Not seeing a Scroll to Top Button? Go to our FAQ page for more info. Qué ignorita más bonita. Relatos, fotografía y filosofía.: Una mujer de recursos, de Elizabeth Forsythe Hailey. (Crítica)

29 de marzo de 2016

Una mujer de recursos, de Elizabeth Forsythe Hailey. (Crítica)




Me gustó el libro. Es de lectura sencilla, agradable.  Esto no significa que su estilo sea descuidado o burdo, como he visto que se estila en la actualidad en algunas novelas, debido al empeño de que el formato desenfadado llegue a un público más amplio. Parece fácil escribir con sencillez, porque la lectura discurre sin tropiezos, y nos puede dar  la sensación de que su  armonía y naturalidad debió de haber salido de un quehacer similar. Pero cuesta y no es tan simple. Las novatas, como yo, tendemos a enrevesar y complicar la lectura. A veces me sorprende cómo salen las frases alteradas en el orden o algunas kilométricas llenas de incisos. No es mi deseo, pero será que la manera de pensar, perdida en digresiones, conduce a ello.

En esta novela los hechos se suceden de modo apacible, sobre todo, los del mundo casi perfecto que cuenta. Solo se ve empañado por dos muertes trágicas (su primer marido y su hijo, pues no sé si la de madre entraría en la misma calificación), pero tampoco se recrea excesivamente en ellas, aunque incide en varias ocasiones en sus ausencias. Sin embargo, el hecho de que su tiempo pase por las dos grandes guerras podría dar lugar a más calamidades. También es cierto que la protagonista poseía una fortuna privilegiada, lo que la llevaría no solo a viajar constantemente por Europa o Sudamérica (en sus últimas décadas), sino a vivir con la suficiente holgura para que en esa época las circunstancias no la  lastimen demasiado. 

No hay muchos datos biográficos de su  autora, Elizabeth Forsythe Hailey,  en Internet. En el prólogo escrito por ella misma nos  informa que nació en 1938 en Dallas (Tejas) y que el año 1958 permaneció en París, a causa  de un curso que ofrecía en el extranjero el Hollins College de Virginia. Esa estancia le cambió la manera de ver la realidad y adquirió la certeza de que por medio de la literatura el mundo se le ensancharía más (yo también tengo el mismo convencimiento). Al año siguiente se casó con el dramaturgo Oliver Hailey, en ese entonces un aspirante a autor teatral. Primero residió en Nueva York, y luego en California, donde nacieron sus hijas. 

Comenzó en la literatura por el afán de buscar una ocupación propia que pudiera compaginar con las tareas de cuidar a su familia. Lo cuenta como si en vez de dedicarse a la literatura pudiera entretenerse con el ganchillo o vendiendo tartas caseras. Supongo que no es sino un prurito modesto. No tenía fe en sí misma como escritora de ficción (dice que le aprobaron el único curso de escritura creativa que recibió, gracias a que su profesor novato no deseaba  suspender a nadie en el primer semestre del ejercicio de la profesión) y para superar ese miedo se inclinó por el género que le parecía más cómodo para una principiante: una novela en forma epistolar y sobre su abuela, cuya vida estaba a la altura de un buen personaje de la literatura. 

Las cartas son, nos dice la autora, además de un buen recurso dramático, una estrategia útil, pues ya se desenvuelven en el tiempo, permiten el ahorro de las descripciones narrativas y la utilización de elipsis llevan al lector a que pueda imaginarse con naturalidad las acciones que se omiten. Creo que tiene toda la razón y percibo que ese género puede ser muy fecundo. 

El libro se publicó en 1978 y, según ella,  la mejor crítica la recibió de una amiga de su abuela, la cual creyó que, realmente, se habían conservado todas las cartas, pues era muy propio de ella hacer tal cosa y porque, imagino, reflejaría a la perfección la personalidad de la protagonista. 

La autora tiene una producción literaria muy corta. Si cumplió lo que prometía en el prólogo de esta novela, la siguiente obra trataría sobre la vida de  su madre y, a continuación, vendría otra sobre la suya propia. Los títulos en inglés, dado que no sé si los libros están editados en español, son: Life Sentences (1982), Johanna’s Husband and David’s Wife (1986) y Home Free (1991). La que nos ocupa, Una mujer de recursos,  está editada por Libros del Asteroide y la traducción fue de Concha Cardeñoso y en papel tiene 336 páginas.

