Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Las Cañadas del Teide y las fuerzas telúricas. (Relato)

3 de enero de 2016

Las Cañadas del Teide y las fuerzas telúricas. (Relato)


El Teide
En casa me dicen que estoy confuso y que soy díscolo; no sé si creérmelo. Es cierto que a veces camino firme hacia un destino, con los objetivos bien trazados, hasta que de pronto se me tuerce la ruta y giro a la izquierda; luego me arrepiento y doblo por la bocacalle que se encuentra a la derecha; aunque, probablemente  recapacite más tarde y piense que hacia delante, directo al frente, me va a ir mejor; pero…, ¿y ahora qué pasa?, ¿por qué retrocedo? ¡Vaya!, he de darles la razón: parece que suelo discurrir en todos los sentidos menos en el que  pensaba en un inicio. Quizá sea culpa de mi juventud, que me produce cierto déficit de atención y me entretiene en múltiples tareas que en ocasiones no acabo.

Roques de las Cañadas
El último 25 de diciembre me desperté aún cansado, con el estómago lleno y la mente nublada; bueno, en atención a la verdad, habría de precisar que aquella la traigo en brumas desde hace varias semanas. Esa noche,  además, me acosté tarde y ya sabía que mis hábitos, por los que tanto apego conservo, se trastocarían en  Navidad. Durante  las mañanas en la que suelo estar solo en la casa, me siento a escribir en mi blog de poesía y  dejo transcurrir el tiempo sin que nadie me distraiga; pero ese día festivo  me acompañaba la familia dibujando un paréntesis entre mis costumbres. No fueron a trabajar y desayunamos juntos.

Ya que no podía dedicarme a mi afición favorita, concebí la posibilidad de salir a dar un paseo a la naturaleza más agreste de la isla. Llevaba semanas  sin estar bajo la luz del sol, por eso, cuando vi por la ventana las sombras que aquel esbozaba en la calzada, quise ir a uno de los mejores  sitios, Las Cañadas del Teide, para disfrutar en directo de su energía. 


Rayos de sol en Llano de Ucanca
El problema es que luego deseé publicar las fotos, lo que me supuso un dilema que aumentó mi perplejidad innata. Si pensaba dedicarme a la literatura y a la poesía, y para ello emborronaba con ahínco mi blog de elaborados poemas, qué carajo pintaría un reportaje fotográfico sobre el Teide  y sus alrededores entre esas páginas literarias; quizá los lectores se distrajeran demasiado  de lo que ya tenían asumido qué podría ofrecerles; tal vez ejerciera un desafortunado efecto sobre mis objetivos iniciales. Y me negaba a escribirle versos al Teide. Ya se los recité con escasa fortuna a los catorce años, por lo que las ganas de retomar esas loas eran inexistentes. 

Jugando enredado en  esas ideas, mientras respiraba con fatiga  (puede que no me hubiera curado del todo), permanecí absorto un  rato debajo de una roca gigante, en la atalaya del Llano de Ucanca, en pleno parque de la Cañadas. Aquella materia inerte, ese risco que en un principio me pasó desapercibido, poseía una formidable fuerza telúrica que, esa tarde, estaba dispuesta a dármela a conocer. 

Roques de García
Como el Pensador de Rodin
Mis meditaciones habían despertado al señor Rocoso, quien, muy pensativo al igual que yo, solía observar al pie de su trono a los paseantes diarios que daban vueltas en derredor. Hasta él debió de llegar la inquietud del nuevo rumbo que quería darle a mi blog, y, como se apiadó, salió de su letargo y del asombro en el que llevaba detenido a causa de la afluencia  de gente que iba, por obra y gracia del turismo, a visitarlo a la mínima ocasión, nevara o quemara el sol, y me respondió por comunicación directa, a través de vibraciones de la tierra. 

