podría afirmar que a esta señora le hayan ofrecido el premio, a tanto no me atrevo). Lo que sí pienso es que con independencia del estipendio económico, la prevalencia de la calidad literaria es crucial si el autor  desea  conservar su buena fama.  

Esta novela me parece especialmente destacable por su mediocridad  e insulsez. Es desabrida de arriba abajo y su historia se me fue a la nube más gris del firmamento; no obstante, intentaré entresacar su  trama. 

Aurora  vive con sus padres y cada verano le surge el problema de en qué lugar transcurrirá aquel. Por parte de ellos no hay problema, puesto que suelen veranear en El Arenal, pero la protagonista debe llevarlos hasta allí y ayudarlos en su instalación, mientras busca una asistenta para el lugar de vacaciones (son de familia acomodada). A la vez nos enteramos de que mantiene relaciones con un casado;  aunque no se sabe ni por qué ni para qué, ni qué siente por él, dado que solo nos ofrece unos mínimos detalles y ninguno es amoroso. Se limita a recordar, de pasada, el último encuentro, la ruptura silenciosa y ya está.  Me resultó sorprendente esa aridez sentimental;  se supone que sería una relación importante en la vida de la protagonista, si no, ¿para qué la nombra? Ni idea, ni siquiera me entero si había enganche sexual, ya que emotivos no se notaron los recuerdos. 

En la inanidad transcurre la vida de esta mujer, hasta que se va con su amigo Mario de viaje a Oriente. Simpático lo de Oriente, como si no hubiera países concretos. De estos se mencionan ciudades como Kyoto, Hong Kong y Delhi. En esta última traba contacto con varios personajes: un par de hindúes, uno de los cuales la atrajo inmediatamente; una misteriosa  señora alemana, empeñada en sacarle fotos; un intrigante inglés, aficionado a la ópera, James Wastley; y una funcionaria que, de vuelta de un congreso en Sri Lanka, había decidido pasar unos días en Delhi, la cual tendrá un trágico final (la mujer, no Delhi). Estos personajes le sirven para sentar las bases de una historia en la que crees que realmente van a ocurrir cosas, pues hasta el ¡KGB! interviene, y agentes dobles andan implicados. Pero, me temo, la espera se eterniza demasiado hasta que llegas al final del libro y se abren camino, sin remedio, las preguntas: ¿qué pasó ahí, qué le sucedió a ella, la protagonista, qué saco yo de todo esto?

Me resultó llamativo el relato de las pequeñas actos que en otras narraciones son completamente prescindibles. Sentí como si a la autora le faltaran recursos para comunicarles vida a esos personajes, a esa historia y se viera obligada a apelar al relato minucioso de las acciones. En esos detalles a la narradora, quien es la misma protagonista, pues está en primera persona, le falta capacidad reflexiva o intimista y bastante gracia. En ocasiones parece el recitado de la lista de la compra en esa asepsia por detallar los actos y por la poca vida que le imprime a unos escenarios. 

Por ejemplo, recorre el Taj Mahal pero lo despacha en seis líneas recurriendo a tópicos descriptivos como los siguientes, entre los que destaca la redundancia de los adverbios: ”Recorrimos magníficas estancias y patios, arrastrando los pies por el suelo sagrado. Yo estaba demasiado cansada y hacía demasiado calor. Había demasiada gente a mi alrededor y el Taj Mahal era demasiado grande. Brillaba, blanco y majestuoso, bajo el sol, y cegó mis ojos”. Con la misma se va al río y se olvida del monumento para siempre (a ver si un día la RAE me hace el favor de quitar la palabra majestuosa, por choteada y vacía, del diccionario). No es que la autora esté obligada a realizar descripciones pero si ubicas parte de la novela en la India y tratas este aspecto como si no hubieras salido del escritorio de tu casa en España, suena falso, de escritora primeriza (ella no lo era cuando fue premiada). Y si fue realmente, desaprovechó la oportunidad de darle vida, color y emoción a esa novela.

Respecto a los personajes, aparte de los ya nombrados, se mencionan otros más (su hermana y un nuevo amor que surge más allá de la mitad del libro), de los que no se sabe muy bien qué papeles ocupan en la historia, excepto la de rellenar; no aportan nada y desaparecen del mismo modo que surgen, por arte de magia, pese a que  a algunos de ellos les hace un detalle pormenorizado de sus acciones. La influencia ejercida en la protagonista y en la historia principal no da visos de ser destacable. Los veo, en suma,  poco definidos, manteniendo unas relaciones que no se sustentan bien, o son escasamente explicadas, o no se advierte la importancia en la novela.

El lenguaje que utiliza no posee elementos de extraordinaria belleza ni son llamativos (metafóricos, sugerentes, originales, exagerados o brutales),  de esos que cuando los encuentro en libro, vuelvo a atrás una y otra vez para recrearme en ellos y paladearlos con lentitud. Nada, sin ningún interés la redacción. 