El argumento arranca con la primera carta en 1899, siendo la protagonista todavía una niña. Se la envía a su futuro marido, ambos son  compañeros de clase,  para contarle que ha solicitado que los pongan juntos en el mismo equipo de fotografía. A partir de ahí se sucede más correspondencia destinada a él, a su madre, a su padre, a su suegra, a su tía, a su mejor amiga, a algún amigo que hará en el futuro. Hasta cartas oficiales envía al periódico; una, por ejemplo, fue la esquela de su futura muerte. Y se desarrolla de manera unidireccional, es decir, solo leemos las cartas  que escribe ella. Las recibidas se intuyen. 

Se centra en su vida  y a través de esa correspondencia se observa la personalidad de la protagonista y algunos sucesos que tambalean su existencia cotidiana.  En palabras de otras personas quizá serían más dramáticos, pero ella apenas carga las tintas en la tragedia. Esto es una ventaja, pero también le veo algún defecto. El beneficio  es que, gracias a ello, se mantiene el sosiego en la trama, y apenas deja entrever una realidad penosa, aunque pase por sucesos (algunas muertes de familiares muy cercanos, el conflicto con su suegra, o el desapego de su hija) que nublen esa tranquilidad que desprende la historia. La desventaja es que esa misma levedad hace que la protagonista sea a veces un personaje un poco plano. La capto como independiente, controladora de su vida y de sus finanzas, consciente de su estatus social (sin exagerar para no perjudicar la visión del personaje), viajera, y poco más. Creo que el formato de la novela, epistolar, es un buen filón para que los personajes se desnuden y se ofrezcan tanto en sus defectos como en sus virtudes. Demasiado comedida, demasiado perfecta (solo una vez, y a su hija, le mandó una carta inconveniente reprochándole su alejamiento, de la cual se arrepintió luego) y algo irreal. Le faltaban más entrañas a la narración y a los personajes. En la terminología que anda de moda desde hace unos años, es “demasiado políticamente correcta” y eso la dota de cierta artificialidad. Da la impresión de que algunos detalles importantes no se nombran para no manchar esa elegancia que desprende el libro. Es cierto que hay alguna queja, algún reproche, algún malestar pero se deslizan como si fuera plumas ligeras.  Pero esto es una interpretación subjetiva, evidentemente (y solo expresa mi visión de la literatura en este momento). Me pareció así por estar redactada en el formato de cartas, instrumento, al igual que el e-mail, en el que es fácil meter la pata si te domina la ira, el rencor o la angustia momentánea (y a lo largo de setenta años eso puede suceder varias veces). Si no hubiera utilizado esa estrategia quizá mi crítica no sería igual o si hubiera estado en clave de humor tampoco.   

Otro aspecto que eché de menos fue que el fondo social quedara tan en el fondo. La novela llega hasta mediados de los años sesenta y aunque nombra algunos sucesos históricos no se centra demasiado en ellos.  Menciona  la epidemia de gripe que se produjo a finales de los años veinte (se cobra una víctima muy importante en su familia), nombra las dos guerras, la muerte de Kennedy (acaecida precisamente en la ciudad de la protagonista) y poco más. Me quedé sin saber cómo afectó la crisis del 29 a una familia con tantas finanzas, y que ya invertía en bolsa, según entendí.

Pese a estas críticas, es un libro que recomiendo sin reparo por su agradable lectura y su redacción elegante,  al igual que lo era el mundo, que no frívolo, por el que discurría la existencia de Bess Alcott Steed (su firma en las cartas). Como muestra de su escritura dejo esta que le escribió, recién casada, a su marido.  