No obstante, seguí confuso durante un rato; me costaba captar por qué motivo, allí sentado debajo de aquella gran piedra, mis preguntas obtenían respuestas y de dónde venían éstas. No se transmitían a través de sonidos que se propagaran por  ondas sonoras hasta alcanzar los conductos auditivos. Eran, en cambio, como pulsaciones que se abrían camino en mi cerebro siguiendo una ruta directa hacia la zona donde se enredaban los pensamientos. Y allí se quedaron, dispuestas a limpiarlos y a ofrecerme otras evidencias.  

Malpaís sobre el Llano de Ucanca
Sorprendido por este efecto, y asustado también, me incorporé de dónde me encontraba, me alejé unos metros hasta el final del camino, notando cómo aquellos pensamientos se apelotonaban de nuevo a medida que me alejaba; a la vez que se oscurecían, la confusión regresaba con ímpetu. 

Volví a acercarme de nuevo al pedrusco, con calma, para revisar a don Rocoso de arriba abajo. Así estuve unos minutos, inmerso en el silencio,  con la mirada fija en aquel modelo de escultura. Percibí que me identificaba con él en absoluta simbiosis. Me entregué a la escucha, pues; atento a lo que me decía esa roca enorme que simulaba un pensador sorprendido, como si Rodín se hubiera acercado a aquellas tierras y se postrara también ante él,  con la esperanza de poder moldearlo, conocedor de su fama futura tras la copia.  

Me convencieron las señales del peñasco. Sin embargo, tardé un rato en sentirme persuadido, pero sus argumentos me despejaron las dudas sobre sí debía o no darle un lugar reconocido a esos paisajes, o sobre hacia dónde habría de dirigir mi literatura si la oportunidad se me presentaba y había belleza en ello.
Llano de Ucanca

Me transmitió libertad, no sin antes hacerme reflexionar  si me hallaba en deuda con alguien en concreto, a quién debería agradar, por los contenidos de mi blog; si recibía alguna remuneración por él; si pensaba que esa actividad me iba a resolver la vida futura o si escribía para ganar más aprecio personal en las redes sociales, tan boyantes y, a la vez, tan veleidosas. Contesté que no.  

—La escritura es una actividad paralela a los estudios que curso en la Universidad por la tarde y de los que espero, con el tiempo, que me sirvan para trabajar. Pero ahora escribo para mí y me niego a participar en concursos  (para que no me frustre el no premio ni tenga que  inventar sobre un tema que esté en las antípodas de mis intereses); también renuncio a mendigar el favor de alguna editorial ni quiero que desde fuera nadie  tire de ninguna cuerda; si no tendría que acomodarme a demandas ajenas. Solo me exijo calidad (lo que yo concibo que es) y sentirme satisfecho de lo que hago. — Así le dije mientras notaba que la temperatura de mi cuerpo estaba ascendiendo en oleadas; a ratos sentía calor y en el segundo posterior una sensación gélida apaleaba mis músculos.
Vista desde los Roques de García

—¿Pues, entonces, chico? ¿Cuál es el temor? Si escribes por placer y a nadie le debes nada, porque no recibes pagos,  haz uso de tu libertad y si te apetece crear un álbum sobre tu viaje por las Cañadas, hazlo,  y si aspiras a inventarte el mundo, fantasea, y si quieres darme vida, fotografiarme y enseñarme al ruso que se conecta contigo desde la estepa siberiana para leer tus entradas, adelante. Aunque, te diré una cosa, he sido testigo de hechos que tienen un aura literaria poderosa, que bien casan con tus intenciones, y estaría encantado de contártelos. —Me transmitió el señor Rocoso, ahora en tono misterioso, a ráfagas de impulsos que subían desde el suelo en el que yo estaba sentado.