El contexto en donde se desarrolla la historia es contemporáneo a la publicación de la novela, finales de los años ochenta, cuando el KGB andaba dando los últimos coletazos en el miedo colectivo europeo. Digo yo que por eso la autora lo introduce de modo tan oportuno en esta obra y echa mano de él, aunque lo suelta con la misma ligereza. En realidad no lo aprovecha nada, aunque lo mencione como otro elemento más para entretener. ¿Para qué uno se mete en camisa de once varas si luego no sabe ajustársela bien ni cómo quitársela? A mí de pequeña, en el colegio, la señorita Ofelia me dio un consejo valioso: en un relato uno debe hablar de lo que sabe, de experiencias cercanas en contextos más o menos conocidos, o informarse bien si te alejas de las zonas próximas, si no sale algo muy artificial. Ella no debió de tener a ninguna señorita Ofelia como maestra o esa novela se escribió con mucha premura.

La información que me he encontrado sobre la temática de la escritora considera que esta se centra en la introspección, en la incoherencia y en la búsqueda del sentido de la vida moderna. Asimismo se nos dice que sus personajes, además de reflexionar sobre la  soledad, el descubrimiento y la construcción de sí mismos, o la aceptación de los papeles establecidos, tratan de llenar el vacío de la existencia y buscar la felicidad (¡!).  Me entero, ahí también, de que Soledad Puértolas a través de situaciones y múltiples posibilidades pretende reflejar el  ritmo de nuestra vida moderna. Bien, sé de estos temas por lo que me encontré al margen de libro, pues en esa narrativa insulsa esas pretensiones existencialistas no se reflejan con éxito, ni en sus personajes ni en sus pensamientos ni en la historia contada.

Acabo  con estas frases de la escritora en las que asegura que Queda la noche es su obra "más reflexiva" y afirma que la diferencia con sus novelas anteriores está en "la utilización de la primera persona: la protagonista se abre y se explica, no se encierra en sí misma, como lo hacen los personajes de mis libros anteriores".  Me parecieron muy curiosas estas frases: yo vi la novela carente de reflexión y de introspección, excepto unas cuantas páginas finales, insuficientes.

Amable lector o lectora, sé que he sido un poco dura con esta crítica, pero hay premios y negocios que no entiendo y me gusta mucho la literatura para ser compasiva con las malas novelas que han sido obsequiadas con tanta generosidad. 


Queda la noche, de Soledad Puértolas (Reseña) -
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©Ángeles Impíos

6 comentarios:

  1. Ana Linares Luis29/12/15 14:35

    No he leído esta novela, pero siempre es de agradecer que alguien aporte alguna crítica, sea a favor o en contra, de las obras, y de los chanchullos que hay detrás de algunos certámenes. Me gusta la claridad con la que argumentas, y ese toque de ironía con que siempre acompañas tus escritos: Es un placer leerte, gracias y un beso.

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    1. Muchas gracias, Ani, siempre me gustas que comentes, aunque no te hayas leído la novela y quizá, después de lo dicho en la reseña, se te quiten las ganas. Debe de haber chanchullos, sino no se explican algunos premios, dada la ínfima calidad que poseen. Un beso.

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  2. Comparto contigo y con Ana la opinión sobre estos premios, a priori. Hace tiempo me leí algo de esta mujer, y no sabría siquiera decir si fue este mismo libro, lo cierto es que no recuerdo nada de él, ni bueno, ni malo, nada. Por tanto no puedo juzgar aunque sí puedo aventurar que no me dejó huella, puesto que nada recuerdo; no obstante, de eso no tiene por qué ser la autora la responsable, sino yo misma por mi flaca memoria. En cualquier caso creo que tu reseña no es baladí, en el sentido de que aportas bastantes datos para argumentar tus refutaciones. Y el consejo de la señorita Ofelia me parece muy sabia. Procuraré tenerlo en cuenta. Gracias por tus reseñas. Un abrazo.

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    1. Nos pasa lo mismo con la memoria; yo confío, no obstante, en que su falta sea directamente proporcional al número de libros leídos, o que se quede en algún lado un pequeño poso. Respecto a la señorita Ofelia, era una de esas maestras que se valoran una vez ya no te dan clase. La recuerdo como una buena mujer y una buena profesora de lengua que me llevó hasta a un concurso de redacción, en el que no me saqué nada. El tema era la granja y, aunque me inventé un cuento, porque de animales ni tenía ni tengo idea, no me dio resultado. Pero su huella quedó. Un beso, guapa.

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  3. Muy buena reseña de esta novela. Como siempre impecable tu trabajo!!!

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    1. Gracias, amiga, por no faltarme nunca un comentario tuyo. Un abrazo

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