“Dallas, a 10 de septiembre de 1911 

Corazón mío: 
Qué tristes son las noches en esta casa sin ti. La soledad me abruma. No obstante, comprendo que el estado de tu padre requiere atenciones mucho más urgentes que las mías. Ahora que el embarazo es tan evidente, procuro cumplir las normas y limitar el paseo diario a los confines de nuestra propiedad. Sin embargo, hoy hacía una mañana tan espléndida que no he podido resistirlo y me he ido con Robin en el birlocho a dar una vuelta por Rawlins Street. Me he llevado una gratísima sorpresa al ver un cartel que anunciaba la venta del solar de la esquina que tantas veces hemos admirado. En tu ausencia, me pareció que no tenía más remedio que hacer una oferta sin pérdida de tiempo. Por fortuna, el decoro no impide que las mujeres en mi estado gasten dinero. Ven pronto a casa, corazón mío… a tomar posesión del legado de mi amor.
 Siempre tuya, Bess.” 

12 comentarios:

  1. Muy bien resumido, Ángeles. Había oído (leído, sería más correcto) alguna cosa sobre la autora, pero no de sus obras. Parece interesante. Y en efecto, el género epistolar ahorra y simplifica técnica narrativa, algo que en principio no es ni bueno ni malo, sino distinto. Un beso.

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    1. La novela es interesante, pese a los peros que le encontré, siempre relativos. El género epistolar me parece, de entrada, muy atractivo y hasta he pensado escribir un relato de ese modo, aunque adaptado a estos tiempos, a través de correos electrónicos o incluso de whatsapp. Es algo que vengo pensando desde hace tiempo, antes de leer esta novela. Muchas gracias por comentarme, Carlos. Un beso.

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  2. Ana Linares Luis29/3/16 18:52

    Hola,tomando nota de tus recomendaciones, se agradece. Por lo que cuentas de este libro su lectura parece interesante, me gusta,ya sabes,me lo vas a prestar!!

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    1. La novela está bien; es entretenida y se lee fácilmente. Me la prestó en papel Toni, pero ya sabes que no habrá problemas. Un abrazo, nena.

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  3. Miguel Zoraquiain29/3/16 20:17

    Ángeles, casualmente estoy empezando a leer un libro de una autora americana. Nacida en esa misma época.
    Empiezo, diciendo, que me ha gustado mucho tu reseña (no se si será lo mismo decir resumen).
    Me quedo conque es un libro de lectura sencilla y agradable (como me gusta a mi). Y con un párrafo que dices "por medio de la literatura el mundo se le ensancharía más (yo también tengo el mismo convencimiento)"
    Un saludo con aplausos incluidos.

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    1. Es más apropiado como tú lo nombras, reseña, pues hago una crítica del libro y me alejo del resumen estricto, de hecho de este solo elaboro un panorama general. Sí es un libro de lectura grata, recomendable, con una redacción elaborada y llena de elegancia (o eso se me vino a la cabeza mientras leía). Muchas gracias por comentarme, Miguel. Un beso.

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  4. Muchas gracias por tu reseña Ángeles.
    Has despertado mi curiosidad por el libro, en cuanto termine el que estoy leyendo, intentaré hacerme con un ejemplar.
    Ya te contaré.
    Un abrazo.

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    1. Vale la pena, Ana. Y resulta inspirador para hacer algo semejante, es decir, a través de cartas, inventarse un relato en el que una vaya contando su vida y sus impresiones. Te lo digo porque sé que te gusta escribir y quizá te dé buenas ideas. Un abrazo, mi niña.

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  5. Mari Perantón30/3/16 11:14

    Gracias Ángeles, tú me haces que sin querer me vaya metiendo poquito a poco en el gusto por la lectura. Gracias y lo leí hasta el final.

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    1. Ángeles Impíos30/3/16 11:24
      Y yo no sé por qué tu manera de decir las cosas me llega tanto. Será por la sencillez, que choca con la idea que tengo de que todo el mundo quiere aparentar ser más leído y más culto. Me gustan muchísimo tus comentarios por eso mismo, por la naturalidad que hay en ellos. Un abrazo, Mari.
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  6. Candi Acosta1/4/16 15:25

    Como siempre impecable tu reseña!!! Intenté bajarme el libro pero no lo encontré. Me quedé con ganas de leerlo!!!

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    1. Muchas gracias, amiga. Ojalá nunca te canses de comentarme, si no me quedo sola. Un beso grande (el libro es de Toni, en papel)

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