Levanté la cabeza para verlo mejor y di otra vuelta a su alrededor sintiendo cómo retumbaban en mi interior  las ultimas señales que acababa de recibir. Después me alejé para sacarle una foto y pensé que era imposible no publicar un retrato de mi nuevo amigo ni quedarme un poco más bajo su influjo.  Mientras tomaba  esa decisión me  prometí que no iba a ser  la última vez:  la naturaleza,  el paisaje, el árbol, la montaña,  el agua, me rendían y deseaba que ocuparan un lugar primordial entre las cosas que amaba.

Vista de la Fortaleza al fondo
Sentí curiosidad por los mitos que conocía  la roca y no quise irme de allí sin saber de ellos. Y poco a poco, entretanto yo fotografiaba aquel entorno, me iba llegando el eco de esas leyendas. Ahora podía alejarme más, porque la comunión establecida con el peñasco acarreaba que éste se esmerara en extender su influjo hacia un diámetro superior al del principio. Así pudo contarme la historia de Guayota.

—Los antiguos pobladores de Tenerife, los guanches, concebían  al Teide como  una montaña sagrada, en cuyo interior se encontraba el infierno; por eso lo llamaban Echeide y dentro de él moraba Guayota,  un ser maligno. Para calmar su ira y que a la vez el demonio pudiera contener al volcán, pues cada cierto tiempo se manifestaba feroz escupiendo lava y fuego,  los guanches depositaban diversas ofrendas a sus pies, en la base de la montaña. 
Vista a El Teide

—¿Sí,  qué colocaban? — interrumpí su narración para indagar sobre los detalles, no fuera que me quedara sin saber si esas ofrendas eran animales, personas, o cosas. 

—No, no eran sacrificios de personas ni de animales. Les entregaban vasijas, ánforas y otros objetos —¿Cómo adivinó mi pensamiento?; no cesaba de sorprenderme. —Cuenta la leyenda, y lo pude presenciar yo con mis propias piedras, ese perverso demonio un día apresó a Magec, el dios del sol y la luz, y lo encerró en el interior del volcán. Entonces, la noche cubrió de la más pesada oscuridad a  las islas y los Tibicenas (los hijos de Guayota trasformados en sombríos perros), amparados en esa negrura, se comían los ganados. Los aborígenes se asustaron tanto que clamaron socorro al dios poderoso de los cielos,  Achamán, para que los ayudara a vencer a Guayota. Se inició así una pelea feroz hasta que Magec fue liberado. Con él regresó de nuevo  la luz y, para que nunca más volviera a producirse el mismo mal, Achamán cerró la abertura al volcán con Guayota dentro. Ese tapón es lo que se llama el Pan de Azúcar, y es el cono blanco  que se aprecia en la punta de Echeide. 

Entre rocas por Las Cañadas del Teide
Me encantaba lo que narraba. No tenía ni idea de esa leyenda. Había oído hablar de Magec y Achamán pero no sabía nada de ellos. 

—Guayota todavía está encerrado en las entrañas  del volcán —continuó enviándome señales el señor Rocoso—, y, como no se rinde con facilidad ni quiere que nadie se olvide de él, de vez en cuando arroja por la oscura boca de Echeide ceniza y lava que atemorizan a los habitantes, sabedores del peligro que encierra el volcán en su interior. Si te atrapa te puede llevar hasta  el infierno.

Estaba impresionado. Es verdad que en algunas noches el cielo que cubre el Teide se tiñe de rojo, como si se mezclara con las llamas que despide la tierra a su alrededor  o como si el fuego y el volcán fuera una misma cosa.

Mar de nubes en el Teide

—El poder que tengo para comunicarme contigo —aseguró más tarde don Rocoso, al final de la senda que yo me había planificado por aquel lugar—  viene de las fuerzas terrestres, internas, y  no solo sirve para tranquilizarte, sino también genera fenómenos que a los ojos de los demás causaron asombro. Por ello,  muchas personas se han acercado a mis pies  a investigar si aquí han aterrizado  ovnis, si ha sido el hábitat de seres gigantes, o a qué se deben las huellas o pisadas extraordinarias que algunos han visto.

Vegetación de Las Cañadas
—¿Y eso es verdad? ¿Ha habido presencias de ovnis aquí? —pregunté entusiasmado, sin prestarle atención a los temblores, que se incrementaban por segundos. Desde hacía un rato llevaba sintiendo la subida de la fiebre, aunque no quise darme por vencido sin saber más de este lugar.

—Eso no lo puedo desvelar. Sí te diré que en el año 1989, acudieron unas 40000 personas para intentar establecer contacto extraterrestre. Si fue un fraude o no,  se queda en mis entrañas. Pero este lugar llama mucho la atención. En 1978 otras miles acudieron hasta el Valle de Ucanca para trasmitir, a través de la energía mental, pensamientos de paz y amor a todo el planeta. También guardaré el secreto por ahora sobre si la humanidad captó la onda o no. Lo que sí te cuento, y esto será lo último, es que hace unos dieciocho años casi se empaña de sangre el buen nombre de este sitio. 

—¿Qué sucedió? —pregunté ante la pausa que detuvo al señor Rocoso en su relato. Me moría de la curiosidad.

Tajinastes en invierno
—La Policía impidió que se produjera aquí un suicidio colectivo de 14 mujeres, 13 hombres y cinco menores. Fue planeado por una psicóloga alemana, Heide Fittkau-Garthe, residente en  la isla desde hacía más de diez años y  líder de una rama de la secta Orden del Templo Solar.  Ella preparaba a sus pacientes para la llegada del fin del mundo, el cual estaba previsto para las ocho de la tarde del ocho de enero de 1998. La idea era que el grupo viniera hasta aquí,  Las Cañadas, a donde iba a llegar una nave espacial para salvarlos de su final; pero, si no aterrizaba, debía celebrarse ese suicidio. Lo que nunca supe es si ella también pensaba matarse.

Uf, suspiré y ya no quise, ni casi podía,  pronunciar ninguna palabra más. Agradecido por el rato que me había hecho disfrutar, por todo lo que me contó y por haberme aclarado mis indecisiones, di la última vuelta a su alrededor. Me  admiraba el poder que encerraba aquel entorno. Se había nublado y un viento helado comenzó a rodearme al salir del camino en el que se encontraba el pedrusco y donde al final del asfalto, sentada dentro del coche, me aguardaba la familia. 

—¡Ángel, venga ya! ¡Estamos hartos de esperar, que hace mucho frío! —se oía la voz de mi hermana pequeña, llamándome desde el auto.

La arena de Las Cañadas
—Ya voy, ya voy…—Apresuré el paso y cuando estaba cerca comencé a explicarme para  que no pensaran mal de mí—: Es que me entretuve con el señor Rocoso;  me ha contado cosas muy interesantes de este lugar.

—¿Con quién? —preguntaron al unísono mis padres con un ligero acento de alarma en sus voces; mientras, mi madre sostenía la puerta trasera del coche para que me acomodara  dentro.

—Con el risco que está al final de este camino. Se parece al Pensador de Rodín. ¿No vieron cómo hablaba conmigo?

—Ay, mami y papi, que a Ángel le van a venir las visiones iguales a las que tuvo la semana pasada —soltó mi hermanita, observándome fijamente con cara de pasmo—.  ¿Sigues malito?

Mis padres se miraron entre ellos preocupados y  mamá estiró el brazo para tocarme la  frente. Yo sé que ardía.

—¡Vamos a urgencias! —Exclamó asustada, dirigiéndose a mi padre—. No, si es que no debimos subir. Ya lo decía yo. Ese interés repentino por las Cañadas; ya lo vi venir cuando se quedó anoche embebido en el libro que le regalamos sobre los mitos y leyendas del Teide. Se notó que le gustó, pero ya comencé a sospechar algo raro. Qué locura, subir  hoy hasta aquí… Y nosotros que se lo consentimos todo. 

—No ocurre nada, mamá. Tú verás cómo te gusta la leyenda que me contó el señor Rocoso . — Intenté tranquilizarla. 

—¿El señor Rocoso?¡Qué señor, ni qué tonterías…!¡Los Roques de García! 

Teide y los Roques de García




Anochecer en El Teide
Mar de nubes. Noche

14 comentarios:

  1. Preciosas las fotografías!!! y el relato que te ha servido de hilo conductor para introducirnos en ese espacio mágico es muy ingenioso. Me encanta la similitud de los Roques de García con El Pensador de Rodin.

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    1. ¿A qué se parece? Buscaba una excusa para enseñar las Cañadas, pero al final hasta me cayó bien Ángel. Un beso, querida amiga.

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  2. Muy buen relato. Una idea original y sugerente. Unas imágenes literarias acertadas sin caer en el exceso. El relato tiene fluidez, se me hizo corto debido a ello. Me ha gustado mucho el efecto de esos medicamentos. Me estoy empezando a sentir un poco mal. Pásame lsa recetas jeje. Las fotos son preciosas, Ángeles, me quefo con la del Teide y cielo rojo detrás. Gracias por darnos tu arte. Un abrazo.

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    1. Más que por el efecto de los medicamentos fue por las altas fiebres que llevaba consigo el pobre chico. Pero el caso es que alguna alucinación tuvo. Gracias por tu comentario, querida Balbi, siempre son bienvenidos.

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  3. Sin conocer el Téide, esta mañana he estado allí, gracias a tu relato y preciosas fotografías. Gracias por este regalo mañanero.

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    1. Muchas gracias a ti, Mari, por acercarte a esta tierra a través de mi relato y por comentarme. Un beso.

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  4. Ingenioso relato. Gracias por compartir de esta forma las maravillas de tu tierra. Cada día tengo más ganas de visitarla. Besos.

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    1. Gracias, Manuel, por tu comentario y vale mucho la pena acercarse a esta isla. Saludos afectuosos.

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  5. Ana Linares Luis7/1/16 13:12

    Sorprendente y sorprendida gratamente. Me encantó, y síguenos sorprendiendo, por favor. Magníficas y preciosas fotografías,

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    1. El paisaje ofrece esas fotos. No tiene mérito, de lo que si me alegro es de sorprenderte y espero que haya sido para bien.

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  6. Me ha gustado mucho,es muy original y al tiempo ilustrativo sobre cuestiones relacionadas con el Teide que los chicharreros deberíamos saber.También me han gustado las fotos.

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    1. Muchas gracias, Ernesto, los comentarios son muy valiosos y que alguien que no acostumbre a hacerlo se acerque a mis páginas es doblemente valorado (sin desmerecer a mis amigos que nunca me dejan sola). Es cierto que los chicharreros deberíamos conocer más sobre ese paisaje mágico, pero mira que yo lo ignoraba también. Lo aprendí con Ángel, bajo el influjo del pensador Rocoso. Gracias, de nuevo, y ojalá no sea la última vez.

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  7. Que buen relato, es la primera vez que entro a tu blog, al principio tuve pereza, porque lo primero que hice fue mirar lo largo que era, pero no me arrepiento de haberle dado una oportunidad. Ya estoy preparando el petate para irme al Roque Nublo. Aunque he de admitir, que al final, la posibilidad la posibilidad, de que todo fuera un delirio, me apenó un poco el alma.
    Saludos

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    1. Hola, es cierto que mis textos son largos y comprendo que dé pereza, porque a mí me sucede cuando veo en otros blogs algunos larguísimos y temo aburrirme a la mitad. Sé que se estila la brevedad pero confío en el buen lector, y si se aburre, que me abandone. El final tuvo que ser un delirio para darle credibilidad, aunque lo que cuento es verdad (el mito de Guayota y todo lo demás). Muchas gracias por acercarte a mi blog y, sobre todo, por decirme que no te arrepientes. Y suerte en tu viaje a Roque Nublo.

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